25 de julio de 2016 00:00

Artesanías de Pastaza se promocionan para preservar su legado

Elena Tokari muestra las artesanías de las waoranis. Fotos: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Elena Tokari muestra las artesanías de las waoranis. Fotos: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

Cuando un turista visita la comunidad kichwa Agua Viva le ofrecen una mukawa (recipiente elaborado a base de arcilla) llena con agua de guayusa, como señal de bienvenida. El líquido, al igual que el utensilio de cerámica, son dos elementos importantes para esta cultura. Los nativos los usan en ocasiones especiales.

Los recipientes sirven para tomar la guayusa y la chicha de yuca, bebidas que brindan los habitantes de este pueblo, ubicado en la parroquia Madre Tierra del cantón Mera, en Pastaza, a sus huéspedes. Un grupo de mujeres de la localidad los moldean en todos los tamaños y formas.

En esta provincia amazónica, la cerámica, los collares, aretes, bolsos, cerbatanas o bodoqueras y hamacas son confeccionadas por las warmis de las comunidades kichwas y waoranis. La visita hacia estos centros poblados es parte de la ruta que ofrece a los turistas el Consejo Provincial, a través de su marca: Pastaza aventura, selva y tradiciones.

En Agua Viva mantienen esta tradición ancestral, que se transmite de generación en generación. “Es un legado de nuestros taitas y mamas, no queremos perderlo. A nuestros hijos los estamos preparando para que sean los sucesores”, dice Elvia Santi, presidenta de la Asociación de Mujeres y defensora de su cultura.

Con agilidad, la mujer, de 45 años, modela la arcilla y da forma a las vasijas. Todo el trabajo es manual y no usan moldes. En el pequeño taller, ubicado en el centro del pueblo, produce los objetos que se usan para poner los alimentos.

Su hija Sandra Montaguano, de 18 años, ya es una experta en este arte ancestral. Explica que una vez que están listos los objetos -como mokawas, ollas, cucharas, cornetas, jarrones y tinajas- los deja secar al sol por tres días. Luego los coloca en un horno especial.

El siguiente paso es dar brillo cuando el objeto aún esté caliente. Lo hacen con la resina de pungará, que se extrae de un árbol de la selva. Es una especie de laca que brinda protección al barro. Luego los adorna con dibujos de figuras que representan a la Tierra y su naturaleza, con pequeños mechones de su pelo con los que elabora su propio pincel.

En el centro de Puyo está el taller de las mujeres de la nacionalidad Waorani. Ahí tejen collares, aretes, pulseras, hamacas y bolsos elaborados con chaquira, fibra natural que es procesada por las mujeres. Utilizan los hilos y las semillas. También ofrecen utensilios hechos con barro.

“Las mujeres waoranis no tenemos trabajo, con la venta de las artesanías financiamos los gastos, por eso creamos la asociación”, dice Elena Tokari, presidenta del grupo.

Cuenta que en las 54 comunas aún mantienen vivas su cultura, técnicas y tradiciones. Esos saberes los trasmiten a los niñas de sus pueblos.

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