30 de marzo de 2015 15:04

Los niños en situación de calle de La Mariscal son censados

Foto: de Ana María Carvajal / EL COMERCIO

El censo es organizado por la Unidad Patronato San José, del Municipio de Quito. Foto: de Ana María Carvajal / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
Quito

Tiene alrededor de 12 años y luce un mandil para mantener limpia su ropa. A su cargo está un carrito celeste con una vitrina de vidrio en donde se exponen fundas de habas fritas, maní enconfitado y ‘caca de perro’ (tostado con dulce).

Es un poco tímida, pero administra el negocio en las afueras de la Caja del Seguro con agilidad. Sabe bien cómo funciona. Cuando llega el personal del Guagua Quinde para hacerle una encuesta, los atiende sin problema. Responde a preguntas sobre sus condiciones de vida, las personas que están a cargo de ella, sus estudios, etc.

Pamela Chasi es una de las tres personas que están trabajando en el censo de la zona 9 de la Marsical, para conocer sobre la niñez en situación de calle en el sector comprendido entre las avenidas América, al occidente, y 12 de Octubre, al oriente, y entre la Orellana, al norte, y la Tarqui, al sur. Se ha hecho una división en 10 sectores, para realizar, entre hoy y mediados de abril, un mapeo completo y conocer hasta qué punto están funcionando las estrategias que se han tomado en contra del trabajo infantil.

La idea es que grupos de entre tres y seis personas recorran las calles en horarios de 09:00 a 11:00 y de 16:00 a 18:00, de lunes a viernes. El viernes 10 y sábado 11 de abril será de 20:00 a 22:00 y 23:00 a 01:00.

Este censo, organizado por la Unidad Patronato San José, del Municipio de Quito, cuenta con el apoyo de personal del programa Habitantes de Calle, Patronato; Opción de Vida, del proyecto Salesiano; la Red de Niñez Callejizada, y la Administración Especial Turística La Mariscal. Según el estudio 'Niñez callejizada vista desde los medios de comunicación', publicada en el 2008, en la capital había alrededor de 2 220 niños en las calles.

Chasi, quien es la técnica responsable del cuidado por las noches de los niños de seis meses a 10 años de edad en el Guagua Quinde, contó que no es fácil conseguir que los vendedores ambulantes hablen sobre la situación de sus hijos, para llenar estas encuestas.

Una mujer empujaba un carrito en el que asaba maduros al mediodía del 30 de marzo del 2015. Detrás de ella caminaba una pequeña niña que cargaba a sus espaldas una muñeca, sujeta con una chalina. Chasi se acercó a hablar con la mujer. Pero ella se molestó y se negó rotundamente a conversar.

Entre las 09:30 y las 12:00 de este día, la brigada asignada a la av. 10 de Agosto, entre el Puente del Guambra y la calle Tarqui, logró hacer seis encuestas y registró a cuatro personas que prefirieron no colaborar.

Una mujer que vendía pinzas en el mismo sector y que llevaba a su bebé dormido atado a su espalda accedió a responder las preguntas de este censo. A ella le interesó también saber cuáles son los servicios que ofrece el Guagua Quinde, para niños en situación de calle. Recibió la charla y guardó la dirección y el número de teléfono del centro, para decidir si iría o no a pedir ayuda para cuidar a su hijo.

Judith Morejón, coordinadora de este centro, cuenta que actualmente atienden a 110 niños en el lugar, en tres grupos. El centro infantil diurno recibe a 35 pequeños de hasta tres años, el área socioeducativa trabaja con 45 niños de 4 a 14 años y el área de acogimiento cuida por las noches a niños de seis meses a 10 años.

Según su explicación, el proyecto de erradicación de trabajo infantil requiere de un trabajo sostenido con los padres de los niños que, en su mayoría, son indígenas. El personal que trabaja con ellos intenta aprender sobre su cosmovisión y acercarse a ellos conforme ganan confianza. Así logran que dejen que cuiden de sus niños.

Pero considera que para tener un trabajo más completo hace falta contar con el apoyo ciudadano. Los niños en situación de calle ofrecen productos o servicios y algunos mendigan. La recomendación es que las personas comprendan que al comprarles sus productos, aceptar sus servicios o regalarles monedas o comida fomentan su permanencia en las calles, que son un peligro para los pequeños.

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