27 de agosto de 2016 00:00

Los recorridos turísticos por el mar ahora incluyen la historia local 

Un paseo por los bosques de manglar, cerca de la playa de Atacames, es una de las opciones que ofrecen los guías de Esmeraldas para los turistas locales o extranjeros. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

Un paseo por los bosques de manglar, cerca de la playa de Atacames, es una de las opciones que ofrecen los guías de Esmeraldas para los turistas locales o extranjeros. Foto: Marcel Bonilla/EL COMERCIO

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Marcel Bonilla
Redactor
marcel.bonilla@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

Los recorridos turísticos por el mar, el estuario de Súa y Atacames, en el norte de Esmeraldas, ahora se complementan con información histórica y cultural de esos sitios.

Desde hace dos años, un grupo de pescadores afroesmeraldeños, manabitas y nativos de Súa, se organizó para ofrecer a los turistas paseos por el mar hacia destinos turísticos cerca de las playas, pero también para hablar de los primeros pobladores de esa zona.

Ellos realizan recorridos en embarcaciones de fibra hacia la Isla de los Pájaros, el ‘peñón del suicida’, las cuevas, entre otros rincones
Las operadoras de servicios turísticos como Suata, Freelans y Dalcon Tours organizan esos paseos y motivan a que los guías hagan más entretenidos los viajes hablando de su historia local.

La idea es que los paseos en lancha permitan mostrar, además de la belleza natural y los paisajes costeros, historias conocidas entre los pescadores, como la de la princesa Súa, por ejemplo. Se trata de un personaje que según los artesanos del mar que crearon la leyenda, se suicidó en el mar.

Luis Cedeño es uno de los guías esmeraldeños que durante los recorridos habla a los turistas sobre el manglar y las especies que ahí se reproducen. También, afirma conocer los metros de profundidad del mar, la variedad de peces y los métodos para la pesca más comunes en cada playa.

En sus relatos incluye a la cultura de Atacames. Explica a los viajeros que en la antigüedad Atacames funcionó como un puerto de comercio por ser uno de los sitios donde se podía encontrar la concha del Spondylus, para hacer los primeros negocios.

Los demás guías hablan de los yacimientos arqueológicos de mayor concentración que estuvieron en puerto Gaviota, Tonsupa y Atacames. Estas tres zonas son altamente visitadas por turistas en la actualidad.

Cedeño, quien es originario de la parroquia rural Río Chico del cantón Portoviejo, se considera un montuvio, que le tocó aprender de la historia de Esmeraldas para contarla con jocosidad a los turistas.

Miguel Quiñónez, encargado de garantizar la seguridad a los viajeros con el uso del chaleco salvavidas y quien acompaña a los guías en los paseos, también aprovecha para hablar de Esmeraldas, su folclor y algunas de sus tradiciones.

Dependiendo del servicio turístico que ofrecen y el destino al que se dirijan, la idea es vender a Esmeraldas durante los 45 minutos que dura todo el paseo en lancha. El viaje cuesta USD 5 a cada persona.

La ruta establecida por los prestadores de servicios empieza generalmente desde la playa de Atacames, abordo de botes diseñados con techos para evitar que el sol sea una molestia para los turistas.

Se hace un recorrido por el manglar, luego navegan hasta Súa donde se muestra el peñón del suicida. Es un mirador natural de formación calcárea de 80 metros de altura.

Francisco Samaniego, otro de los guías, explica sobre las especies de aves que están en la isla de los pájaros como las gaviotas, y ofrece detalles sobre las cuevas que han tomado diversas formas por el golpe de las olas desde hace varios años.

Además, hay un espacio para hablar del narrador, poeta, ensayista, diplomático y periodista Nelson Estupiñán Bass, hijo de la parroquia Súa.

En este mar fueron esparcidas las cenizas de este candidato al Nobel de Literatura en 1998 y escritor de obras como Timarán y Cuabú, Cuando los guayacanes florecían, El último río, El paraíso y las Tres Carabelas, entra otras.

Para Martha Yánez, una de las turistas, cree que esa forma de conocer las playas y su historia hace más interesante el viaje en medio del movimiento de las olas. “Se conoce y se disfruta”.

Este paseo por el mar es rico en cultura, porque se puede mostrar la otra parte de las playas que ha sido poco contada, añade la turista.

“Con esto el turismo se hace completo y nos permite posesionarnos mejor culturalmente”, señala el antropólogo Adison Güisamano, director de la agrupación Tierra Negra.

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