18 de noviembre de 2016 00:00

Paluguillo es la fuente del nororiente

La reserva cuenta con seis afloramientos de agua. Víctor Quinchimbla es uno de los tres guardapáramos del lugar.  Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

La reserva cuenta con seis afloramientos de agua. Víctor Quinchimbla es uno de los tres guardapáramos del lugar. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

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Redacción Quito

La naturaleza es un sistema perfecto y equilibrado, donde cada elemento cumple una función. Cuando en el páramo llueve, su vegetación de pajonales arbustivos actúa como una esponja natural: absorbe el agua, la almacena y luego la libera de manera gradual hacia diferentes vertientes.

Este ecosistema es de vital importancia como recurso hídrico. Alrededor de 90% del agua que se consume en el Distrito Metropolitano de Quito proviene del páramo, según la Empresa Pública de Agua Potable y Saneamiento.

A 30 minutos de la capital, hacia el nororiente, se ubica la reserva de Paluguillo, un ecosistema de páramo de 862 hectáreas, que abastece de agua a la parroquia de Pifo y zonas aledañas. El predio forma parte del área de protección de humedales del Cerro Puntas.

La reserva fue entregada en octubre a la ciudad, a través del Fondo para la Protección del Agua – Fonag, cuya función es la conservación de las cuencas hidrográficas que proveen de agua al Distrito .

La organización The Nature Conservancy (TNC) adquirió esta zona en el 2004, con la visión de asegurar un mecanismo que fuera idóneo para su protección a perpetuidad. Fue con ese objetivo que este año se donó la propiedad al Fonag. “Es un aporte a la ciudad. Es un espacio importante para el abastecimiento de agua en cantidad y calidad”, señala Galo Medina, representante de TNC en Ecuador .

El bosque de polylepis, conocido como árbol de papel, es una de las maravillas del lugar. Debe su apodo a que la corteza de estos árboles se desprende con facilidad en delgadas capas, sobre las cuales es posible rayar. Es una de las particularidades de este bosque, uno de los más grandes del país.

Entre su vegetación de bosques y arbustos se esconden caídas de agua, riachuelos y quebradas. La reserva reúne al menos seis afloramientos de agua, que alimentan a la quebrada Carihuaycu.

Bert De Bièvre, secretario técnico del Fonag, afirma que la reserva tiene una capacidad de abastecimiento de al menos 100 litros de agua por segundo, distribuidos en diferentes captaciones, siendo la principal el sistema comunitario de agua potable de Pifo.

Para el gerente de Ambiente y Seguridad de la Empresa Pública de Agua, el área es de importancia estratégica por su ubicación, al ser la conexión entre el Parque Nacional Cayambe-Coca y la Reserva Ecológica Antisana.

Agrega que además es relevante para la riqueza energética del país. Por Paluguillo pasan los oleoductos SOTE y OCP y un poliducto. También, las redes eléctricas del Coca-Codo Sinclair y de Ecoluz. Por otro lado, es la vía que conecta a la capital con el Oriente, a través de la carretera Pifo-Papallacta.

La infraestructura del lugar, no obstante, representa una amenaza para el ambiente, advierte el secretario técnico del Fonag. Entre los posibles riesgos que podrían presentarse en la vía pavimentada están el derrame de aceites y la contaminación por desechos. En relación con los oleoductos, la presencia de maquinarias para el mantenimiento de los mismos generan un impacto al ecosistema natural.

“En estos temas debemos estar vigilantes de que se cumpla todo lo que dice la licencia ambiental y que los trabajos que se realicen se hagan con los mejores cuidados posibles”, señala De Bièvre.
El oso de anteojos es una de las especies emblemáticas de la zona.

Para estos animales es muy importante poder migrar de un lado a otro de la reserva en búsqueda de alimentos. El Fonag está analizando opciones para que puedan cruzar la carretera sin correr peligro, entre ellas la construcción de túneles o puentes. Otras especies que se han detectado son el tapir de montaña, el ciervo enano pudú y el puma.

El costo previsto por el Fonag para el mantenimiento del lugar es de USD 30 000 anuales. Actualmente, la institución trabaja en un plan de gestión para la protección del área. “Para el Fonag es prioritario que esta zona se convierta en un área de investigación y de educación ambiental”, señala Nancy Puente, coordinadora de Comunicaciones del ente.

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