25 de julio de 2014 00:00

La coexistencia de simios y humanos, una cuestión moral

Malcolm pide 
audiencia con César.

En la escena Malcolm pide audiencia con César.  

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Flavio Paredes Cruz. Editor / paredesf@elcomercio.com (O)

La especulación de la ciencia ficción, el comentario político, los temores humanos ante un futuro distópico, una excelente hechura técnica y una narrativa lograda construyen ‘El planeta de los simios: Confrontación’.

La secuela de la película del 2011 resulta en un filme inteligente, bajo la mirada seria de Matt Reeves, el director de turno en la franquicia.

La acción de este filme se ubica una década después de los hechos de ‘El origen del planeta de los simios’. La humanidad ha sido diezmada tras la pandemia del virus ALZ-113 (la gripe del simio) y los sobrevivientes viven refugiados en caóticos e improvisados fuertes, ubicados donde antes había ciudades.

Por su parte, los chimpancés, gorilas, bobonos y orangutanes, bajo el liderazgo de César, han erigido una sociedad primitiva en los bosques.

Así se marca el primer contrapunto entre ambas comunidades. Mientras los humanos han destruido todo orden civil hasta la ruina posapocalíptica, los primates han asentado los rudimentos de una civilización sobre un sistema educativo basado en la moral -‘simio no mata simio’- y el desarrollo del lenguaje (señas y habla).

La dependencia del ser humano de los recursos naturales generadores de energía motiva el reencuentro entre ambas especies. Ese contacto se bate entre la posibilidad de la coexistencia pacífica y la aniquilación del ‘otro’, dos visiones que dan pie para que el filme lance una reflexión sobre el dominio mediante la posesión de las armas.

Pero el desarrollo de la confrontación responde, más que al enfrentamiento entre especies, a los conflictos -por lealtad, independencia, venganza o temor- entre los integrantes de cada una. Hay quienes bogan por la cooperación y otros, por la guerra.

En ese juego, las diferentes perspectivas entre los líderes (César, simio; Dreyfuss, humano) y sus opositores (Koba, primate; Malcolm, hombre) marcan un contrapunto, que hace de los benevolentes, héroes trágicos.

El lenguaje audiovisual propone un relato circular -definido por la mirada humanizada de César- cuyo ritmo se imprime por secuencias de tensión seguidas por calma, o de ternura y complicidad seguidas por violencia. Tal ritmo se relaciona también con movimientos de cámara totales. La sofisticación visual -al no presentar acciones forzadas- no afecta ni al realismo ni al plano emocional; es decir, va acorde al sentimiento épico de la historia.

En ‘El planeta de los simios: Confrontación’, los roles humanos son los menos determinados; pero tal vaguedad se relaciona con la primacía de los simios, respeta su inteligencia y su moral emergentes, acepta seriamente la premisa de la franquicia.

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