21 de March de 2013 11:24

Los niños autistas mejoran a lomos de los búfalos de agua en Tailandia

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Los niños autistas, entre juegos y a lomos de grandes búfalos de agua, mejoran su sociabilidad y habilidades motoras en un proyecto desarrollado en un cuartel militar de Tailandia.

Un grupo de 17 niños autistas con cascos y rodilleras recorren un circuito montados en sus búfalos en un campo de juego improvisado en una zona verde del acantonamiento de artillería de Lopburi, situado a unos 140 kilómetros al noreste de Bangkok.

Esta terapia es similar a las que se realizan con caballos o elefantes, pero con la ventaja de que estos bóvidos son más mansos, explica el general Boonthum Oris, comandante del campamento.

"Los tailandeses domesticamos los búfalos hace mucho tiempo. Los elefantes son muy grandes, los caballos muy veloces o difíciles de controlar, mientras que los búfalos son mas pacientes", indica el militar.

"El objetivo es que mejoren su concentración, ejerciten los músculos y pierdan el miedo a los animales", agrega Boonthum, quien comenzó este proyecto en 2010.

Entre 10 y 12 niños participan en cada tratamiento, que consta de 20 clases atendidas por soldados voluntarios, monitores y una enfermera o médico del hospital de Lopburi, que también colabora en esta iniciativa.

"El primer paso es la preparación, los tutores se familiarizan con los niños para ver si pueden reaccionar a las órdenes y luego los acercan a los búfalos, a los que dan de comer y hasta ayudan a bañarlos antes de montarlos", relata el general tailandés.

Vestidos con petos azules, el grupo de niños autistas, de entre 6 y 14 años, se suben en los búfalos, ataviados con monturas y capuchas de colores en los cuernos.

Tres soldados se encargan de cada pequeño para evitar caídas de los animales, que se mueven con parsimonia por un circuito donde los participantes ensayan juegos como golpear una pelota atada con una cuerda o tiro a canasta.

"¡Uno, dos y tres!", grita el monitor, mientras Prem, un niño autista, tira la pelota que encesta en una canasta amarilla.

Prem, el mayor del grupo, choca risueño la mano con el soldado y continúa su camino hacia la próxima prueba, donde no consigue hacer sonar la bocina del color que le indica el monitor.

"No tengo miedo. Es divertido", manifiesta al final del circuito el niño, acompañado de su madre.

Conocidos por su cachaza y terquedad, uno de los búfalos se empeña en irse a pacer la hierba del campo en medio del ejercicio, ante lo que los soldados no pueden sino dejar hacer a estos animales que llegan a medir 1,80 metros de altura y una tonelada de peso.

Durante unos 50 minutos, seis búfalos recorren las pruebas cabalgados por los niños autistas, quienes conforme avanzan los ejercicios se muestran más confiados y participativos.

También pierden el miedo por los búfalos de agua, llamados así por su preferencia a vivir en áreas pantanosas y su facilidad para mover los arados en los arrozales encharcados típicos de los países tropicales del Sudeste Asiático.

Tras el ejercicio, los menores realizan dibujos y rompecabezas con los soldados que, armados de paciencia, tratan de que finalicen sus tareas y permanezcan sentados durante la sesión.

"Al principio son más díscolos y le tienen miedo a los búfalos, pero con paciencia se tranquilizan y, con el contacto y los ejercicios, mejoran su capacidad de concentración y ejercitan los músculos", señala la enfermera Kwanrean Sutthisak.

"Intentamos también que coman por sí mismos y que hagan las tareas, si es posible. No todos los niños tienen el mismo nivel de autismo, algunos pueden incluso encontrar trabajo cuando crecen", explica la enfermera tailandesa.

De momento, el cuartel militar de Lopburi es el único que realiza terapias con búfalos para niños autistas, aunque hay otros centros que emplean elefantes.

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