18 de April de 2015 23:06

El trasplante de cabeza plantea un debate bioético en la sociedad

Valery Spiridonov sería el primer hombre en someterse a una operación de este tipo. Foto: Twitter: Val Spiridonov

Valeri Spiridonov sería el primer hombre en someterse a una operación de este tipo. Foto: Twitter: Val Spiridonov

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Diego Ortiz

Casi dos siglos debieron pasar para que las fantasías de novela de Mary Shelley adquirieran cierta realidad. En las últimas semanas, la comunidad médica internacional debate sobre cómo un ‘Frankenstein’ moderno podría sobrevivir si el sueño del neurocientífico italiano Sergio Canavero (1964) adquiere una forma efectiva en Valeri Spiridónov, un programador ruso de 30 años que sufre de atrofia muscular espinal y que se perfila como el primer paciente al cual se someterá a un trasplante de cabeza.

Efectivamente, el procedimiento que propone Canavero supone la creación de un ser al puro estilo de lo que Shelley escribió en su famosa novela. Si se vuelve efectiva la intervención, en el 2017 la cabeza de Spiridónov estará unida al cuerpo de un voluntario o de un preso condenado a muerte, cualquiera de las opciones que sea más idónea y efectiva.

Pero esta no es una propuesta lanzada sin mayores estudios. En el 2013, Canavero, neurocirujano del hospital Molinette de Turín (Italia), presentó los estudios preliminares de su propuesta ante la comunidad científica italiana. Pero será en junio de este 2015, en el marco de la conferencia anual de la Academia Americana de Neurólogos y Cirujanos Ortopédicos, cuando exponga su proyecto Heaven-Gemini: trasplante de cabeza: el futuro es ahora.

Para la neuróloga Constanza Gómez, miembro del cuerpo médico del Hospital Metropolitano de Quito, el procedimiento que propone Canavero es, con el mejor de los apelativos, pura ciencia ficción. A su criterio, la comparación que hace el italiano del sistema nervioso cual si fuera espagueti es una muestra de cierta falta de seriedad en la investigación con respecto a esta posible intervención quirúrgica. Ella opina que es necesario realizar pruebas con animales antes de cualquier práctica directa con seres humanos.

Y hace esta acotación resaltando el hecho de que en la actualidad la conexión efectiva de nervios luego de realizar un trasplante de mano aún resulta un reto para las prácticas médicas contemporáneas.

A opiniones como esta ha debido enfrentarse Canavero en los últimos días luego de que Spiridónov anunciara su consentimiento para convertirse en voluntario para el trasplante. Si se logran reunir los USD 11 millones que supone esta cirugía, el programador ruso deberá estar bajo el bisturí por un período aproximado de 36 horas y bajo la mirada de un equipo de por lo menos 115 médicos especialistas.

Pero para que Canavero inicie con esto, el primer paso es la aprobación del comité ético del hospital. Tras dos años, la cirugía se realizaría en tres fases. La primera es encontrar un cuerpo que sea compatible con la cabeza de Spiridónov. Una vez seleccionado, empieza la fase de cirugía, la misma se dividiría en dos momentos. La primera es para realizar las incisiones en los cuellos de las dos personas y a la altura de las vértebras C5 y C6. Una vez realizado esto, cabeza y cuerpo deberán equilibrarse a una temperatura de 10 grados centígrados. Obtenida esta, se procede a la reconexión de tejidos y nervios, pero en una camilla vertical.

Si el paciente sobrevive, la tercera fase del procedimiento es la más lenta. Por aproximadamente un año el paciente estará inmovilizado con el fin de que el cuerpo se acople correctamente a la cabeza del donante. En esta fase, según lo han señalado médicos de todo el mundo, se encuentra uno de los puntos más críticos. No solo porque la cirugía podría resultar en dolores insoportables para el paciente sino que hay que tomar en cuenta que podría haber un rechazo de las partes, asegurando el fracaso absoluto del procedimiento.

Pero según la visión del psiquiatra Alberto de la Torre, en este punto hay que tomar un elemento más a tratar: la reacción de la psiquis de Spiridónov. Él afirma que es común que la mente de pacientes que han sido sometidos a trasplantes no respondan según las necesidades que requieren sus nuevas funciones. En el caso del ruso, su cerebro deberá ser responsable de movimientos corporales a los cuales no ha estado acostumbrado en toda su vida funcional.

Esta no es la primera ocasión en la historia en la que se realiza un procedimiento de este tipo. En 1970, un equipo liderado por Robert White, junto a un equipo del Case Western Reserve University School of Medicine, logró realizar un trasplante de cabeza de un simio al cuerpo de otro. El animal, que no pudo mover su cuerpo tras la intervención, sobrevivió por nueve días y con asistencia respiratoria. Su muerte, y como se teme con Spiridónov, fue a causa de que el sistema inmunológico rechazó la cabeza. Al respecto, Canavero ha señalado que “estamos ahora en un punto en el que los aspectos técnicos son del todo factibles (para la cirugía)”.

Pero el debate bioético toma mayor fuerza en las últimas semanas. Jennifer Blumenthal-Barby, del Centro de Ética Médica y Políticas de Salud del Baylor College, plantea que el problema de fondo es que el cuerpo, de cierta manera, continúa reaccionando de la manera en la que la psicología de su cabeza original lo direcciona. En ese sentido, ella cuestiona cuál sería la realidad integral de Spiridónov, sobre si son dos personas o una sola.

Vladimir Spiridónov

El programador ruso padece de atrofia muscular espinal. Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de EE.UU., esta es una enfermedad genética que ataca a las neuronas motoras, las mismas que son las encargadas de controlar los músculos voluntarios (aquellos a los cuales la persona puede mover a voluntad propia). Hasta la actualidad no se ha encontrado una medicina efectiva para este padecimiento.

Sergio Canavero

Médico italiano graduado en 1989. A inicios de los 90 realizó sus estudios de posgrado en neurocirugía. Entre sus publicaciones se encuentran ‘Central Pain Medicine’ e ‘Inmortal: por qué la conciencia no está en el cerebro’. Entre sus descubrimientos se encuentra cómo funciona el mecanismo del síndrome del dolor central. Ha participado en los consejos editoriales de revistas como Nature Reviews, New England Journal of Medicine, Brain, etc.

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