1 de June de 2010 00:00

En el Teniente Hugo Ortiz existe inquietud por el cambio de modelo

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Redacción Guayaquil

Sus botines negros se juntan a la par. Alineados uno tras otro, los cadetes lucen sus trajes plomos impecables. Las insignias rojas y amarillas resaltan en sus camisas.

El saludo marca el inicio de una nueva clase en una de las aulas del Colegio Militar Teniente Hugo Ortiz, en el norte de Guayaquil.

fakeFCKRemoveCon 16 años de creación, el plantel es uno de los 14 establecimientos educativos dirigidos por el Comando General del Ejército en el país. Actualmente agrupa a cerca de 2 500 estudiantes, de 5 a 18 años, que se instruyen bajo el lema ‘honor, disciplina y lealtad’.

El rigor de su enseñanza está grabada en el edificio central. Ahí resalta la frase ‘Solo venciéndote vencerás’. Y en su interior sobresale una galería de 14 rectores, entre generales y coroneles.

Desde el 2008, el coronel Carlos Buenaño ocupa ese cargo. Lidera la cúpula directiva del Hugo Ortiz, integrada por el vicerrector, el inspector general e inspectores de curso, todos militares.

Pero esa estructura pudiera desaparecer a causa del anuncio del Ministerio de Educación sobre el paso de los colegios militares al Estado, a partir del 2011.

Con esa resolución, según Buenaño, solo se mantendría al rector y al vicerrector. “El resto del personal pasaría a los cuarteles. Se iría la esencia del colegio militar. El estudiante respeta al inspector, pero más respeta al uniforme”.

Un grito estremeció el patio. Frente al curso de primero de bachillerato, el sargento Jaime Murillo daba indicaciones. En segundos, los chicos empezaron a hacer abdominales, algunos con facilidad. Otros lucían cansados.

El Rector teme que el traspaso del colegio al sistema fiscal afecte a la disciplina y a la calidad del modelo educativo que aplican.

Divididos en cubículos, los cadetes de décimo año se concentran en el laboratorio de inglés. Con la ayuda de audífonos, Yadira Rosero y Ornella Troya resolvían una prueba de ‘listening’.

Mercy Torres, jefa del Departamento Académico del Hugo Ortiz, explica que en las aulas aplican el modelo común europeo, un sistema bilingue. “Buscamos que el alumno domine el inglés como una segunda lengua. Por ello, damos materias en inglés”.

Además, desde el 2007 el colegio da un bachillerato en ciencias. Todos los cadetes de años superiores reciben las especialidades de ciencias, química y física.

“Nuestra malla curricular está diseñada para que ingresen a cualquier carrera. Se adaptan muy bien tanto a las ingenierías, como a la medicina o a las ciencias contables”, comentó Torres.

Para ajustarse a este modelo, los docentes han pasado por varios cursos. Desde lectura crítica hasta pruebas de inglés avanzado han sido parte de la formación de los 105 maestros del Hugo Ortiz. Pero con su paso al Estado su estabilidad no está del todo clara.

Eddi Zavala, vicepresidente de Asociación de Docentes y Empleados, afirmó que los 4 000 trabajadores de los colegios militares están inconformes con las resoluciones de los ministerios de Educación, Defensa y Gobierno. “Han firmado un acuerdo para que al personal se le extienda un contrato de servicios profesionales, pero eso nos afecta”.

Los docentes piden su nombramiento, sin pasar por pruebas de méritos y oposición. Zavala destacó que solo darían exámenes para su ubicación en el escalafón.

La gratuidad, una vez que sea fiscal, también causa incertidumbre. La pensión en el Tnte. Hugo Ortiz es de USD 120 para los civiles. La de los hijos del personal de las FF.AA. -que son el 25% de la nómina- se subsidia.

El colegio maneja un presupuesto de USD 3 millones. Con ese monto se pagan los sueldos a los docentes (entre USD 350 y 600, según su categoría y antiguedad), a los 60 trabajadores administrativos y a las 12 personas encargadas del mantenimiento del colegio de 16 hectáreas, entre canchas, laboratorios y piscinas.

Otro aspecto que aún no se esclarece es la admisión de alumnos. “Puede venir cualquier persona, pero hay cupos. Por salón tenemos 30 estudiantes. Si ponemos a 60, como en los fiscales, sería antipedagógico”, aseguró el Rector. Los aspirantes debían hacer pruebas físicas, psicológicas, de lenguaje, matemática e inglés.

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