5 de junio de 2016 09:51

El tigre taiwanés pone en guardia al dragón chino

En una exposición en la ciudad  de Kaoshiung, en Taiwán, se representa a China continental como una fiera acechante.

En una exposición en la ciudad de Kaoshiung, en Taiwán, se representa a China continental como una fiera acechante.

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Arturo Torres
Editor (O)

En el horóscopo chino, el dragón y el tigre están juntos, pero no revueltos. China, el dragón, y Taiwán, el tigre, pudieran profundizar su distanciamiento. Sobre todo, tras la llegada al poder de Tai Ing-Wen, quien el 20 de mayo pasado se convirtió en la primera presidenta de Taiwán. Ella ganó las elecciones catapultada por el Partido Demócrata Progresista, que tiene una posición claramente independentista,  y desplazó al tradicional Kuomitang (Partido Nacionalista Chino), que oficialmente se ha mostrado partidario de la reunificación.

Sin embargo, será complejo tomar distancia de su antecesor, Ma Ying-jeou, quien durante ocho años afianzó una política de acercamiento con China Popular, que se concretó en la firma de 21 acuerdos.

Durante su campaña electoral, la hoy Presidenta de Taiwán aseguró que en su política hacia China comunista seguirá a la opinión pública, ampliamente a favor de la línea autónoma, y que mantendrá el statu quo de un Taiwán libre y democrático y una relación pacífica y estable en el estrecho de Formosa. Un 58% de los votantes apoyó sus tesis, lo cual también le abrió las puertas del Legislativo, donde tiene una mayoría absoluta.

Las primeras declaraciones de la Mandataria, de 59 años, causaron preocupación entre las autoridades de China continental, que desde hace décadas esperan que la ‘Provincia Rebelde’ vuelva al redil.

Para China, la independencia de la isla es la mayor amenaza a las relaciones bilaterales y, si insiste en esa tesis, “no habría paz ni estabilidad en el estrecho de Formosa”.

Al dragón le preocupa que el tigre no reconozca el Consenso de 1992. En este instrumento, ambos acordaron que existía “una sola China”, de soberanía indivisible, pero las partes difieren sobre el significado de esta fórmula ambivalente, ya que tanto Pekín como Taipéi se declaran únicos representantes legítimos de esa soberanía.

Los antecedentes de esta rivalidad se remontan a 1927, cuando empezó el conflicto armado entre el entonces gobernante Partido Nacionalista Chino Kuomingtang y el Partido Comunista.

Luego de dos décadas de combates, los comunistas, liderados por Mao, terminaron dominando la mayoría del territorio. Eso obligó al líder nacionalista Chiang Kai-shek a trasladar su Gobierno a la isla de Taiwán en 1949, seguido por 1,2 millones de personas. Pese a que entonces las Naciones Unidas reconocieron a Taipéi como el Gobierno legítimo de China, en 1971 cambiaron de opinión: avalaron en la Asamblea General al régimen comunista de Pekín continental como la autoridad legítima de una China única.

Por esta ambigüedad política (la República Popular sugiere a los Estados elegir entre mantener nexos diplomáticos con Pekín o con “la provincia renegada”), el estatus de Taiwán es un asunto sensible en el complejo ajedrez internacional. Taipéi mantiene relaciones diplomáticas con 22 países, incluyendo 12 Estados de América Latina y el Caribe, y nexos comerciales con más naciones, entre ellas Ecuador. Para este año, Taiwán invertirá en Latinoamérica USD 100 millones en diferentes proyectos, según indicó Lee Pai-Po, secretario general del Fondo de Cooperación y Desarrollo Internacional a un grupo de periodistas que visitaron Taipéi.

Uno de los principales aliados de la tesis independentista de Taiwán es Estados Unidos, que es también el principal garante externo de la seguridad de la isla, gracias a la Ley de Relaciones con Taiwán, aprobada por el Congreso estadounidense en 1979 y por la que Washington se comprometió a suministrar armas para su defensa. Taiwán y Estados Unidos mantienen lazos económicos y militares, pero no relaciones diplomáticas.

Considerado uno de los tigres asiáticos en la segunda mitad del siglo XX, por sus tasas de crecimiento, Taiwán vive los últimos años el estancamiento de su economía por la desaceleración global, debido a la caída de los precios del crudo y de las materias primas, que frenaron el crecimiento de China, que paradójicamente es uno de sus principales socios comerciales, junto con EE.UU., Hong Kong y Japón.

El 40% de las exportaciones de Taiwán (la mayoría productos industrializados y de computación) va a la China, el 20% al resto de países de Asia y el 9% a Europa. Pese a las diferencias políticas, el año pasado 4 millones de chinos llegaron a Taiwán, especialmente por turismo y 5 millones de taiwaneses viajaron a China.

Esa dependencia del gigante asiático pone a Taiwán en una seria encrucijada, pues requiere mantener ese comercio y a su vez estimular el intercambio con otras naciones, sobre todo del sureste asiático.

Para la nueva Presidenta, llamada la ‘Ángela Merkel de Asia’, el reto también es solucionar los problemas casa adentro: la economía pierde impulso y el sistema de pensiones quebrará si no se reforma. La receta de Tsai, que tiene un doctorado por la London School o Economics, es dar al país un nuevo modelo de desarrollo económico.

Por lo pronto, el tigre y el dragón se distancian. No del todo. No habría horóscopo chino sin ambas figuras.

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