21 de enero de 2016 00:00

El tejido del junco americano es una herencia precolombina

María Elvia Toctaguano vende sus productos los jueves en el Mercado Artesanal de Saquisilí.

María Elvia Toctaguano vende sus productos los jueves en el Mercado Artesanal de Saquisilí. Foto: Armando Prado

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Ana Cristina Alvarado
Redactora (I)

Para las personas que han viajado entre Quito y Latacunga, las canastas tejidas con totora son parte del paisaje. Artesanos de comunidades de Cotopaxi venden estos productos en paradas obligatorias para los viajantes, como La Avelina.

Allí, las hijas de María Elvia Toctaguano ofrecen desde pequeñas canastas que parecen casi juguetes y cuya utilidad es más que nada ornamental, hasta canastas de tamaño mediano. Estas artesanías son la herencia de conocimientos milenarios que ahora sustentan a decenas de familias en Cotopaxi.

Mientras tanto, en el mercado artesanal de Saquisilí (que se levanta los jueves y es uno de los puntos atractivos para turistas extranjeros), Toctaguano monta muy temprano su puesto y su taller ambulante. Con la ayuda de muy pocas herramientas, hechas por ella, y de sus hábiles manos la artesana cruza las fibras de totora una y otra vez para dar forma a diferentes productos.

Sus hijas saben tejer y sus vecinos en Guaytacama también continúan con esta tradición. En una semana, dice, una persona de mente ágil puede aprender el tejido. Sin embargo, en esta parroquia cercana al volcán Cotopaxi, el tejido de totora es una actividad que se lleva casi en el ADN y que ha sido realizada desde épocas precolombinas.

La palabra totora viene del kichwa tutura y también es conocida como junco. Esta es una planta acuática que crece al filo de los ríos y de las lagunas. Toctaguano explica que el proceso de elaboración de estas artesanías es orgánico. Cuatro meses después de sembrar esta planta en las cochas, se cosecha. Se empareja los tallos sobre una superficie seca y se los deja secar por unos ocho días. Una vez que se ha evaporado el agua de la planta, se clasifica los tallos en diferentes grosores.

Los más finos sirven para elaborar artículos pequeños como los juegos de canastos, los medianos funcionan para tejer objetos como aventadores o canastos medianos y los más grandes son usados para hacer esteras y otros productos.

Las canastas usualmente abrazan vasijas de barro, juntas funcionan como recipientes para la sal, el ají y otros. Estos objetos de cerámica son elaborados en La Victoria, una parroquia también de Cotopaxi conocida como la capital alfarera de la provincia.

Las artesanías de totora y la artesana tejiendo en el mercado son causa de admiración de turistas, quienes aprovechan para hacer fotos del trabajo minucioso. Pero la importancia de la totora y de quienes la tejen va mucho más allá.

El ingeniero Andrés Simbaña, coordinador del Centro Nacional de Fibras Naturales de la Sede Ibarra de la Universidad Católica del Ecuador, indica en la investigación Usos y Aprovechamiento Actual de la Totora, que este tallo juega un papel socioeconómico importante en varias localidades de la Sierra ecuatoriana.

Por ejemplo, en las parroquias alrededor de los lagos Yahuarcocha y San Pablo, centenas de familias dependen del aprovechamiento de este junco. Por ello, el experto señala que se debe mejorar el uso de esta fibra, para generar un proceso de desarrollo sostenible.

Simbaña también habla en este documento de las raíces etnohistóricas de la planta: “los indígenas de la Comarca de Quito empleaban las esteras como aislante para dormir y como mantel para poner los alimentos; estos mismos productos fueron tributos para el inca, lo que revela su gran utilidad en aquellos tiempos”.

El catálogo de productos, tanto en Imbabura como en Cotopaxi, se ha ampliado. Los artesanos responden a las necesidades de los turistas y también elaboran sombreros, paneras, carteras, figuras de animales y otros adornos.

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