12 de febrero de 2016 00:00

Los priostes, negros y doñas festejaron al Niño Caporal

Javier Saca es uno de los tres caporales. Él organiza y financia la fiesta, que dura una semana, en la casa del prioste.

Javier Saca es uno de los tres caporales. Él organiza y financia la fiesta, que dura una semana, en la casa del prioste. Foto: Glenda Giacometti/El Comercio

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

En la casa de Javier Saca, la fiesta estaba encendida. Saca es uno de los tres priostes de la imagen del Niño Caporal, festividad que se celebra desde hace más de un siglo en Totoras, parroquia rural de Ambato, en Tungurahua.

Esta tradicional celebración mestizo-indígena recuerda dos hechos importantes: la liberación de los negros y la devoción por esta imagen de más de 200 años, que se venera en este pueblo. Eso atrae cada año a decenas de devotos.

Saca viste un poncho y pañoleta roja, zamarro y un sombrero café; junto con su esposa, Gisela Galarza, baila al ritmo del bombo, la flauta y el violín, en una improvisada plaza adaptada en el patio central de su vivienda,en el barrio San José, en Totoras. Más de 300 personas disfrazadas acom­pañan en la celebración.

Los priostes llevan en los brazos a la imagen religiosa, que reposa sobre una bandeja hecha con madera. Dan vueltas por esta plaza, mientras reparten la chicha de jora
fermentada con maíz y panela. Más de siete toneles de este líquido se prepararon para todos los asistentes.

El lunes, el sonido de los voladores anunciaba la llegada de los negros y doñas: estos últimos son hombres disfrazados de mujer, con anacos, bayetas y blusas blancas. Los negros llevan la cara pintada. También en las manos cargaban una espada para la batalla. Estaban guiados por Calique. Este singular personaje -que viste atuendos amarillo, rojo, azul, y verde y cubre su cabeza con una pañoleta- abre la fiesta.

Lleva en su hombro un azadón y en su cinto, una paila, una olla y una jarra. Está representado por Carlos Núñez, que lleva más de 25 años interpretando a este personaje de la cosmovisión indígena. “Mi padre también fue por más de 40 años Calique y yo heredé ese cargo; cada febrero lidero esta celebración indígena-mestizo en honor al Niño Caporal”.

Luego apareció Saca, en escena. En el patio principal de la casa se formaron y al son de la banda de pueblo, el bombo, la flauta y el violín empezaron a dar vueltas alrededor de la vivienda de una planta. Allí se construyó un galpón para cocinar los 27 cerdos, 300 cuyes y más de 200 gallinas, provisiones para alimentar a los acompañantes y devotos.

Todos bailaban y tomaban chicha y aguardiente. La fiesta reunió a los jochantes, quienes aportan con música y comida, además, de las ofrendas ofrecidas a la imagen de su patrono por los favores recibidos.

Núñez contó que es un festejo intercultural que representa la liberación de negros e indígenas, que en años pasados, trabajaban como esclavos.

En escena apareció la caballería, que persiguió a los negros y doñas. Núñez detalló que los jinetes representan al ejército español y que luego de una batalla los negros quedaban liberados. Pero también, al ejército de Herodes, que mandó a matar a los niños y los negros hacen el papel de protectores”.

Desde hace 15 años, César Landa (27 años) se viste como negro para participar en la fiesta. Estos personajes escoltan al caporal, que lidera al pueblo en las luchas y eso es lo que representan durante el festejo. “Los negros y los indígenas fueron víctimas de la opresión, por eso se unieron para hacer frente a españoles en busca de libertad, pero acá lo que buscamos es ganar la plaza central de la parroquia para bailar y venerar a la imagen”.

Posteriormente, descendie­ron al centro parroquial de Totoras, localizado a 10 kilómetros al oriente de Ambato. Dylon Cárdenas, presidente de la Junta Parroquial de Totoras, contó que este año tres caporales fueron los priostes que financiaron la fiesta que se cumple por tres semanas en honor al Niño Dios.

Esta imagen data de más de 200 años y en el momento es custodiada por Teresa Sánchez, quien recorrió cada una de las viviendas de los priostes donde prepararon comida. Están acompañados de los personajes de la fiesta.

Los priostes prepararon siete tinajas de chicha, sacrificaron los cerdos, un toro, los cuyes y gallinas en cada una de las casas para alimentar a los devotos de la imagen.

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