Un sistema milenario asegura la alimentación

Otra línea del proyecto son las ferias de semillas, como la de Guamote, en Chimborazo.  Foto: Cortesía Heifer
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Otra línea del proyecto son las ferias de semillas, como la de Guamote, en Chimborazo. Foto: Cortesía Heifer
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Valeria Sorgato
14 de marzo de 2016 00:00

Cuando María Rojas era niña, su padre siempre le decía que debía cuidar sus propias semillas, porque eran las que mejor resistían a las plagas y a las enfermedades.

Durante miles de años, el conocimiento sobre la agrobiodiversidad se ha trasmitido de padres a hijos. Sin embar­go, Fernanda Vallejo, de la Fundación Heifer en Ecuador, asegura que la diversidad de semillas ha desaparecido con la llegada de monocultivos. 


Ante la desaparición de la variedad de semillas que resisten al cambio climático, a las plagas y a las sequías, Heifer, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias y el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca, emprendió un proyecto de recuperación de la agrobiodiversidad en cuatroprovincias de los Andes ecuatorianos.


En Loja, Chimborazo, Pichincha e Imbabura, hasta diciembre del 2015, 1 027 familias recibieron insumos, semillas y plantas para producir 
su propio alimento. Otras 
1 359 fueron capacitadas en materia de buenas prácticas de manejo y uso sostenible de la agrobiodiversidad. 


Rojas pertenece al cantón Paltas , en la provincia de Loja. Esta zona, donde residió la etnia preincaica Palta, se caracteriza por tener un clima muy seco en verano. A pesar de la falta de agua, Vallejo asegura que Paltas es el centro de origen de muchas variedades de semillas.

Es ahí donde, desde abril del 2015, se emprendió el proyecto ‘Incorporación del uso y conservación de la agrobiodiversidad en las políticas públicas a través de estrategias integradas e implementación in situ en cuatro provincias altoandinas’. De hecho, Rojas asegura que en mayo, junio y julio, cuando las lluvias son escasas, es la temporada en la que los árboles dan sus frutos.


Para la campesina, esta es una oportunidad para recuperar semillas que muchas comunidades han perdido. Además, es una agricultura que ayuda a rescatar la alimentación de sus abuelos y que contribuye a conservar el ambiente y a mejorar su salud.
Asimismo, Vallejo afirma que el proyecto mejora los ingresos económicos y la nutrición de las familias campesinas; genera servicios ambientales; y aporta a la fertilidad de los suelos y a la polinización.

“Estas semillas son las que garantizarán la seguridad y la soberanía alimentaria”, dice.
Los sistemas agrícolas agrobiodiversos son milenarios y, gracias a ellos, se han seleccionado las mejores semillas, que se adaptan a las condiciones más difíciles.

Las pepitas de la planta de maíz que florecía primero 
eran las que Rojas debía conservar. “Eran las que germinaban más pronto y se tenían que cultivar”, recuerda. Las mazorcas con la punta menos negras y con las líneas, que dividían las filas de maíz, más rectas eran las seleccionadas para la siguiente siembra. 


A las 70 familias del cantón Paltas beneficiadas por el proyecto, se les entregaron cuatro especies de maíz, seis especies de fréjol y dos especies de maní, además de zarandaja, alverja y papa.

En contexto


El proyecto de preservación de semillas para cuidar de la memoria alimentaria de los pueblos indígenas se desarrolló por vez primera con las familias y al comunidad del cantón Paltas, en la provincia de Loja, en el sector de Catacocha.

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