11 de septiembre de 2015 19:03

Un título universitario desde la celda

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Elena Paucar
Redactora (I)

El eco de una radio policial y los alambres enmarañados sobre los muros quedaron atrás. Ya no se oyen los gritos de quienes corren tras un balón en la cancha central ni los acordes de Malagueña salerosa, que motivan a algunos a asomarse por los barrotes. Al atravesar esta puerta de vidrio hay silencio. En el pabellón de prioritaria, del Centro de Rehabilitación Social Regional Guayas, funciona una pequeña extensión universitaria.

En cuatro aulas, 95 privados de libertad (ppl) olvidan por un rato sus sentencias -de hecho nadie pensaría que se está dentro de una cárcel, de no ser por las camisetas naranjas y algunas cámaras de seguridad-. Aquí se preparan en seis carreras, mediante un convenio de estudios a distancia entre el Ministerio de Justicia, la Senescyt y la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

El profesor William Medina ya está acostumbrado a los rigurosos controles de ingreso -un par de aros de seguridad, sillones de acero que detectan metales, credenciales, inspecciones policiales…-. Lo hace de lunes a viernes para dar clases de contabilidad a los inscritos en Ingeniería en Contabilidad y Auditoría.

“La educación les da libertad -cuenta el docente-. No venimos a juzgarlos, venimos a ayudarlos a obtener un título y su buen rendimiento académico nos impulsa continuar”.

Penas de hasta 20 años. Sentencias por estafa, asesinatos y otros delitos. El por qué están aquí es lo de menos cuando se abren los libros. El miércoles, un balance comercial copaba el pizarrón. Y las cuentas cuadraban a la perfección.

“Bien chicos -les dijo Medina-, ya están listos para el examen. Hasta pueden sacar sus cuentas para el economato -un sistema para adquirir snacks o artículos de higiene, sin manejar dinero-”. Algunos sonreían; otros seguían concentrados.

Las clases se imparten dentro de Centro de Rehabilitación de la Regional Guayas, en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Las clases se imparten dentro de Centro de Rehabilitación de la Regional Guayas, en Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En el país, alrededor de 600 ppl tienen becas de universidades e institutos tecnológicos como explica la ministra de Justicia, Ledy Zúñiga. En Guayaquil, las clases comenzaron el 18 de junio. Para lograr un cupo realizaron el Examen Nacional de Educación Superior (ENES). Dentro de poco serán muchos más los universitarios.

Muy cerca, en la ex Penitenciaría del Litoral, 200 privados de la libertad se alistaron desde el martes para dar la prueba. En las aulas de la Unidad Educativa Eugenio Espejo -donde usualmente se dan clases de bachillerato y educación básica-, varios brazos marcados por antiguos tatuajes resaltaron sobre los pupitres, copados por folletos de matemáticas, lenguaje y razonamiento abstracto.

Desde el 2003, un delito apartó a Víctor M. de su familia y de sus estudios en Ingeniería Industrial. Ahora saca cuentas: le restan ocho años para cumplir una condena de 20 y quiere salir con un título de ingeniero en sistemas. “Esta es la oportunidad de ser mejores”.

La capacitación duró tres días, pero seguirá estudiando en su pabellón hasta dar el examen el 19 de septiembre. Karla Benítez, viceministra de Atención a personas privadas de libertad del Ministerio de Justicia, explica que con un mínimo de 601 puntos podrán alcanzar un cupo.

Patricio G. aún no decide qué carrera seguirá. Economía, Ingeniería Comercial, Psicología y Jurisprudencia están entre sus opciones. Pero está decido en obtener un título en los tres años que le restan de sentencia. “Si estoy justa o injustamente aquí, eso no importa. Quiero terminar una carrera, salir y empezar otra vez”.

Javier M. está avanzando en esa meta. Es parte de los 29 estudiantes de Derecho. El futuro abogado resalta en las clases por su elocuencia y su capacidad de crear consensos, por ejemplo, a la hora de resolver un ejercicio de inglés.

Los miércoles por la mañana en este salón solo se habla inglés. La maestra María Fernanda Alvarado es también la coordinadora del proyecto de estudio autorregulado y explica que los cursos se dividen en tutorías presenciales grupales y clases que se darán en el infocentro del lugar, con material digital.

Roberto Q. empezó su carrera como abogado tras las rejas. Fue así hasta fines de junio, cuando recuperó su libertad gracias a un indulto presidencial. Hoy continúa las clases, gratuitamente, en la Universidad Católica. Pero no se alejó del todo de sus compañeros. Cada semana, Roberto, quien además es ingeniero en electrónica, regresa para dar clases de Física a 19 ppl que estudian carreras técnicas a través del Tecnológico Simón Bolívar.

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