Ecuador tiene 19 vacunas básicas para combatir las enfermedades

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Elena Paucar. Redactora

Ocho años sin fiebre amarilla. 18 años sin poliomielitis. Cuatro sin rubéola. Estos son algunos resultados de los programas de vacunación en el país. Los virus, bacterias y otros patógenos lograron ser controlados con un pequeño pinchazo o mínimas dosis a través de la vía oral.

En Ecuador, en 1918 Guayaquil sufrió una gran epidemia de fiebre amarilla. Y en 1967, un brote de poliomielitis dejó una dolorosa secuela en niños. En estos y otros casos las vacunas fueron el antídoto.

En 1976 se inició el esquema de inmunización con cuatro biológicos. Hoy, 19 forman el esquema básico del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI). Gran parte se aplica desde la niñez, como la del rotavirus, SRP (sarampión-rubéola-paperas), neumococo; otras son la de influenza (que también son para adultos). Y la más reciente es contra el virus del papiloma (VPH). Esta ya se aplica a niñas de 9 a 11 años, en planteles públicos.

Un informe del Ministerio de Salud señala que 7 108 089 de ecuatorianos han sido cubiertos con programas de vacunación en lo que va de este año.

Las más económicas, por dosis, son las que combaten la difteria y el tétanos. Para adultos que cuesta USD 0,12.

La de neumococo pediátrico vale USD 14,66, mientras que la del papiloma asume el sistema público de salud (a nivel privado cada dosis está en USD 170).

La doctora Aracely Álava, experta en virología, explica que estas inoculaciones estimulan al sistema inmunológico a producir anticuerpos. Así se logra prevenir una posible infección en el futuro. Para la especialista, esta aplicación que hoy resulta tan sencilla representó un giro para el mundo de la medicina. Históricamente, la viruela permitió experimentar la primera vacuna.

Este virus mató a 400 000 personas cada año y causó cicatrices imborrables antes del siglo XVIII. Hasta que en 1798, el inglés Edward Jenner extrajo el líquido de las peculiares pústulas que desarrollaban quienes ordeñaban vacas. Y creó la antivariólica.

"Por eso se las llama vacunas, porque utilizó el virus de vaccinia o virus de la vaca. Luego se dio ese nombre a todo procedimiento de inmunización", indica Álava.

De estas técnicas rústicas nacieron procedimientos modernos y rápidos. Actualmente algunas vacunas se desarrollan con virus vivos atenuados, otras con virus inactivados o muertos y otras con partículas del patógeno, conocidas como subunitarias. Todos se manejan con dosis precisas para generar la respuesta inmunitaria.

En estos días, la Biología Molecular es una herramienta esencial para los avances en inmunización. Un ejemplo reciente fue la pandemia del virus de la influenza AH1N1 en 2009.El Instituto Nacional de Higiene de Guayaquil (hoy Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública-Inspi) fue uno de los primeros en dar la alerta en Sudamérica. Esta detección oportuna dio paso al Centro de Nacional de Influenza.

Año a año, aquí se monitorea la evolución del virus para conocer las cepas circulantes. "Esa información va a la Organización Mundial de la Salud (OMS), para que luego los laboratorios de producción elaboren vacunas según las cepas de cada región", explica el microbiólogo Alfredo Bruno.

La materia prima de esta vacuna son partículas del virus que mide 120 nanómetros, visible solo bajo el microscópico.

Para obtener la dosis correcta, la microbióloga Doménica de Mora especifica que se toman partículas de hemaglutinina y neuraminidasa, proteínas que están en la superficie del virus. "La vacuna actual es trivalente, es para el H1N1, H2N3 e influenza tipo B".

El año pasado, el país invirtió 34,3 millones en vacunas. Esta cifra también ha evolucionado.

Por ejemplo, en el 2007 se destinaron USD 10,7 millones.

Los países que más proveen de dosis a Ecuador son India, Francia, Estados Unidos, Alemania, Corea y Brasil.

Pero Ecuador también recibe las vacunas del Fondo Rotatorio de Medicamentos de la OPS/OMS, el cual entrega los que son elaborados en los países previamente calificados. Algunas son fabricadas por la Empresa Pública de Fármacos (Enfarma), que entrega la pentavalente, hepatitis adulto y pediátrica, difteria y tétanos adultos y meningococo.

  • La dosis contra el papiloma

El Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (Inspi) está tras la pista del virus del papiloma humano (VPH). Desde el 2012 analizan la incidencia del cáncer cervicouterino para determinar, con exactitud, qué tipo de cepas son más frecuentes en el país.

La bióloga Martha Sánchez explica que por ahora evalúan 150 muestras recopiladas en la región Costa. "Sabemos que en el país circula el subtipo 16-18, que ahora se previene con la vacuna. Pero estamos buscando otros subtipos, lo que ayudaría, incluso, a que podamos crear una (defensa) propia".

De los primeros resultados evidencian mayor incidencia de los subtipos 16 y 18. Pero también detectaron los 52 y 53, considerados agresivos. "Con esta investigación pueden surgir otros métodos, no solamente preventivos como la vacuna", agregó Sánchez.

Walter Montenegro, patólogo clínico del laboratorio de Biología Molecular del hospital del IESS, en Guayaquil, explica que existen hasta 170 cepas o genotipos del VPH. "Unas 40 son de alto riesgo por estar asociadas a cánceres".

Por ello, la coordinadora del laboratorio, la patóloga Rosa Barba, cree que la vacuna es solo una parte de la solución. "Previene el papiloma de los serotipos 16 y 18, responsables del 70% de casos de cáncer. Algunas incluyen el 6 y 11, contra verrugas genitales, pero falta investigar otras cepas".

En el caso de contraer esta infección, la OPS recomienda cuidados drásticos en la alimentación y tratamientos para que el virus no se propague.

  • Vacunas 'a la medida'

Las alergias respiratorias también pueden ser controladas con vacunas. Son las hiposensibilizantes, biológicos que se elaboran a la medida del paciente. Betzy Fernández, médico del servicio de Alergología del hospital Teodoro Maldonado Carbo del IESS, explica que luego de varias pruebas diagnósticas, se elaboran vacunas individualizadas, según la patología del paciente (en su mayoría asma bronquial y rinitis alérgica).

En un laboratorio a 16°C, la especialista Norca de la Cadena prepara las dosis. "Primero captamos los alergenos del ambiente: ácaros, pólenes y hongos. Se les extrae la proteína alergizante para conseguir un extracto estéril que servirá para hacer disoluciones y luego las vacunas".

Algunas personas requieren hasta 200 dosis que, inicialmente, son administradas en pequeñas cantidades. "La idea es sensibilizar al paciente para que poco a poco vaya ganando anticuerpos. Así podrá respirar mejor y mejorar su calidad de vida", señala Fernández.

En contexto

Según la Organización Mundial de la Salud, la inmunización evita entre 2 y 3 millones de muertes cada año, en todo los grupos de edad. Más de un millón de lactantes y niños de corta edad mueren al año a causa de la enfermedad neumocócica o de la diarrea por rotavirus.

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