21 de agosto de 2015 15:47

Las pizzas de Lucky Jr. se elaboran 'bajo tierra'

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Gabriela Balarezo
Redactora (I)

Ubicado el letrero en una calle poco transitada de La Mariscal se inicia el descenso. Para ingresar al peculiar mundo gastronómico de Pizza Lucky Jr. basta bajar una docena de gradas desde la calle. Lo que se muestra ante los ojos de quien los visita es una especie de cueva subterránea- simpática- con paredes color café que contrastan con las mesas de brillante turquesa.

Colocados indistintamente hay imágenes de músicos de décadas pasadas, cuadros de variados artistas, antigüedades y candelabros con velas que le imprimen una aura mágica al lugar. Así es la que se autodefine como una pizzería ‘underground’ (literalmente), quizás la única en su clase en toda la ciudad.

Los observadores notarán también que ‘camuflados’ entre los demás elementos de la decoración hay pequeñas figuras de gnomos. Pertenecieron al restaurante italiano Lucky, fundado por el abuelo de Alan Viteri, dueño del negocio. Lucky Jr. en efecto es la continuación- el ‘nieto’- del restaurante original del que tomó el nombre con una leve variación.

Viteri se formó en Lucky y junto a su abuelo aprendió de cocina y, sobre todo, y del arte de hacer pizzas. Cuando abrió hace casi dos años su propio emprendimiento, tomó el conocimiento culinario de la generación pasada y le puso su sabor, su toque.

Alan Viteri vivió toda su vida en Estados Unidos. Se nutrió de tendencias culinarias de Los Ángeles y Miami para crear su carta de platillos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Alan Viteri vivió toda su vida en Estados Unidos. Se nutrió de tendencias culinarias de Los Ángeles y Miami para crear su carta de platillos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

El día de la degustación el dueño de Pizza Lucky Jr. hace las veces de mesero y chef. Lleva a las masas las cartas y después vuelve a la cocina para dar forma sus creaciones gastronómicas. En el menú se exhiben 18 variedades de pizzas, además de otros tantos platillos italianos.

Aunque cada cliente es libre de armar su propia pizza, a su gusto, se ofrecen especialidades- combinaciones preestablecidas- tradicionales y algunas mezclas novedosas, pero sencillas. Una de estas es la que fusiona albahaca y aceitunas y la denominada Bianca, que no incorpora pasta de tomate, sino queso, cebollas y orégano.

La combinación de albahaca y aceitunas fue una de las elegidas para la degustación. El chef Pablo Cruz elogió la contraposición de jugosidad y frescura. Viteri destacó que la hierba es doblemente fresca puesto que las semillas de las que proviene son italianas, su proveedor es un amigo cercano oriundo de esta nación europea.

Otra de las variedades saboreadas fue la Especial Lucky- de esencia más estereotípica- cubierta de salame, jamón y champiñones. Más que los insumos, de notoria calidad, resalta la masa. Es lo que determina el experto. La masa no pierde su crocantez con el paso de los minutos. Viteri coincide, la fortaleza de su pizza es la masa.

Asimismo, siempre resulta ideal que los productos sean caseros. El cocinero y dueño afirma que elaboran al día gran parte de los insumos, y eso se percibe en el gusto natural que tiene la pasta de tomate. No obstante, Pablo señala que para potenciar el conjunto se requiere mayor cantidad de queso y guarniciones.

Viteri asegura que es consciente de que para que una pizza resulte memorable la cantidad justa, la medida exacta de ingredientes es una consideración importante. Sus preparaciones tienen además el ‘plus’ de que se pueden aderezar con un ají- con base de aceite- especialmente creado para pizzas.

Precios: USD 5,50- USD 11

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