22 de diciembre de 2017 00:00

Gabriela Ponce: ‘No hay una política cultural para las artes escénicas’

Gabriela Ponce Padilla nació en Quito, en 1977. Es dramaturga y escritora.

Gabriela Ponce Padilla nació en Quito, en 1977. Es dramaturga y escritora. Foto: EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

Gabriela Ponce Padilla nació en Quito, en 1977. Es dramaturga y escritora. Trabaja como docente en la Universidad San Francisco de Quito. Es parte del Colectivo Mitómana. Ha publicado los libros ‘Antropofaguitas’ y ‘Lugar’, ‘Tazas rosas de té’, obra de su autoría, este año ganó el Premio Francisco Tobar García, a la Mejor Producción Teatral. Fue entregado por el Municipio.

¿Cuál es su balance de las artes escénicas en el 2017?

En algún momento Juana Guarderas dijo que el teatro ecuatoriano es sumamente previsible, porque uno ya sabe qué va a ver y eso me pasa a menudo. Pocas cosas de las que he visto me parecen novedosas o me han conmovido. En términos generales, la escena local siempre se queda corta y el balance es negativo.

Este año se realizó la segunda edición del Festival de Artes Vivas de Loja, ¿qué criterio tiene sobre este evento?

El festival tiene unas deficiencias de origen. Creo que debería proponerse no ser solo un espacio de exposición sino también ser un espacio de circulación, de formación, de intercambio y de diálogo con otras dramaturgias, con otros teatros, con lo más novedoso de la escena contemporánea. Es un festival que queda en deuda con la comunidad ­teatral del país.

¿Cuáles son las necesi­dades más apremiantes del sector?

La dramaturgia y la dirección son áreas absolutamente deficientes. En estas áreas no hay ningún espacio de formación. Desde hace años, en el país, hay la tendencia de creer que el teatro es exclusivamente el arte del actor y no es así. Si quieres hacer teatro tienes que ser actor y en unos poquísimos espacios, en donde la concepción del actor y de la actuación es una. No hay una diversidad. Todo lo relacionado con la materialidad y la visualidad del teatro está totalmente olvidado.

Una de las pocas publicaciones teatrales de este año es ‘Lugar’, el libro que presentó con Turbina.

‘Lugar’ es la primera experiencia de escritura teatral en la que he estado fuera de la escena. Siempre escribo con la gente, con los cuerpos, con las actrices y con los actores. Para mí, el teatro es una experiencia sensorial y visual, por eso escribo a partir de una serie de imágenes. La escritura de ‘Lugar’ reafirmó mi idea de queme gustan esos textos que no se pueden representar con facilidad, que me suenan como irrepresentables.

¿Por qué es importante que una obra como ‘Tazas rosas de té’ haya sido reconocida con el Premio Francisco Tobar García ?

Creo que lo más importante es que este fue un trabajo colectivo, algo que es muy fuerte y demandante. Mitómana no es un grupo de director, de dramaturgo, sino un grupo donde se quiere provocar una creación sin jerarquías, tanto de los lenguajes como de las personas que forman parte. Tuvimos la oportunidad de trabajar con un archivo sonoro y un archivo fotográfico. El reto fue pensar cómo activar esa memoria y cómo lograr que ese archivo histórico ingrese al territorio de la ficción y conviva con ella.

La obra también está ­vinculada a la Ruta del Azúcar, un proyecto con el que ganaron los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura

Sí. El próximo año vamos a llevar la obra a Guayaquil, Azogues y La Troncal, donde sucedió la masacre de Aztra. Creemos en la necesidad de una suerte de reivindicación de este hecho, que hasta cierto punto ha sido borrado de la historia nacional.

A más de los Fondos Concursables, ¿qué otras opciones tiene la escena local para desarrollarse?

Ninguna. En este país no hay una política cultural para las artes escénicas. Los Fondos del Ministerio son los únicos a los que podemos acceder y es difícil hacerlo. Muchas veces nos exigen y nos obligan a inventarnos cosas en función de poder acceder a ellos.

¿El apoyo de la empresa privada es una alternativa?

Es una alternativa. En Colombia, por ejemplo, todo el Sistema de Salas Concertadas se mantiene gracias al aporte de la empresa privada. Hay que pensar en formas en que los empresarios puedan contribuir a la cultura. Sin apoyo no se puede vivir exclusivamente del teatro, por eso la mayoría de compañeros hace un montón de otras cosas.

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