12 de julio de 2015 21:56

Piel seca y gripe, los peligros de la época de verano

Para evitar la piel seca por la exposición al sol. Utilice cremas hidratantes. Foto: Ingimage

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Gabriela Castellanos

Durante los meses más cálidos es común que las playas y balnearios reciban grandes cantidades de turistas dispuestos a tomar un poco de sol. El ansiado descanso es un momento para relajarse y renovarse pero, en ocasiones, si no se toman las precauciones debidas, puede haber problemas de salud.

A medida que aumentan las horas de sol, la piel acumula polvo y otras partículas que pueden desatar malestares. Según Anahí Pontón, dermatóloga especialista en cáncer de piel, el verano suele aumentar los casos de dermatitis. Los síntomas más comunes son la piel seca y agrietada. Esto se debe a la deshidratación causada por una combinación de factores: exposición al sol, vientos, falta de ingesta de líquidos, entre otros. En estos casos, se aplican cremas hidratantes y se recomienda siempre aumentar el consumo de agua pues, asegura, es la mejor forma de estar hidratado.

Por otro lado, las quemaduras de piel por exposición prolongada al sol se han reducido en los últimos años, afirma la doctora. Ella ha observado una mejor conducta e interés de los pacientes por prevenir y cuidar de su piel. Aproximadamente el 20% de sus consultas tiene que ver con prevención y educación. “Los padres vienen para saber cómo deben aplicarles el bloqueador solar a sus hijos”.

Pero la piel no es la única afectada. La conocida ‘gripe de verano’ es uno de los casos más frecuentes en los consultorios médicos. Así lo reporta Joaquín Gallegos, médico familiar. “Por cada 100 consultas, entre 30 y 40 son por gripe”, asegura.

Los resfriados son comunes en esta época del año por el cambio brusco de temperatura. “Entrar a un centro comercial con aire acondicionado y luego salir a una temperatura de 28 o 30 grados, constantemente, te puede resfriar”, dice Gallegos. Esto favorece el contagio de gripe, pues las defensas del organismo bajan.

Lo que recomiendan los expertos como prevención es lavarse la manos continuamente. Así se eliminarán los gérmenes y bacterias que pueden enfermar. También sugieren asistir a las campañas de vacunación, pues la influenza es una enfermedad altamente contagiosa.

Los ojos también pueden sufrir infecciones. La más común es la conjuntivitis y en lugares ventosos, como Quito, es bastante recurrente. Se trata de una infección de las conjuntivas oculares, la membrana que cubre la superficie interna de los párpados y la parte blanca del globo ocular.

Los síntomas son ojos rojos, lagrimeo, picazón y mayor sensibilidad a la luz. Según Raúl Pesantes, oftalmólogo, durante el verano estas infecciones ocurren por el contacto con agua contaminada.

Por esta razón siempre se recomienda protegerse con lentes de sol, evitar tocarse los ojos y lavarse la cara constantemente para evitar que las bacterias se acumulen en el rostro. Por lo general los niños la adquieren en las piscinas, allí es indispensable el uso de gafas especiales protectoras para nadar.

En estos lugares al igual que en las playas se produce otro tipo de infección que aumenta entre mayo y septiembre. Las infecciones vaginales o vaginitis aumentan casi en un 100% según el ginecólogo y obstetra Stalin Ordóñez. “Casi todas las mujeres que se van de viaje a algún lugar regresan y presentan este tipo de cuadros”, indica. Al ser una zona delicada un pequeño cambio puede causar irritaciones.

Esto se debe no solo a la presencia de bacterias en el agua sino también a cambios en el pH de la zona. Cuando por diversas situaciones se altera, la flora bacteriana, que cumple una función protectora frente a organismos patógenos externos, disminuye. Así se aumenta el riesgo de alergias e infecciones que tienen como síntomas picazón, sequedad, irritación y otras molestias.
Las alergias también pueden aumentar durante el verano. Especialmente sucede con respecto a las picaduras de insectos que proliferan durante estos meses en ciertas zonas cálidas. También puede ocurrir cuando hay humedad a la que el cuerpo no está acostumbrado. En ocasiones incluso pueden aparecer hongos.

Finalmente, las infecciones gastrointestinales se suman a las molestias y enfermedades del estío. Por lo general, durante estos meses las personas tienden a comer fuera de sus casas. Esta comida suele ser ‘rápida’ indica el gastroenterólogo Miguel Donoso. “No siempre está bien cocinada, pueden tener bacterias y otros agentes patógenos que pueden ser muy peligrosos”, dice.

La salmonelosis, por ejemplo, se adquiere al comer alimentos contaminados. Para eliminarla es necesario someter la comida, especialmente las carnes, a temperaturas altas y seguras. En el caso de los mariscos, también funciona así. Donoso recomienda siempre comer en lugares confiables, con higiene y prácticas de cocina adecuadas para evitar los malos ratos.

Así, los cuidados de la piel, los ojos, el sistema respiratorio y digestivo se imponen para unas buenas vacaciones.

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