16 de noviembre de 2017 00:00

Un reconocimiento a 60 años como hielero del Chimborazo

La entrega del reconocimiento a la labor de Ushca se realizó ayer, en el Salón de la Ciudad en Riobamba. Foto: Raúl Diaz para EL COMERCIO

La entrega del reconocimiento a la labor de Ushca se realizó ayer, en el Salón de la Ciudad en Riobamba. Foto: Raúl Diaz para EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Nervioso y agradecido, Baltazar Ushca pronunció en kichwa un conmovedor discurso, tras ser investido como doctor honoris causa. Él es el último hielero del Chimborazo, un oficio que se extinguirá cuando él muera. El Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia hizo este reconocimiento.

“Gracias por este premio. Tengo familia que depende de mí, seguiré trabajando hasta cuando tenga fuerzas”, dijo Baltazar, el lunes 13 de noviembre del 2017 en el estrado del Salón Pedro Vicente Maldonado, en Riobamba. Ahí se realizó una ceremonia para premiarlo a él y a otras 11 personas, que se destacaron en la gestión pública, lideraron proyectos en beneficio del país o son activistas sociales.

Baltazar pertenece a una familia de hieleros. A los 15 años, su padre Juan le enseñó cómo cortar los pesados bloques de hielo, que se formó hace cientos de años en los 16 glaciares del Chimborazo, para luego venderlos en Guaranda y Riobamba. Ahora tiene 75 años.

Antes de la llegada de las fábricas industriales de hielo y las refrigeradoras, esos bloques de hielo eran la única opción que existía para volver refrescante una bebida o almacenar productos para que se mantengan frescos. También para fabricar helados.

Ushca recuerda que en su comunidad, Cuatro Esquinas, casi todos eran hieleros y caminaban juntos desde la madrugada, para llegar a tiempo a la ciudad, pero con el tiempo todos fallecieron o migraron.

Esta actividad, a través de los años, ha tenido la cobertura de medios de comunicación nacionales e internacionales. También se ha registrado en documentales y películas. Su imagen ha servido para ­promocionar a Ferrocarriles del Ecuador.

“Me siento feliz. Los otros hieleros también se hubieran alegrado con un premio como este”, dijo mientras mostraba su diploma. Él también recibió una escarapela con el logotipo del Instituto de Líderes y una medalla de honor de manos del Rector. “Es un orgullo poder colocar esto en su cuello”.

Esta distinción es el mayor reconocimiento que una institución educativa puede conferir a una persona. Según el reglamento del Claustro Doctoral, comisión que avala la entrega de doctorados y selecciona candidatos, solo pueden recibir ese reconocimiento las personas que hayan trabajado 15 años o más, y se hayan destacado en sus áreas.

“En esta ocasión no solicitamos trabajos doctorales, que usualmente suelen presentar nuestros candidatos como requisito previo a la distinción, porque conocemos la trayectoria de cada uno, y sabemos que merecen este doctorado”, dijo Jorge Arturo Fernández, rector del Instituto Mexicano para Líderes de Excelencia.

Esa fue la entidad que seleccionó a Baltazar Ushca tras conocer su historia. El Claustro Doctoral lo consideró un rescatista de un oficio que representa una tradición cultural que está cerca de terminar.

Su vida y su trayectoria quedarán guardadas en la historia para siempre”, dijo Fernández al colocar las insignias.

Baltazar acudió a la ceremonia en compañía de su yerno y de su hija Carmen. Ellos miraron desde la primera fila cómo su padre se convertía en el primer doctor de la familia y de la comunidad, a pesar de su español pobre y de no saber leer ni escribir. “Estamos felices y orgullosos. Mi papá ha recibido muchos reconocimientos, han grabado películas y documentales sobre él, y es visitado por extranjeros de todo el mundo, pero nunca nos imaginamos que iba a graduarse como doctor”, dijo Carmen.

Otros personajes premiados fueron Juan Ullauri, Juan Enrique Jurado, Jorge Guamán, Ricardo Cornejo, Santiago Caicedo, Edmundo Sancho, Mariana Sigüenza, Fausto Freire y Elizabeth Carpio. Ellos son oriundos de varias ciudades del país y recibieron el doctorado por su participación en proyectos arquitectónicos, sociales, ambientales, de protección de derechos, entre otros.
Además, otras seis personas recibieron el premio Amante de México, por liderar proyectos sociales en Ecuador.

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