17 de septiembre de 2017 00:29

Juan Pablo Bustamante: tengo terror a la perfección

Juan Pablo Bustamante, en las oficinas de Desarrollo y Autogestión, la organización para la que trabaja ahora; hace poco trabajó en el área de Educación del Municipio de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Juan Pablo Bustamante, en las oficinas de Desarrollo y Autogestión, la organización para la que trabaja ahora; hace poco trabajó en el área de Educación del Municipio de Quito. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Ivonne Guzmán. Editora (O) [email protected]

Nos demos cuenta o no, en mayor o menos grado, todos somos víctimas de un sistema que nos ha convencido de que la perfección no solo es posible, sino que además es deseable. Juan Pablo Bustamante piensa de otra manera y vale la pena prestar atención a sus ideas al respecto.

Dicen que Dalí dijo que no hay que temer a la perfección porque de todas maneras nunca la vamos a alcanzar, ¿qué opinas?
Personalmente, le tengo terror a la perfección.

¿Por qué?

Imagínate que tú tienes un hijo y quieres que sea lo mejor de lo mejor, que sea perfecto; en realidad tú no quieres a tu hijo, tú quieres a Superman. Y tu hijo nunca va a poder ser Superman, y lo que vas a lograr es que tu hijo se sienta frustrado.

¿Lo perfecto es opuesto a lo humano?
A ver… no creo que es opuesto a lo humano, sino que es una manera de comprender la realidad. Un ser humano es perfecto, pero hay que comprender que esa perfección implica errores, contradicciones, tener una oreja más grande que la otra o la nariz torcida.

Es decir que no tiene que ver con simetrías.
Decir que la naturaleza es este modelo de lo perfecto es comprender que no hay un árbol o una planta ideal, sino que lo que tienes es la mejor planta y el mejor árbol en esa condición específica. No hay un ser humano perfecto, pero yo estoy seguro que tú o él o yo somos lo mejor en esta condición y en esta circunstancia.

¿Este criterio también aplica para un psicópata, por ejemplo?
(piensa un rato) Parte de la enfermedad del psicópata es creer que puede ser perfecto. Por ejemplo, cree que es capaz de no mentir. Como no soy capaz de reconocer que voy a mentir no me queda más remedio que inventarme una realidad aparte en la que yo mismo estoy convencido de la mentira que estoy diciendo.

O de que está bien el crimen horroroso que estoy cometiendo.
La mayor parte de las aberraciones humanas creo que están vinculadas a este creer que puedes ser perfecto. Entonces como no aceptas tus errores terminas cometiendo barbaridades.

Casi todas las distopías se originan en una búsqueda de perfección.
Fíjate la locura de cómo utilizaron los nazis el discurso de Nietzsche sobre el hombre nuevo, que era un hombre liberado de sus dependencias naturales y de sus creencias religiosas; ese era el hombre de Nietzsche. Resulta que desde la política y la ideología se convierte en la peor aberración de la historia de la humanidad, creyendo que hay razas superiores y gente perfecta y gente imperfecta. Pero hay una lección muy linda de la cultura medieval y de la masonería.

¿Cuál?
En las iglesias góticas de Europa siempre tiene que haber una piedra bruta como símbolo de la imperfección; es decir, la arquitectura gótica busca la perfección pero siempre hay una piedra en la iglesia que no debe ser tallada y esa piedra recuerda que lo humano jamás logrará la perfección y que lo único a lo que podemos aspirar es caminar hacia la perfección, pero nunca la lograremos. Si no te aceptas en tu fragilidad, en tu vulnerabilidad, que es consustancial a lo humano, te puedes convertir en psicópata.

¿No encuentras reminiscencias religiosas en esta ansiedad actual que tenemos por ser perfectos de muchas maneras?
Sí, ¿no? La religión supone que dios es perfecto, pero ese es el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, por el contrario, tienes a un Jesucristo que tuvo tentaciones y que cometía errores. Y nuestro modelo ya dejó de ser el dios perfecto y se convirtió en este Cristo humano, al que le tocaba ir al baño. Ese era el modelo de una religión que trató de acercarse a lo humano.

¿Estamos más obsesionados con la perfección o siempre ha sido así, solo que ahora se nota más?
Yo creo que nos hemos exacerbado, y el sistema de mercado, la publicidad, parte de imaginarios falsos de perfección. La mujer perfecta es delgada, es así, es asado…

Es buena mamá y es inteligente y es trabajadora…
Todo eso lo único que hace es generarnos frustración, porque la verdad es que no somos así. Entonces ya dejemos de compararnos con algo que no somos y empecemos a trabajar en el cuidado de nosotros mismos, así mismito como somos: con defectos, con problemas y con cosas buenas. Hay otra cosa que te quiero compartir desde la perspectiva de la enseñanza y el aprendizaje. El peor error es creer que la persona que no se equivoca es la que sabe, la perfecta. ¿Ya?

Ajá.
El método científico es el método por el cual sistemáticamente cometes errores. El error es el factor del aprendizaje. Entonces, si yo tengo un hijo que mete la pata, que se equivoca, precisamente ese error es el que le permite crecer, aprender y desarrollarse. No hay persona que no cometa errores. Y hay que aplaudir el error con tal de que hagamos conciencia de él y que lo aceptemos. Lo perfecto no tiene errores, ¿te das cuenta?

¿Estas ansias de perfección se han trasladado a nuestros sistemas educativos en todos los niveles?
A ver, el solo hecho de creer que el estudiante que sacó una mejor nota es mejor estudiante que otro es una aberración. Y todo este sistema de notas no ayuda al aprendizaje. A lo que ayuda es a frustrar y que el chico que tiene dificultades diga: “No puedo, no soy capaz”. El otro día escuchaba a un neurólogo y él decía que estos libros de autoayuda que te dicen: “sé positivo, porque si tú te programas neurolingüísticamente y te dices que eres el mejor de, vas a ser perfecto, etcétera”, todo es falso. Lo único que genera es mayor frustración.

¿Por qué?
Porque no es verdad, no eres perfecto. Tienes la nariz torcida; y sí, cometes errores cuando escribes o cuando manejas. Pero si no eres capaz de aceptar tus errores te conviertes en un monstruo. Y el modelo del autoritarismo, del dogmatismo y del fundamentalismo es de aquellos que creen que son perfectos, de aquellos que creen que tienen la verdad. No hay peor peligro que alguien que cree que no se equivoca. Esa persona es peligrosa.

¿Qué empeño sería más vivible y provechoso que buscar la perfección?
El cuidado de sí mismo. No es la búsqueda de la perfección o de la excelencia en eso que yo no soy, llámese Bruce Willis, Sharon Stone o Tom Hanks…

O Einstein.
O DiCaprio, sino solo aceptarme cómo soy, y comprender todos los días que uno tiene limitaciones, que uno es débil y que entre todos esos defectos uno alegremente camina porque aprende. Por lo tanto, si es que aprendes todos los días, nunca serás perfecto.

¿Hay ámbitos en los que sí sea deseable, y posible, encontrar la perfección?
A ver, si tú te refieres a la etimología de la palabra: “algo que ha sido bien hecho”, sería la traducción más literal del latín. Me parece bien decir: “Qué lindo, esa mesa está perfecta”. O sea, en el mundo del discurso instrumental, científico-técnico es una manera de decir: qué bonito, qué bien hecho que está; y funciona para el mundo de los objetos. Pero para el mundo de lo humano, me parece que es peligroso. La matemática es perfecta hasta que te metes en la física cuántica o en las matemáticas fractales y te das cuenta que todo lo que sabías antes ya no es perfecto. Somos imperfectos hasta en las matemáticas.

¿Qué prefieres ser, en lugar de ser perfecto?
Te voy a dar un ejemplo muy concreto: desde chiquito yo he tenido algunos problemas de dislexia y me han tratado, he tenido siempre problemas de notas, etcétera. Es un defecto con el que tengo que aprender a vivir. No me lo puedo negar. Si es que me clavo frente a la computadora y digo: “No voy a cometer errores”, cometo más. Tengo que aceptar cómo soy y simplemente escribir y revisar tres veces antes de enviar, y se me van a ir palabras. Hay cosas que uno no puede corregir y cosas que sí.


Juan Pablo Bustamante
Nació en La Paz en 1965, hijo de padres ecuatorianos siempre de viaje; vive en Quito desde 1991. Comunicador social por la Universidad Javeriana de Bogotá, tiene una especialización en Educación por la UASB, donde actualmente cursa una maestría. Tiene 20 años de experiencia en educación, entre Unicef, la Unesco y otras organizaciones.

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