29 de junio de 2016 14:54

Santiago Páez: ‘La novela distópica se enfrenta a realidades de la actualidad que son intolerables'

El escritor ecuatoriano Santiago Páez hace una reflexión sobre la novela distópica en Ecuador.

El escritor ecuatoriano Santiago Páez hace una reflexión sobre la novela distópica en Ecuador. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Gabriel Flores
Redactor (I)

Las novelas distópicas se leen más en momentos en los que las sociedades se sienten angustiadas por el futuro. Esa es la conclusión a la que ha llegado Santiago Páez uno de los escritores ecuatorianos que ha trabajado y reflexionado sobre este género literario.

En el país, el interés por este tipo de novelas, ha crecido en los últimos años. La semana pasada, Páez fue parte de ‘Más allá de la utopía: La novela distópica’ un conversatorio organizado por la Academia Ecuatoriana de la Lengua.

¿El pesimismo sobre el futuro es la característica fundamental de la novela distópica?


Sí. La novela distópica se plantea una sociedad futura que ahonda en las características negativas de la sociedad actual. Se las magnifica y se las proyecta hacia el futuro, siempre desde una perspectiva fundamentalmente pesimista.

¿Por qué se ha vuelto popular en el país durante los últimos años?

Porque la novela distópica se enfrenta a determinadas realidades de la actualidad que son intolerables, inauditas e inaceptables y que las aceptamos solo porque se repiten una y otra vez. Permite que el lector vea como sería la sociedad del futuro si esa negatividad del presente se mantiene.

¿Se habla de la novela distópica en la misma medida que se la escribe?

En el Ecuador encuentro un número interesante de novelas distópicas. Está ‘Fetiche y fantoche’, de Huilo Ruales, una novela que habla de un Quito destruido. ‘El libro flotante’, de Leonardo Valencia y ‘La era del asombro’, de Fernando Naranjo que hablan de un Guayaquil hundido, ‘Los años perdidos’, de Juan Pablo Castro que habla de un Quito en el que no llueve y está a punto del colapso, entre las que recuerdo ahora.

También está 'Ecuatox’, su última novela

Ecuatox’ era básicamente un panfleto. Las autoridades de este gobierno han llegado a decir que se está viviendo la posibilidad de una utopía concretada. El único propósito literario en esta novela fue el uso del esperpento que es un género literario que surgió en España a inicios del siglo XX. El esperpento es tomar algo y llevarlo a sus extremos para ver qué sucede. Es una deformación que nos permite vernos mejor.

¿La distopía viene a romper con esa idea de utopía?

En la Unión Soviética había una gran crítica contra la ciencia ficción porque las autoridades sostenían que si había ganado el comunismo la sociedad del futuro tenía que ser perfecta. Un discurso distópico es todo lo contrario de lo que dicen aquellos que quieren hacerse con el poder.

En ese sentido, dentro de la literatura, los ejemplos son numerosos


Sí. El escritor Philip K. Dick se pregunta qué hubiera pasado con la historia humana si la guerra la ganaban los nazis y los japoneses. En su novela ‘El hombre en el castillo’ muestra una sociedad en la que EE.UU., está dividida entre la costa oeste que es de los japoneses y la costa este que es de los nazis. Entre las reflexiones que uno se hace está que tipo de sociedad salió de ahí, no una ideal indudablemente.

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