25 de marzo de 2015 18:17

Ambiente acogedor y variedad gastronómica, dos atractivos nocturnos del parque de Cumbayá

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Ana María Carvajal

Recorrer el parque de Guayllabamba, El Quinche, Tumbaco, Nayón y otras poblaciones rurales de Quito un martes por la noche puede ser un paseo solitario. Pero en Cumbayá, el panorama es distinto.

Los alrededores del parque están llenos de autos. Dos cuidadores ayudan a los conductores a estacionar bien sus vehículos y están pendientes de todo. En la calle Francisco de Orellana, pasando la iglesia, hay incluso un parqueadero privado en el que se paga USD 1 la hora o fracción por dejar allí el auto.

De los al menos 16 restaurantes, pubs y cafeterías que hay en los alrededores del parque, 10 están abiertos. Algunos atienden hasta cerca de las 22:00 y otros hasta la medianoche. Este martes 24 de marzo del 2015, ninguno de los locales estaba lleno, pero había numerosas personas comiendo pizza, choripanes, sushi y comida tradicional ecuatoriana, por ejemplo.

Ángeles Acosta y Victoria Santillán son primas y ambas tiene 21 años. Viven en La Primavera y Miravalle, respectivamente, y eligen los restaurantes de esta zona siempre que quieren pasar una noche tranquila, comer algo rico y quizá tomar un par de cocteles.

A ellas les atrae la variedad en la oferta gastronómica en la zona, el ambiente apacible y la seguridad que sienten al estar allí. Para la farra, prefieren los bares en sectores como El Inca o la González Suárez, en Quito.

Esta vez, decidieron entrar a Los Choris, una franquicia que nació en el 2008 en un pequeño local de la calle Francisco de Orellana y que ahora cuenta con ocho restaurantes en distintos puntos de Quito.

Según Erik Valdivieso, administrador del nuevo local de Cumbayá, habilitado en el 2013 y que tiene una capacidad para 120 personas, hay cada vez más gente viviendo en Cumbayá y necesita sitios para comer o divertirse. En ese local, un martes común, entre 19:30 y 21:00 se atiende a un promedio de 30 a 40 personas, pero un viernes, la concurrencia puede llegar a 200. Este es el único de la franquicia que, además de cervezas y micheladas, ofrece cocteles.

Para Valdivieso, los restaurantes en los alrededores del parque son un atractivo para esas personas que llegan por las noches de sus centros de estudio o trabajo y quieren un lugar seguro, cercano y cómodo para cenar.

En eso coincide Segundo Leones, un bahieño que cuida carros de 19:00 a 00:00 de lunes a miércoles y de 19:00 a 03:00 de jueves a sábado. La diferencia que hay entre semana y fines de semana, según su experiencia, es que en los primeros días hay muchos carros y poca gente y los segundos, la concurrencia se multiplica y los autos también.

El parque está iluminado y en él una pileta y un colibrí resaltan entre los árboles y bancas que están al pie de la iglesia. La mayoría de los dueños de los restaurantes han elegido aprovechar la belleza de las antiguas fachadas de las casas para, en base a ellas, decorar sus negocios.

Estos sitios, según Sebastián Loayza, administrador del restaurante Patria, son puntos de reunión para personas que trabajan en Quito y que viven en Cumbayá, pero que quieren pasar un rato ameno o hasta tener una cita laboral en un sitio cercano a sus viviendas.

Sin embargo, los locales de Cumbayá también atraen a los residentes en la ciudad. María José Chávez, por ejemplo, fue a comer en la Pizza Rodante, un llamativo local que, en lugar de cocina, tiene un furgón en donde se preparan las pizzas y otros platos que hay en la carta.

Estudia en la Universidad San Francisco y luego de clases, a veces va a comer algo con amigos en los restaurantes de la zona antes de ir a casa. Ella también disfruta del ambiente acogedor y tranquilo del centro de Cumbayá. El martes fue con un amigo que vive en Tumbaco y que disfruta de bebidas como las cervezas artesanales que se venden en algunos de los negocios del sector.

Ese local antes era una pizzería ambulante. Según Diego Urbina, el administrador, los dueños arrastraban con su camioneta el furgón y ofrecían pizza en distintos sectores. Desde hace algo más de un año, el furgón se quedó en la esquina del parque y pasó de recibir a estudiantes secundarios y universitarios a familias completas. Urbina destaca que en ese sector hay ambientes que se adaptan a todo público: desde el juvenil, pasando por el adulto y una combinación familiar.

Por su experiencia, el administrador señala que el movimiento es mayor en la noche, porque es cuando la gente está más libre de sus responsabilidades diarias o llega de trabajar o estudiar a su casa en Tumbaco o Cumbayá, por ejemplo.

Algunos, luego de comer en esos restaurantes o en los al menos 10 que hay en el resto de la calle Francisco de Orellana, eligen pasear un momento por el parque, conversar, tomarse fotos o hacer llamadas por celular. Allí se sienten seguros disfrutan en cada visita una experiencia distinta.

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