7 de diciembre de 2017 08:55

Nápoles, el paraíso de la pizza, celebra con fiestas el reconocimiento de la Unesco

La Unesco reconoció el arte de los “pizzaioli” como “patrimonio inmaterial”, un homenaje a la cultura napolitana, a su saber combinar historia, música y talento. Foto: EFE

La Unesco reconoció el arte de los “pizzaioli” como “patrimonio inmaterial”, un homenaje a la cultura napolitana, a su saber combinar historia, música y talento. Foto: EFE

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Agencia AFP

Nápoles, paraíso de la pizza, celebró este jueves 7 de diciembre del 2017 con fiestas y tajadas, el reconocimiento como patrimonio de la humanidad de ese delicioso plato italiano que ha deleitado a generaciones enteras en todo el mundo.

“Después de 250 años, ¡la pizza es patrimonio de la Unesco! ¡Felicidades Nápoles!”, clamó emocionado el pizzaiolo Enzo Coccia, mientras una multitud de personas vitoreaban frente a la célebre pizzería Sorbillo.

“Para nosotros es como ganar la Copa del Mundo”, confesó Gennaro Gattimolo, un fabricante de pizzas de 57 años con delantal y manos cubiertas de harina mientras repartía porciones gratis a los transeúntes.

La decisión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura de reconocer el arte de los “pizzaioli” como “patrimonio inmaterial” es considerada un homenaje a la cultura napolitana, a su saber combinar historia, música y talento.

Los discos de esa masa harinosa volaban por los aires en varios puntos de Nápoles mientras un grupo de los galardonados “pizzaioli” demostraban la propia destreza para manejarla en forma espectacular.

La histórica pizzería Brandi, en una esquina de la muy popular Via Chaia, reconocida por haber creado la pizza con tomate, mozzarella y albahaca para la reina Margarita de Saboya, también celebraba la jornada histórica ofreciendo pizzas gratis recién salidas del horno.

Pese a que era aún temprano cuando la noticia fue divulgada, familias enteras y jóvenes estudiantes se detenían para saborear porciones frescas de pizza, de las que goteaba la mozzarella derretida.

“Estoy realmente feliz. ¡En lugar de que nos conozcan por la Camorra (la mafia napolitana), nos premian por algo positivo! ¡Por algo delicioso!”, clamó Rita Rollen, una jubilada que madrugó para participar en la euforia colectiva.

En medio del bullicio típico de la capital del sur de Italia, un hombre festejaba cantando con la guitarra una vieja canción napolitana.

Con esa fiesta espontánea, los napolitanos confirmaban que el arte practicado por unos 3 000 'pizzaioli' sigue desempeñando “un rol esencial en la vida social y en la transmisión entre generaciones”, tal como reconoce la Unesco.

“A lo largo de los siglos, el arte napolitano de hacer pizzas se ha basado en ingredientes claves: agua, harina, sal y levadura, todos excelentes productos que provienen del campo de Campania”, explicó Coccia.

Manos, corazón y alma 

“Pero lo que cuenta son las manos, el corazón y el alma del pizzaiolo, esa es la magia”, agregó.

El horno de leña, los ingredientes, la preparación, respetan una tradición que remonta al siglo XVI y que ha pasado de generación en generación.

Estirar la masa y rotar los discos es algo que debe hacerse “con amor y pasión, que es lo que queremos transmitir a los demás”, asegura orgulloso Coccia.

Para el historiador Antonio Mattozzi, las primeras pizzerías nacieron a fines del siglo XVIII, en las tabernas, después de la llegada del tomate de América, y a pesar de haber obtenido un éxito inmediato, la pizza por muchos años no se conoció fuera de Nápoles.

Gracias a la reina Margherita la pizza alcanzó fama en el resto de Europa. En una visita a Nápoles con su marido, el rey Umberto I, en 1889, pidió probar la pizza para ganarse el corazón de los napolitanos.

Según la leyenda, la versión propuesta por el cocinero Raffaele Esposito, que incluía tomate, mozzarella y albahaca, los colores de la recién nacida Italia, la conquistó.

Esa receta de pizza, que lleva el nombre de la reina, fue cocinada de nuevo el miércoles en el mismo horno del palacio real de Capodimonte donde fue creada, ahora transformado en un museo de Nápoles.

El pizzaiolo Gino Sorbillo adelantó que está dispuesto a compartir consejos y secretos, para garantizar su autenticidad y evitar algunas “herejías” como extender la masa con rodillo o añadir piña.

“Jóvenes de todo el mundo se han puesto en contacto con nosotros para pedirnos consejos”, sostiene.

“La pizza es ahora patrimonio universal, muchos en el mundo no saben que es italiana”, lamentó el ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini,

“Con la decisión de la Unesco se establece la verdad de una vez por todas: la pizza es un plato global, pero nació en Nápoles, en este horno”, se congratuló ante los periodistas.

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