18 de octubre de 2015 00:00

En el mundo de los Nobel, la ciencia es a la que más tarde le llega su premio

Los premios Nobel a la Medicina, la Física y la Química son, tal vez, los más desfasados en el tiempo. Foto: ArchivoLos premios Nobel a la Medicina, la Física y la Química. Foto: Archivo

Los premios Nobel a la Medicina, la Física y la Química. Foto: Archivo

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Diego Ortiz
ortizd@elcomercio.com

Los premios Nobel a la Medicina, la Física y la Química son, tal vez, los más desfasados en el tiempo. Y para el físico Carlos Montúfar, canciller de la Universidad San Francisco de Quito, este es uno de los parámetros que ayuda a determinar que estos reconocimientos se entregan efectivamente a las ciencias.

En este año se ha podido constatar esta tendencia. En el caso de la Medicina, por ejemplo, la Academia Sueca reconoció el trabajo de la científica china Tu Youyou, casi medio siglo más tarde de que ella lograra identificar a la artemisina como un fármaco efectivo contra la malaria. Igualmente sucedió con el estadounidense William Campbell y el japonés Satoshi Omura, quienes en la misma categoría recibieron el premio por sus trabajos realizados en la década de 1970, en torno a la avermectina, una droga que ha reducido la incidencia de la “ceguera de los ríos”, la elefantiasis y otras enfermedades parasitarias.

Algo similar sucedió en la Química, campo en el que se premió el trabajo conjunto de los científicos Tomas Lindahl (Suecia), Paul Modrich y Aziz Sancar (EE.UU.). Hace más de tres décadas ellos realizaron las primeras investigaciones en torno a la mecánica reparadora del ADN, la cual ha permitido, de acuerdo con la genetista Paola Leone, presidenta de la Sociedad Ecuatoriana de Genética Humana, realizar investigaciones en torno al cáncer. Asimismo, esta labor en los laboratorios ha ampliado la con­cepción de lo que se hace dentro de los laboratorios.

Tampoco es ajeno el caso de la Física, de la cual el japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur McDonald son sus grandes homenajeados por haber descubierto, a finales de la década de 1990 e inicios del siglo XXI, que los neutrinos efectivamente tienen una masa, a pesar de que esta sea ínfima y de la cual por lustros se cuestionaba su existencia.

Es esta distancia entre el pasado de las teorías y el presente de las investigaciones el que enriquece la labor científica ecuatoriana. Según la bioquímica guayaquileña Alejandra Salvador, los Nobel de ciencias se los reconoce tardíamente debido a que hay que ponerlos a prueba constantemente. “En los laboratorios los usamos. Y eso para comprobar que sus conclusiones son tan efectivas como para cambiar la comprensión que tenemos tanto del macro como del microuniverso”, dice.

En el país, varios de los presupuestos de estas investigaciones se han utilizado en distintos frentes. Para entender estos trabajos, cuatro investigadores y académicos locales explican los ­aportes al desarrollo científico ecuatoriano de personajes como Modrich, McDonald, Omura o Youyou. Todos concuerdan con que resulta casi imposible entender los nuevos límites del quehacer científico internacional sin el aporte de los nuevos Nobel.

La farmacología resultó la gran reconocida por los Nobel 2015

Alejandra Salvador, bioquímica con siete años de experiencia en esta rama, acota que en este año la farmacología fue el centro de los Nobel en Medicina. Por una parte, el medicamento elaborado por Tu Youyou no solo fue útil para combatir a la malaria en zonas donde China necesitaba que sus tropas y población se mantuviesen vivas. A la postre, este fármaco ha permitido que en países de África y América se pueda disminuir la incidencia de esta enfermedad entre las personas, sobre todo en los menores de 10 años.

“Además, inauguró el capítulo moderno de la farmacología que está más ligado con los saberes ancestrales”, dice. Con esto, ella hace referencia a que el descubrimiento de Youyou fue posible gracias a sus conocimientos en torno a la medicina tradicional china.

Y en el caso de la avermectina, Salvador recuerda que si bien en un principio fue desarrollado para combatir enfermedades parasitarias, en la actualidad se ha demostrado su eficacia contra la tuberculosis, por ejemplo. En ese sentido, ella opina que es el momento que en el país se investigue a fondo sobre los otros beneficios de este fármaco en enfermedades tropicales que afectan a la población local.

La reparación celular, más allá del tratamiento de un tipo de cáncer

Según el genetista Fabricio González, el mecanismo de reparación del ADN funciona como el punto de chequeo de una fábrica. Y aunque de hecho son dos chequeos, en cada uno de ellos sucede lo mismo: la célula revisa que todo el material químico esté correctamente conectado, es decir, que los pares de bases de adenina, timina, citosina y guanina estén relacionados correctamente unos con otros.

A su criterio, este descubrimiento ha permitido ubicar en qué puntos dentro de la cadena del ADN se encuentran mutaciones que, posteriormente, decantarán en enfermedades como el cáncer.

La genetista Paola Leone añade que en el caso ecuatoriano, este mecanismo de reparación del ADN ha ayudado a identificar en qué puntos del ácido se encuentran las anomalías más comunes entre el grupo poblacional nacional. Con ello se pueden elaborar mejores tratamientos de enfermedades, conociendo de antemano hacia qué parte de las células cancerosas, por ejemplo, se debería atacar.

A la postre, el descubrimiento de Lindahl, Modrich y Sancar permitirán en un futuro crear medicamentos más especializados dependiendo de la población que los tome.

Un premio, por los elementos más ligeros que hay en el universo

Tal vez no lo ha notado, pero en este preciso segundo cerca de 65 millones de neutrinos acaban de atravesar por su cuerpo.
A pesar de que en la década de 1930 se propuso su existencia, apenas hace poco más de una década se aceptó que estos tienen efectivamente una masa. Algo que no era admisible por los físicos teóricos (muchos de los cuales incluso postularon que estos viajaban más rápido que la luz).

Lo más fascinante de los neutrinos, a criterio del físico Carlos Montúfar, es que su detección se la lleva a cabo en laboratorios donde existe la expectativa de que uno en un trillón de eventos haya una ­reacción inversa como para comprobar su existencia.
Según explica Montúfar, el trabajo de los físicos galardonados demostró que los neutrinos se someten a una suerte de metamorfosis de acuerdo con sus necesidades, que técnicamente se llama oscilación de neutrinos.

A su criterio, esto ha eliminado barreras en torno al conocimiento de aquellos elementos que conforman el universo. Es por ello que él afirma que en esta ocasión, a pesar de que puedan existir polémicas, el Nobel ha premiado a una fuente del conocimiento útil para todos.

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