11 de diciembre de 2016 00:00

Wilson Paccha: Debiéramos volvernos excesivos en humildad

Wilson Paccha, en su departamento, que también funciona como estudio, ubicado en el Comité del Pueblo, Quito.

Wilson Paccha, en su departamento, que también funciona como estudio, ubicado en el Comité del Pueblo, Quito. Foto: Julio Estrella

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Ivonne Guzmán
Editora (O)

Enfrentarse a la obra de Wilson Paccha es enfrentarse al exceso, no solo por su cromática chillona, desbordada, cegadora (no hay adjetivo que alcance a describirla), sino por su barroquismo conceptual y compositivo. Por eso tenía que ser Paccha, o sea el Vampi, el Papi Lover, el Will... quien hablara de excesos para este espacio. Y, precisamente, en esta temporada en la que entablamos esa relación amor-odio con ellos.

¿Todo exceso habla de alguna carencia?

Yo, la verdad, no me he hecho ese análisis. Por ejemplo, tengo muchos excesos en el trabajo, creo. No mido, es una adicción, una necesidad enfermiza de ver plasmados todos los disparates que se me cruzan por la cabeza.

¿Para qué sirven, por qué existen, los comportamientos excesivos?

Cuando yo tenía ciertos excesos con mi vida social, fiestera, era por mi lado epicúreo, porque me daba satisfacción. Sentía la adrenalina, una alegría, como una efervescencia.

La placentera es una cara de los excesos, pero también hay otra que es la que tiene que ver con la resaca.

Es como cuando amas, excesivo. Se establece algo y luego se termina, bien o mal, y viene esa resaca que tú dices. Pero como esta profesión a mí me da tantos placeres y es como un bálsamo, esas resacas no las he vivido como algo duro, drástico, sino como algo que es bacán vivirlo, como algo que puedo recrear.

¿Qué somos los humanos sin los excesos?

Seríamos muy aburridos. Los contrastes emocionales son necesarios. En mi caso, hasta cierto punto, han sido buenos. Te dan la otra cara; yo pude ver también lo que hay al otro lado.

Anaïs Nin dijo alguna vez que el gran arte nace del exceso, ¿qué opinas?

Sabes que nunca lo he asociado con eso, más bien siempre lo he asociado, como sabe decir un pana guayaco, con la chirez y con el dolor. Hablando de mi entorno más cercano y de ciertos referentes universales que me han interesado veo que más bien las grandes obras nacen de cierta ausencia.

Si el arte fuera un exceso, ¿sería un exceso de qué?

De vanidad.

¿Por qué?

En eso que dices que es creatividad, estás mostrando tu vanidad, tu ego, tus alteregos, para que la gente sepa que eres capaz de algo.

¿De qué nunca habrá demasiado para ti, aunque a los ojos de los demás sea excesivo?

De ají, de películas, de amor... de lealtad.

¿Cuáles son tus excesos culposos?

Aunque suene cansón, y la gente piense que estoy montando una pose de trabajador, es la pintura. Trabajar me ha traído muchos problemas en mis relaciones porque para mí salir, ir al cine por ejemplo, es una cosa abstracta, que no entiendo. Y también me complica la vida familiar. Es el exceso, no digamos de trabajo, sino de estar todo el tiempo maquinando algo para imprimirlo.

¿Y los gozosos?

El amor, el sexo con tu pareja. Antes tenía un exceso más frívolo que era comprar ropa, pendejaditas; siempre estaba atento a ver qué salía.

¿Qué tipo de excesos no te interesan?

Los de la vida social.

¿Los frutos de tus excesos, aparte de tu obra?

Algunas exnovias molestas.

¿Estás solo ahora?

No, estoy ennoviado.

¿Y controlas tu tendencia al exceso de trabajo?

Ahora es un poco más sencillo porque ella es de Guayaquil, entonces mi ausencia la manejamos de otra manera. Ella sabe que estoy aquí trabajando, y cuando voy allá solo estoy con ella porque no puedo dedicarme a otra cosa.

Es la fórmula perfecta para seguir con tus excesos.

Claro, hasta que ella no quiera la cadena perpetua para el Will (risas).

¿Qué lógica impera detrás de este dicho popular: De lo bueno, poco? ¿No debiera ser al revés?

Talvez sea un dicho muy del Ecuador, mucho más serrano, porque la gente costeña es más efervescente, más sabrosa. Yo creo que más bien de lo bueno tiene que haber bastante, ¿sí me entiendes?

Sí, ¿quién se habrá inventado ese dicho?

Algún vago, envidioso, sufridor… a lo mejor medio líder, que no sabía cómo manipular a alguien.

¿En qué aspectos consideras que sería bueno que fuéramos excesivos como sociedad?

En humildad, en sencillez.

¿Cuáles dirías que son los excesos que caracterizan al mundo actual?

El egoísmo, la prepotencia, la falta de conciencia de cómo vivir: tiramos la basura en cualquier lado, pitamos donde nos da la gana, lanzamos el carro y cruzamos por donde sea, intentamos poner el pie al de al lado para sentirnos sabidos…

¿Eso sería una especie de exceso de ‘yo’?

Eso mismo, hay mucho individualismo. Y, a veces, lo camuflamos en alteregos que son una mentira.

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