16 de octubre de 2016 13:04

La presentación de Bomba Estereo en Quito se podría reprogramar

En la foto, el Nova Sonic Festival que se llevó a cabo en el parque Bicentenario el sábado 15 de octubre del 2016, en Quito. Foto: EL COMERCIO

En la foto, el Nova Sonic Festival que se llevó a cabo en el parque Bicentenario el sábado 15 de octubre del 2016, en Quito. Foto: EL COMERCIO

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Gabriel Flores

La mayoría de quiteños sabe que octubre es el mes que más llueve en la ciudad. El único día de la semana pasada que no llovió fue el viernes. Si no hubiera sido por las carpas que se colocaron para los comensales de los food trucks el público que asistió al Festival Nova Sonic no hubiera tenido lugar para guarecerse de la lluvia este sábado 15.

Diego Eivar, vocero de prensa del festival subraya que sí se pensó en al aspecto climático. “Éramos consientes de que existía mal clima pero no imaginamos que la lluvia de ayer (sábado 15 de octubre) iba a ser extremadamente fuerte”.

Una de las consecuencias de esta suspensión, de dos horas, por la lluvia fue que el grupo estadounidense Hoobastank pese a estar en el Bicentenario no realizó su presentación. El DJ Mathew Koma tampoco pudo dar su show, pero por otra razón: un retraso en la zona de seguridad del aeropuerto de Miami lo hizo perder su vuelo a Quito, a donde nunca llegó.

A estos dos ausentes del festival se sumaron Bomba Esterero quienes desde su cuenta oficial de Facebook pidieron disculpas a los fans por no poder llegar a Quito. “Con mucha tristeza anunciamos que por motivos de fuerza mayor hemos tenido que cancelar nuestro show de esta noche. El aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires se cerró por mal tiempo y a pesar de intentarlo por todos los modos, no pudimos llegar”.


Eivar agrega que la organización está pensando en reprogramar el concierto de Bomba Estereo para una nueva fecha. “Con todos las bandas programamos que vengan al menos un día antes, pero con ellos no se pudo realizar porque ya tenían sus fechas programadas”.


El concierto


Miles de cuerpos entumecidos por el frío alzaron sus brazos y empezaron a aplaudir despacito. Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh. Durante unos segundos la introducción de ‘Yo no me sentaría en tu mesa’ se convirtió un mantra sonoro que logró que Los Fabulosos Cadillacs salieran por segunda vez al escenario. Era la medianoche de un sábado inusual en Quito.

Acto seguido Flavio Cianciarulo, el bajista de la banda, apareció en el escenario con peluca, mandil blanco y un puntero en la mano, para interpretar el ‘El profesor Galíndez’, uno de los temas de su nueva producción titulada ‘La Salvación de Solo y Juan’. Después de esta canción inició el clímax: gente saltando; chicas subidas en los hombros de sus novios, gritos destemplados.

Los Fabulosos, una banda en camino de la reinvención -para su nuevo disco incorporó a Florián y Astor, los hijos de Vicentico y Flavio respectivamente-, soltaron una ráfaga de sus mejores éxitos. Esos temas que se escucharon por primera vez en la adolescencia y que regresan siempre en diferentes formatos y circunstancias vitales.

‘Mal Bicho’, ‘Matador’, ‘Calaveras y Diablitos’ ‘Siguiendo la Luna, ‘Vasos vacíos’… Las canciones fueron coreadas con fuerza en medio de una lluvia de fotografías y selfies. Los Fabulosos Cadillacs no son los músicos más carismáticos del mundo, pero mantienen la calidad y potencia musical que los ha convertido en una de las bandas más populares de la Latinoamérica.

Más allá de los problemas de organización y lo imprevistos climáticos el Nova Sonic fue una vitrina para saber que el público quiteño ya superó a las bandas nacionales que abrían los festivales en la década de los 90 y que nuevas bandas como los Cocoa Roots, Los Alcaloides y La Máquina Camaleón tienen buena acogida.

En el Nova Sonic Carla Morrison puso la nota dulce con sus letras románticas; la Mala Rodríguez con bate de beisbol en mano la ‘jalea’ al show; Nasri Atweh, el vocalista de Magic!, el reggae y Flavio y Astor de Los Fabulosos, la parte histriónica. Lo que puso el público quiteño fue mucha paciencia, buena onda, pese a los inconvenientes, y ganas de vivir festivales de calidad.

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