4 de July de 2010 00:00

Un pichón de cóndor crea esperanza

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Redacción Sociedad

Tres pedazos grandes de roca, colocadas una sobre otra, aparentan una cueva. Ese espacio agreste y con piso de tierra sirvió para que una pareja de cóndores, que viven en cautiverio, construyera el nido para su cría Huaira Anti (Viento de los Andes , en quichua).El pichón nació el 10 de mayo pasado. En estos días es el centro de atención en el Quito Zoo de Guayllabamba.

Al polluelo de plumaje grisáceo, apenas se lo puede mirar desde una improvisada plataforma, al costado sur de la jaula que comparte con sus padres.

Es vigilado celosamente por sus progenitores Causay Anti (Vida de los Andes, madre) y Auki Anti (Príncipe de los Andes, padre). Este último se mueve de un lado a otro y de rato en rato despliega sus alas como si quisiera volar o como si advirtiera que son sus dominios, aunque se trate de una jaula.

Huaira Anti es el cuarto nacimiento de un cóndor -el primer macho- en cautiverio en este zoológico. No obstante, a esta cría le cobija una especial importancia, ya que constituye el punto de partida de un proyecto integral que pretende ayudar a salvar de la extinción a esta especie.

fakeFCKRemoveUn censo fotográfico hecho en el 2009 por la Corporación Simbioe registró a 27 ejemplares en el centro-norte de la Sierra ecuatoriana. En cambio, el Proyecto Cóndor, un colectivo a favor de esta especie en el país, calcula que aún quedan unos 50.

Ximena Pazmiño, directora de Proyectos del Quito Zoo, y Paúl Tufiño, coordinador del Proyecto Cóndor, identifican las amenazas para esta especie. Se trata de la expansión de cultivos hacia los páramos y la escasez de alimento (carroña de animales muertos: ganado o camélidos en estado salvaje). Son las causas para una drástica disminución de la especie emblemática de Ecuador.

Los expertos advierten que el envenenamiento y la cacería son los peligros mayores para el ‘Rey de los Andes’. Los exámenes de rayos X que se hicieron a los 19 cóndores que viven en cautiverio, por iniciativa de la Fundación Zoológica del Ecuador (FZE) y del Proyecto Cóndor, revelaron que una de las aves vive con 53 perdigones en su cuerpo y otra con tres balas calibre 22.

Las radiografías revelan puntos y manchas en alas, piernas y pecho. Son las huellas de los impactos. Sin embargo, sobrevivieron y hoy permanecen en diferentes centros de cuidado.

Mario García, director ejecutivo de la FZE, tiene la certeza de que los cóndores son atacados por cazadores o por gente que considera que son una amenaza para su ganado. “La falta de alimento hace que cada vez busquen en sitios más cercanos a las poblaciones, lo que les vuelve más vulnerables”.

A dos meses de nacido, Huaira Anti no abandona el nido. Y parece perezoso, pues en más de una hora solo realiza un pequeño movimiento para acomodarse.

Pero el polluelo es una suerte de estandarte del proceso para liberar a cóndores que nazcan en cautiverio a partir de ahora. Los restantes 19, por ser dependientes de la atención humana, no sobrevivirían en estado silvestre.

Pazmiño anticipa que el proceso tomará mínimo cinco años. Será necesario formar una colonia de al menos tres o cóndores para luego ser liberados en alguna zona hoy despoblada de esas aves

Con ese propósito, hace dos años a los 19 cóndores que viven en cautiverio se aplicaron pruebas genéticas. Además, se busca formar parejas reproductivas para obtener más crías. Puesto que es una especie monogámica, es decir, escoge una pareja para toda la vida, resulta una tarea complicada. La otra opción es obtener cóndores juveniles en cooperación con algún país andino.

Un buen ejemplo es el Programa argentino chileno de Conservación del Cóndor Andino. Ya liberó a 70 en la Patagonia.

Huaira Anti y los demás polluelos que nacieran en cautiverio crecerán en sitios aislados, libres de contacto con seres humanos. Esto para que sean independientes y puedan adaptarse con facilidad a la vida silvestre.

A la par se impulsará una campaña de educación con las comunidades. Se concienciará sobre la protección de esta especie.

Hasta tanto, el polluelo seguirá por lo menos un mes más sin salir de su nido. Pero seguirá en el centro de la atención del equipo de veterinarios y personal como Paulina Andrade, quien prepara una alimentación balanceada para los padres de Huaira Anti.

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