15 de septiembre de 2017 00:00

Tres sitios sagrados mantienen viva la existencia de dos culturas

La Plaza de la Resistencia Indígena fue construida por el Municipio de Píllaro. Desde aquí se divisa todo la zona .

La Plaza de la Resistencia Indígena fue construida por el Municipio de Píllaro. Desde aquí se divisa todo la zona. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Modesto Moreta
Coordinador  
(F-Contenido Intercultural)

Pocos vestigios de las culturas Puruhá y Panzaleo, que habitaron Píllaro, quedan en los tres sitios considerados como sagrados o ceremoniales.

Se encuentran repartidos a largo de los tres kilómetros en el Qhapaq Ñan o Camino del Inca. Además, en cerros y montañas circundantes a la actual ciudad de este cantón de Tungurahua.

Los antiguos habitantes de esta zona realizaban cultos de agradecimiento al Taita Inti (Padre Sol), la Pachamama (Madre Tierra) y de sacrificios de vidas humanas. Esa información fue recopilada por Luis Lara, un investigador de las culturas indígenas de Píllaro, luego de indagar 25 años a los más ancianos de las comunidades, analizar documentos y escritos, recorrer senderos y analizar los vestigios encontrados en cada zona.

La Plaza de la Resistencia, ubicada en el sector de Huaynacurí en el barrio San Jacinto de la parroquia San Miguelito, es considerada como uno de los centros ceremoniales importantes de estos pueblos andinos. Según el historiador, ahí habría nacido Rumiñahui.

En la cima de la montaña el Municipio local edificó con piedra una especie de fortaleza. En la parte central se levanta el monumento gigante del guerrero o conocido como Cara de piedra. Lara asegura que fue un sitio estratégico porque Rumiñahui podía divisar el avance de las tropas españolas o enemigas.

Desde esta altura se puede mirar a las ciudades de Ambato, Píllaro y otros poblados cercanos. Además, los volcanes Tungurahua, Cotopaxi y Chimborazo.

Lara dice que en el sector de Huapante La Playa, por donde atraviesa el Qhapaq Ñan, hay rastros donde se levantó un centro de adoración. Aquí pueden encontrarse vestigios de piedra y de cerámica. Esta estructura es similar al de un caracol que se extiende en más de 400 metros cuadrados. Todo está hecho con piedra tallada.

Este camino conectaba a Huapante, San Andrés y Huainacuri; de este último sector partían hacia el cerro Quinuales, a 4 200 metros de altura, para efectuar los sacrificios humanos de doncellas o vírgenes hombres y mujeres. Y finalmente luego de los sacrificios los guerreros recorrían más de 40 kilómetros hasta Cerro Hermoso, en el Parque Nacional Llanganates, otro lugar para la idolatría a las montañas, la tierra, la luna y la extracción de oro.

Esa información interesa al turista Eduardo Carvajal y su esposa Julia. Ellos llegaron desde Ambato para conocer Huainacuri. “Es importante saber algo de nuestra historia y de las culturas que se asentaron en este sector de Tungurahua. Es una vista impresionante que concuerda con lo que dice el historiador”.

Lara afirma que el lugar donde se construyó la Plaza de la Resistencia fue un centro de adoración a la reina Francisca Choa Sanguil o conocida como la abuela materna de Rumiñahui. La trasladaban en hombros hasta el centro ceremonial para participar de las fiestas ancestrales como los raymis y el ofrecimiento a los chicos que pasaban de niños a la adolescencia o la ‘Época del florecimiento’.

Los rituales lo hacían con ofrendas de flores, granos como el maíz, ocas, mashuas, mellocos y otros productos que se cosechaban y sembraban en sus chacras.  Para llegar a Huainacuri caminaban por la calle central de Píllaro. “Antes de la construcción del monumento había en el cerro una cueva con gradas de piedra, pero en el terremoto de Ambato de 1949 se tapó este ingreso”, manifiesta Lara.

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