10 de julio de 2015 21:10

Tolstói, la casa que se convirtió en librería

Karina Sánchez es la dueña de esta librería que abrió en el norte de Quito hace cinco años. Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

Karina Sánchez es la dueña de esta librería que abrió en el norte de Quito hace cinco años. Foto: Armando Prado/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)

Convertir una casa o departamento en una librería es una tendencia que en Latinoamérica ha cobrado fuerza en los últimos años. En Buenos Aires (Argentina), existen varios amantes de la literatura que ya han atiborrado sus salas y comedores de libros. Mi casa librería atípica, A cien metros de la orilla, La vaca mariposa y White Rabbit son solo algunos de los espacios que se han convertido en el nuevo refugio de los amantes de los libros.

En Quito, la pionera de esta tendencia es Karina Sánchez. Esta joven librera que se inició en este oficio en Libri Mundi convirtió su departamento ubicado en la calle Vancouver, entre Italia y Alemania, en Tolstói, librería independiente. Un lugar que desde hace cinco años se ha cubierto de libros de literatura, ciencias sociales y arte.

La librería de Sánchez está salpicada de detalles propios de una casa. A los dos sillones de mimbre y al sofá de cojines de colores con los que inició su librería se han sumado cuadros, afiches, fotografías y una colección de muñequitos artesanales que reposan en la parte alta de los libreros.

Lo que vuelve única a Tolstói es el trato que su dueña mantiene con sus clientes. Al llegar, no es raro que Sánchez ofrezca té, café o un vaso de agua antes de dejar que los visitantes se sumerjan, en solitario, a la búsqueda de su nuevo libro.

Entre los libreros y mesas de madera hay más de 700 obras. La mayoría son libros que no se consiguen en ninguna otra librería de la ciudad. A estas obras se suman los 250 libros que, cada mes, trae bajo pedido. Sánchez utiliza Facebook para contactarse con sus clientes

Solo basta con que una persona le indique el nombre del autor y del libro que está buscando y a la vuelta de un mes ella lo tendrá guardado en una de las repisas cercana a la cocina hasta que su dueño lo retire.

Sánchez cuenta que después de salir de Libri Mundi su único anhelo era tener su propia librería. Empezó a conversar con editoriales internacionales y a armar un catálogo de las obras que vendería.

Lo siguiente fue buscar un lugar idóneo para empezar su nuevo proyecto de vida. La respuesta de cómo su casa terminó convirtiéndose en Tolstói está en un pequeño libro de bolsillo de tapa rosada que publicó hace pocos meses.

En la página de agradecimiento Sánchez escribió: “A mami, a quien le debo la disparatada idea de tener una librería en un departamento”. Una pequeña casa de piso flotante y paredes blancas que se convirtió en el hogar de nuevos lectores.

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