20 de marzo de 2017 00:00

Universidad a distancia, la opción de     64 000 alumnos

102 alumnos que estudiaron a distancia en la Universidad Tecnológica Equinoccial se graduaron la semana pasada. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

102 alumnos que estudiaron a distancia en la Universidad Tecnológica Equinoccial se graduaron la semana pasada. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Diego Bravo. Redactor (I)
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Su rutina es la misma todos los días. Silvia Aguilar enciende su computadora y revisa los libros de la carrera de Contabilidad y Auditoría que sigue, a distancia, en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). Al mismo tiempo, su hija Amy, de 5 años, coloca sus cuadernos sobre la mesa y hace deberes junto a ella.

A momentos, la mujer hace una pausa en sus estudios para ver cómo su niña avanza en las tareas. El padre no vive con ellas y Silvia cocina, lava la ropa, limpia la casa... También trabaja fuera para costear la educación de ambas. Se levanta a las 05:00 para revisar materia y, a la vez, preparar el desayuno de Amy.

A finales de este mes y en abril comenzarán las clases en las ‘U’ con oferta de carreras presenciales y a distancia. Un poco más del 10% de los universitarios del país se forman bajo la segunda modalidad. De hecho, en el 2015 se registraron 64 103 personas en planteles privados, públicos y cofinanciados.

Las profesiones más demandadas fueron Administración de Empresas y Derecho. Hoy, la universidad con mayor cantidad de matriculados, en 18 carreras, es la UTPL con 31 000 en el período
2016 -2017. Allí, el costo promedio de cada semestre es de USD 600.

La Universidad San Francisco de Quito oferta siete carreras en línea. La de mayor demanda es Administración. El precio de cada módulo de ocho semanas es USD 589.

En la U. Tecnológica Equinoccial (UTE) hay 10 876 estudiantes en tres ciudades. De ellos, 2 419 se preparan a distancia en 13 profesiones (octubre 2016 - febrero 2017). La de mayor demanda fue Ciencias de la Educación Básica. El costo promedio de cada semestre a distancia es de USD 1 200.

La última promoción de 102 alumnos a distancia de la UTE se graduó entre el jueves y viernes pasados. En ese grupo estuvo Alexander Jácome, de 38 años, quien obtuvo su título en Contabilidad y Auditoría. Cuenta que se demoró 10 años en finalizar sus estudios porque su trabajo le impedía hacerlo más rápido. Viajaba a otras provincias y, a veces, no podía presentar tareas. Otras veces no alcanzaba a juntar dinero para las matrículas.

Lo más complicado, a su juicio, se presentó en otra empresa en donde laboró, cuando desarrollaba tareas de jefe. Pero no le pagaban como tal por no ser profesional. Con su título, aspira a recibir una remuneración acorde con su desempeño.

Para Paúl Rodríguez, director del Sistema de Educación a Distancia de este centro, sus alumnos tienen una ventaja: en la mayoría de casos, ya cuentan con empleos en los que ejercen las profesiones, cuyos títulos buscan adquirir con esta modalidad.

Como ejemplo cita a los 102 graduados, quienes laboran en áreas que se relacionan con sus clases. “Cuando se preparan de forma presencial, los chicos tienen que comenzar a abrirse un lugar en el campo laboral, tras graduarse”.

En la Universidad Central había, hasta el año pasado,
1 579 estudiantes bajo esa modalidad en las carreras de Administración de Empresas, Administración Pública, Contabilidad y Auditoría.

Marco Logroño
, subdecano de la Facultad de Ciencias Administrativas, precisa que la educación a distancia ­funciona allí desde 1999 y se ha convertido en una alternativa para quienes deben trabajar para mantener a sus fa­milias y para las madres que necesitan tiempo para cuidar a sus hijos.

Así lo vive Gabriela Cruz, de 25 años, quien cursa el último semestre de Contabilidad y Auditoría en ese centro.

Ella es pasante en la U. Central. Atiende en las ventanillas, ayuda a escribir informes y colabora llevando las cuentas de la Facultad de Administración.

Por las tardes le ayuda a hacer deberes a su hijo de 6 años, Yuval. Al mismo tiempo, revisa la materia que aprende por Internet. Antes de comenzar las prácticas, se quedaba en la casa lavando la ropa y cocinando para su niño. Cuando disponía de más tiempo libre incluso trabajaba como impulsadora y como vendedora en islas de centros comerciales.

A veces iba con su hijo a las tutorías presenciales durante los fines de semana. Mientras recibía clases, Yuval pintaba en su cuaderno de dibujos.

Paulina Calvache fue profesora a distancia en la Universidad Central durante siete años. Para ella, historias como la de Cruz son cotidianas allí.

El perfil de los alumnos que estudian con ese mecanismo -comenta- es diferente al de los jóvenes que lo hacen de modo presencial.
La razón: quienes acuden a clases diariamente tienen a los profesores para cubrir sus inquietudes. Quienes se preparan lejos de las aulas son más investigadores, buscan por su cuenta datos, etc.

Para la alumna guayaquileña Sonia Mejía, de 42 años, lo más importante es investigar sobre la materia que recibe en otros libros o páginas web.

Por eso, ella se levanta todos los días, a las 04:00, para revisar bibliografía y sitios web relacionados con la materia que estudia. Mientras cocina para sus tres hijas o limpia su vivienda, escucha las clases virtuales a través de la ‘tablet’ que le entregaron en la UTPL.

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