25 de noviembre de 2017 00:00

Los shuar muestran su diversidad

La comuna de Tawasap ofrece tours desde hace siete años. La mayoría de visitantes llega de EE.UU. y Europa. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO.

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Lineida Castillo
Redactora (F-Contenido Intercultural)

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La estrategia es la preservación de la cultura y el cuidado del ambiente. Eso atrae cada mes a decenas de turistas nacionales y extranjeros hacia la comunidad shuar de Tawasap, perteneciente al cantón Palora, en Morona Santiago.

En este territorio de la Amazonía viven 49 familias que, desde el 2010, impulsan el proyecto Plan de Vida de la Comunidad Tawasap. Ellos son dueños y custodios de 20 000 hectáreas, pero solo en 300 desarrollan ecoturismo.

Para llegar al sitio se toma la vía Macas-Puyo. Cerca del kilómetro 70, pasando el puente sobre el río Pastaza, se ingresa a la parroquia 16 de Agosto. En el trayecto hay varios letreros sobre la reforestación y descontaminación del planeta.

Un arroyo de aguas cristalinas anuncia la llegada a Tawasap. En este sitio fueron recibidos, hace dos semanas, ocho alemanes. Era una mañana tibia, después de una noche de copiosa lluvia. En el ambiente había alegría y color.

De allí avanzaron hacia un mirador donde Ezama Tigre, quien dirige el proyecto, acogió al grupo con un ritual de bienvenida. En la comunidad todos vestían el atuendo típico, tenían pinturas faciales y hablaban en shuar-chicham.

El guía nativo, Nanky Tzamarenda, les contó sobre el origen de esta etnia y los misterios de su religión relacionados con el dios Arutam, que según ellos está dentro de las cascadas sagradas de la Amazonía. “Para nosotros la naturaleza es el conjunto de personas vivas con las que hablamos”, dijo Tzamarenda.

Todos escucharon atentos. En el ambiente se sentía la frescura del aire puro que produce el bosque tropical y el olor a hierbas medicinales.

De allí pasaron a un desayuno con frutas, yuca y plátano. La gastronomía que ofrecen es preparada con alimentos que cultivan en la zona, incluido el uso de hierbas aromáticas para los condimentos.

Las familias están capacitadas y se turnan para ofrecer los servicios, para que todos se beneficien del proyecto y que el trabajo no sea desgastante, dijo Ezama Tigre. Los tours se ajustan al tiempo de permanencia de los visitantes.


Pero lo recomendable son tres días de estadía –como escogieron los alemanes- para que disfruten de la riqueza cultural y la biodiversidad. Aunque también hay franceses, suizos y japoneses que se han quedado un mes, dijo la nativa, Marisela Manya.

Para los tres días ofrecen los servicios de hospedaje en cabañas, alimentación, presentación de música y danza, elaboración de artesanías en fibras y semillas naturales. También el baño ceremonial de limpieza, la visita a la reserva natural con su jardín botánico y la práctica de la reforestación.

En el segundo día, los alemanes se veían fascinados y respetuosos con el entorno durante el recorrido a la reserva. Avanzaron por los senderos en silencio y despacio para no alterar la vida de las especies de flora y fauna que allí habitan. En ese ambiente se imponía el trinar de las aves.

Tras más de una hora de caminata llegaron al bosque primario donde están los árboles gigantes de ceibo y aguano, de más de 30 metros de alto. También es el sitio ideal para el avistamiento de aves, explicaron los guías Meeseet Tzamarenda y María Flores.

El objetivo del proyecto es que el mundo conozca que no somos los indígenas pobres, dijo, Ezama Tigre. “Tenemos un potencial cultural y en biodiversidad. Hay 1 500 especies de plantas medicinales, ornamentales y maderables que nos hacen únicos”.

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