22 de abril de 2018 00:00

Simón Bolívar, creador de la Universidad Central de Quito

Edificio de la antigua Universidad, junto a la Iglesia de la Compañía de Jesús (foto de entre 1905 y 1915). Actualmente funciona en ese espacio la Biblioteca Municipal. Foto: otografianacional.gob.ec

Edificio de la antigua Universidad, junto a la Iglesia de la Compañía de Jesús (foto de entre 1905 y 1915). Actualmente funciona en ese espacio la Biblioteca Municipal. Foto: otografianacional.gob.ec

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Amílcar Tapia Tamayo
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Dentro del proceso independentista, uno de los mayores anhelos de Simón Bolívar era asegurar el cambio cultural de las naciones que iba liberando. Para ello instó al Congreso de Colombia a hacer cambios en el campo de la instrucción, no solamente en las universidades como mayores centros de formación intelectual sino en escuelas y colegios.

“Moral y luces son los polos de una república; moral y luces son nuestras primeras necesidades”, afirmó de manera categórica en el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819.

El Parlamento colombiano dictó un Decreto-Ley sobre educación secundaria, que mandaba establecer en cada provincia de Colombia “un colegio o casa de educación”, que reuniera a los niveles educativos primario y secundario y tuviera algunas cátedras útiles para obtener grados en las universidades de la región. En igual forma, que se definiese planes de estudio, fomentando por todos los medios estudios sobre agricultura, comercio, minería y ciencias militares.(Gaceta de Colombia, No. 4, 16 de septiembre de 1821, Ley del 20 de junio del mismo año).

Con el fin de impulsar la educación y el desarrollo económico, el Congreso liberó de impuesto la importación de libros, instrumentos de laboratorio, cartas, mapas, grabados, pinturas y esculturas, colecciones de antigüedades, herramientas, máquinas y utensilios necesarios para la agricultura, la manufactura o la navegación; instrumentos o equipos de “cualquier profesor de arte liberal o mecánica” que llegase a establecerse en el país; máquinas, aparatos y tipos de imprenta, y tinta de imprimir. (Gaceta de Colombia, Ley del 27 de septiembre de 1821).

Es indudable que el reto para Bolívar era extremadamente grande, toda vez que las finanzas y el sistema fiscal por construirse eran los más graves desafíos. A ello debía sumarse el hecho de que la población se hallaba cansada de las guerras. Contribuciones económicas forzadas, reclutamiento obligatorio de jóvenes y hombres en edad de combatir, impuestos extraordinarios y anarquía social, política y financiera, eran los más graves males que agobiaban a todos, razón por la que poner en marcha un nuevo sistema de servicios públicos que garantice la consolidación del sistema republicano era en extremo imperioso.

Por ello afirmó: “Renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso”. Y luego añadió: “Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que la guerra y la tiranía nos han dejado, me he sentido con la audacia de inventar un poder moral sacado del fondo de la obscura antigüedad y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron algún tiempo la virtud entre los griegos y los romanos”.

Fiel a sus principios, Bolívar solicitó al Congreso de Cundinamarca que se promulgue una norma legal llamada ‘Ley y Reglamentos orgánicos de la Enseñanza Pública en Colombia, acordados para el año de 1826’, en la cual se creaba una Dirección General de Instrucción Pública y de las Subdirecciones, encargada de “ 1° dirijir todos los establecimientos de enseñanza pública y velar sobre ellos (…) 4°. formar reglamentos para el arreglo literario y gobierno económico de las escuelas, colejios y universidades, que con previo informe del poder ejecutivo aprobará el congreso” (Ibid Ley de Educación).

La visión del Libertador fue admirable en cuanto al diseño de un pénsum de estudios que se aplicaría en las escuelas, colegios y universidades de la región, la cual carecía de maestros, centros escolares y lo más indispensable para el ejercicio de la enseñanza; sin embargo, dispuso: “Art. 33. Las enseñanzas ó cátedras de las universidades ó escuelas jenerales departamentales serán las siguientes. Parágrafo primero. Para la clase de literatura, de lengua francesa é inglesa, de lengua griega; del idioma de los indijenas que prevalesca en cada departamento, ó que estime mas conveniente la subdirección respectiva, de gramática latina, combinada con la castellana: de literatura y bellas letras, y de elocuencia y de poesía.

“Parágrafo segundo. Para las clases de filosofía y ciencias naturales, de matematicas, de física, de jeografia y cronolojia, de lojica, ideolojia y metafísica, de moral y derecho natural, de historia natural en sus tres reinos: y de química y física esperimental. “Parágrafo tercero. Para las clases de jurisprudencia y teolojia, de principios de legislación universal, de instituciones é historia, de derecho civil romano, de derecho patrio, de derecho público y político, y de constitución: de economía política: de derecho público eclesiástico, de instituciones canónicas, de historia eclesiástica, fundamentos de la relijion, y lugares teolójicos, de instituciones teolójicas y morales de sagrada escritura: y estudios apoljeticos de la relijion” (Ibid. Ley de Educación).

En cuanto a la Universidad de Quito, que antes de 1826 se llamó Real y Pública Universidad de Santo Tomás de Quito, en el Art. 42 de la citada Ley, dispone: “En las capitales de los Departamentos de Cundinamarca, Venezuela y Ecuador se establecerán universidades centrales que abrasen con mas estension la enseñanza de las ciencias y las artes. Art. 43 Estas universidades comprenden todas las cátedras asignadas para las departamentales en el artículo 33 y demás las siguientes. Parágrafo primero. Para la clase de filosofía y ciencias naturales, de astronomía y de mecánica analítica y celeste, de botánica y agricultura; de zoolojia y de mineralogía, arte de minas y jeonocia. Parágrafo segundo. Para la clase de literatura, de historia literaria antigua y moderna y bibliografía. Art. 44. Las universidades centrales comprenden también la escuela de medicina; que aunque formará un cuerpo con las mismas universidades se cuidará de colocarlo en un edificio ó patio separado para su mejor arreglo y organización”.

Alumnos y maestros de la Universidad de Santo Tomás de Quito, en tiempos de la independencia, participaron activamente en las jornadas de lucha, razón por la que fueron duramente reprimidos por las autoridades realistas, que llegaron, incluso, a quemar su famosa biblioteca con el pretexto de buscar más espacio para las tropas del Rey.

Han transcurrido 192 años desde cuando la visión admirable de Bolívar permitió establecer en el Ecuador la actual Universidad Central del Ecuador, llamada San Gregorio Magno en 1651 y Real y Pública Universidad de Santo Tomás de Quito en 1681.

* Canciller de la Confraternidad Bolivariana de América, Capítulo República del Ecuador.

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