10 de julio de 2015 17:52

Las variadas masas son el atractivo de Pizza Hut

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Gabriela Balarezo
Redactora (I)

Es vienes por la noche y el tráfico en Quito, insoportable. El local de Pizza Hut, ubicado en la av. Naciones Unidas, bien podría levantarse como un refugio para los cansados trabajadores que buscan saciar su apetito y relajarse. También para las familias que buscan un ambiente idóneo tanto para los adultos como para los chicos.

Y efectivamente el día de la visita (del recorrido gastronómico) lo primero que se escucha al entrar son los gritos entusiastas y agudos de un grupo de niños en pleno juego. Claro, mientras sus madres, sin inmutarse, conversan en la mesa la llegada de las pizzas.

Los chefs (Pablo Cruz y Alfredo Salazar) toman asiento en una mesa semicircular muy cerca de la cocina. Pasan algunos minutos hasta que, entre tanto griterío y exaltación infantil, la mesera se percata de su presencia y les entrega el menú. Elegidas las combinaciones (de ingredientes), es preciso decidirse también por un tipo de masa.

Precisamente, este el ‘plus’ de la cadena internacional: sus variedades de masa. Es lo que destaca Eduardo Gordón, subgerente/supervisor de la sucursal. Se puede optar por la normal, de grosor medio, la esponjosa Pan Pizza, la artesanal con consistencia de galleta de sal y las especialidades, con bordes rellenos ya sea de chorizo o de queso crema y tocino (Cheesy Hut). Claro que los rellenos cambian según la temporada.

Los ingredientes que se usan en Pizza Hut cumplen todos los estándares de calidad. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

Los ingredientes que se usan en Pizza Hut cumplen todos los estándares de calidad. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

Mientras los expertos aguardan el arribo de la orden hablan de que el enganche visual de cualquier pizza es observar las decenas de hilachas de queso derretido alargándose cuando se sirven los pedazos. Solo imaginarlo abre el apetito. Es lo que se vende en las propagandas, lo que lleva a los comensales ilusionados a conducir sus autos, parquearlos, elegir una mesa y prepararse para engullir al menos cuatro pedazos.

El tiempo de espera se alarga superando primero el cuarto de hora, después la media hora hasta que finalmente llegan las pizzas hirviendo (la mesera repite más de una vez que hay que tener cuidado que están muy calientes). Aunque la presentación de los platillos es cuidada, como cada detalle de decoración del restaurante, no sucede lo esperado: el queso no se expande tentando a devorarla de un bocado. Primera presunción de los chefs, faltan porciones de queso.

En lo que a sabor se refiere la especialidad de la casa, la Super Suprema- que agrupa una buena gama de ingredientes como salami, jamón, salchicha italiana, pimientos, cebollas y otros- en conjunto sabe bien, aunque cada guarnición por separado tiene un gusto un tanto amargo. La Hawaiana, por su parte, resultó agradablemente jugosa gracias a la piña.

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Una foto publicada por @gabibal el

Tanto a Pablo como Alfredo les bastó probar un pedazo de cada variedad para soltar algunas deducciones de la preparación. Se nota que para hacer cada una de las pizzas existe un procedimiento estandarizado (entiéndase como que no son de tipo caseras ni artesanales), es decir, las porciones son perfectamente medidas (lo que podría explicar la falta de queso y también la de sal), incluso la cantidad de salsa.

Cuando Gordón dijo que Pizza Hut apostaba por las masas no se equivocaba. Saborearlas fue lo destacado de la degustación, sobre todo la Cheesy Hut (fue la predilecta de Alfredo). Resultaron crocantes, efecto secundario de una buena horneada y de su frescura. El supervisor detalló que todas y cada una de las masas se preparan el mismo día en que se sirven, a primera hora en la mañana.

Precios: USD 6 y USD 35

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