8 de julio de 2015 18:21

La TV y el Papa: mucha tecnología, poco contenido

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Ivonne Guzmán
Editora (O)

El despliegue tecnológico, nunca antes visto en una cobertura periodística en el país, sumado a las extensas jornadas de transmisión contrastaron de manera notoria con el contenido -casi de pobreza franciscana- que los acompañaba.

Relaciones de hechos que ya se estaban viendo en pantalla, comentarios irrelevantes -más piadosos que informativos– o entrevistas folclóricas a los asistentes llenaron, en general, el tiempo al aire de esta cobertura que dejó al descubierto la escuálida preparación de los periodistas ecuatorianos para un hecho de esta envergadura. Se notó más que nada en la narración durante los desplazamientos y actividades fuera de protocolo del Papa, en los cuales los reporteros se sentían obligados a decir algo. Lo que fuera.

“¡El primer Papa latinoamericano!”(hecho que se conoce desde el 13 de marzo del 2013) fue una de las muletillas que repitieron infinidad de veces los relatores de los distintos canales. U obviedades del tipo: “Se está bajando del papamóvil”, “Ahora el Sumo Pontífice va a tomar un vaso de agua”, “Acaba de entrar al avión”; todo mientras las pantallas transmitían esas mismas imágenes, y por lo tanto esa misma información. En estos casos hay que mirar a los mejores relatores deportivos que callan cuando no hay nada que decir y cuando hablan aportan datos que ayudan al espectador a hacerse una idea más completa del hecho que está presenciando y/o del personaje que protagoniza ese mismo hecho.

Es cierto también que hubo esfuerzos por animar la maratónica transmisión: reportajes y documentales, estos últimos sobre todo importados. Y hubo otros recursos; Ecuavisa, por ejemplo, invitó a un cura a la transmisión de la misa campal en Quito y este aportó información; o un reportaje del mismo canal sobre la orden Jesuita, a la que pertenece el Pontífice (que en su simpleza fue, sin embargo, desaprovechado por la periodista).

Esta cobertura titánica -con cientos de personas en acción- deja una lección: en periodismo, no hay parafernalia que supla la incapacidad de leer un hecho y dotarlo de contenido.

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