1 de septiembre de 2015 00:00

Premio Batán: un imán para el arte ‘rompedor’

El galardón, que está abierto a todo tipo de medios  y técnicas, llena  el lugar que ­dejan a escala local los concursos tradicionales de pintura. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

El galardón, que está abierto a todo tipo de medios y técnicas, llena el lugar que ­dejan a escala local los concursos tradicionales de pintura. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

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Redacción Guayaquil (I)

Una de las dos obras ganadoras de la segunda edición del Premio Batán tenía cuatro años esbozada en uno de los cuadernos de Jimmy Lara. Y quizás no habría llegado a exhibirse tan pronto, de no ser por la convocatoria de libre medio y técnica que impulsa el concurso de Plaza Lagos, organizado por el Espacio Cultural NoMínimo, de Samborondón.

La obra premiada por un jurado internacional consiste en fotografías de la historia del arte, que han sido despigmentadas e introducidas en los diminutos tubos que sirven para tomar muestras de sangre.

Los tubos toman la forma zigzagueante de un electrocardiograma a lo largo de dos metros en uno de los muros de la galería; ‘Examinar y revisitar por la vejez, la muerte o el fin de estos contenidos’ es el título de esta obra de Lara, que obtuvo el Premio Batán junto a ‘El brazo de Esaú’, del guayaquileño Leandro Pensantes, lo que les significó USD 4 000 a cada uno.

La exposición incluye 13 obras seleccionadas, de 56 presentadas al certamen. “Este proyecto lo ideé en 2011 y lo rescato ahora, porque sé que las propuestas del Premio Batán son más abiertas, se ven cosas mucho más experimentales, se abre el campo a diferentes medios... El premio es más ambicioso como propuesta artística contemporánea”, para Lara, de 36 años, manabita, residente desde niño en Guayaquil.

La convocatoria busca incentivar la producción nacional y visibilizar las líneas actuales de trabajo en el país, sin importar si es pintura, escultura, grabado, dibujo, video, instalación, objeto o performance, explica Pilar Estrada, directora de NoMínimo. El certamen es pionero en la formación de una colección privada de arte contemporáneo por parte de Plaza Lagos, que financia los premios adquisición.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 12 de septiembre, acoge también piezas de arte sonoro como The Last Tape (La última cinta), un dispositivo de reproducción de casete y transmisión de frecuencias del artista quiteño Fabiano Kueva. En disciplinas como el video performance se inscribe ‘Statement de un performer’, en el que Carlos Vargas aparece desnudo mientras, con lenguaje de señas, hace una declaración de sus intenciones artísticas.

Desde la visión de Rodolfo Kronfle, crítico de arte contemporáneo, el premio ayuda a visibilizar cierta producción artística que los salones más tradicionales -enfocados estrictamente en la pintura- han descuidado. Y brinda la oportunidad de establecer un real intercambio “con reconocidos agentes del arte internacional”, como son los jurados invitados.

Ello –según el crítico– representa un gran esfuerzo económico y tiene como contraparte resultados que son menos palpables, pero muy importantes dentro de la forma en que circula el arte en la actualidad.

“Ese otro efecto es el que considero clave: los días en que estas personas pasan inmersos en la escena local, lo que se llevan en su cabeza, que desborda el mismo Premio y que, de alguna forma, se revierte tarde o temprano de maneras más eficaces que las viejas y anticuadas fórmulas de hacer diplomacia cultural”.

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