5 de abril de 2016 00:00

‘Perdiéndome en silencio’ se adapta al lenguaje de señas

Los cinco jóvenes de la Unidad Educativa Fe y Alegría adaptaron una canción al lenguaje de señas, en un semana. Foto: Cortesía Diana Aguilar

Los cinco jóvenes de la Unidad Educativa Fe y Alegría adaptaron una canción al lenguaje de señas, en un semana. Foto: Cortesía Diana Aguilar

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Bolívar Velasco. Redactor  (I)
bvelasco@elcomercio.com

La propuesta musical de la cantante Elyssa Vaca logró adaptarse al lenguaje de señas con la colaboración de cinco jóvenes con discapacidad auditiva de la Unidad Educativa Fe y Alegría, de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Los estudiantes no pueden escuchar la interpretación de Perdiéndome en silencio, una composición musical inédita de la joven cantante de 23 años.Pero sí pueden seguir la guía de los traductores del plantel educativo, que les sirven de apoyo para comprender la letra e imitar los movimientos con sus manos y dedos.

De esa forma, llegan con el contenido musical a los demás estudiantes con discapacidad auditiva del establecimiento.
En la presentación oficial de la canción, en marzo pasado, 30 jóvenes con esta discapacidad que estuvieron en el auditorio de Fe y Alegría, expresaron sus emociones, también con señas. La traductora Jenny Barros cuenta que los chicos dijeron estar satisfechos porque es la primera vez que se sienten identificados con algo acorde a sus capacidades.

Perdiéndome en silencio fue hecho en el género pop rock y es una de las primeras canciones en la provincia tsáchila que incorpora el lenguaje para las personas que no escuchan.

El contenido se refiere a los amores platónicos, a los amores imposibles, “a algo que anhelamos pero por vivir ese sueño no lo logramos”, comenta la autora.

Su puesta en escena surgió en los talleres experimentales que promueve la Dirección Provincial del Ministerio de Cultura, para los sectores de atención prioritaria.

El trabajo musical se preparó en seis meses. La solista Elyssa Vaca dice que fue un proyecto enriquecedor, porque se demostró que la discapacidad no es una limitación, sino una oportunidad para desarrollar nuevas destrezas y virtudes alrededor de una creación.

En sus presentaciones aparece acompañada de cinco estudiantes y un traductor. En los ensayos que duraron una semana, ella notó que los jóvenes con discapacidad sienten la música a través de las vibraciones. Para esto se debe subir al máximo el volumen.

Esta experiencia hizo que Fátima Pullaguari fuera designada como la bailarina. Ella realiza un movimiento circular cuando la canción llega a uno de sus puntos más altos, en la parte que dice: “y no quiero despertar, pero este silencio duele, me duele...”, Pullaguari refiere que la vibración de la batería, y sobre todo el bajo, se siente muy fuerte en el pecho. “Es casi igual como cuando una persona que sí escucha siente las tonadas de la canción y baila porque está incentivado por el ritmo”.

La traductora Jenny Barros le ayuda a contar su experiencia, al igual que la de Ángelo Velásquez. Este joven señala que hizo realidad su sueño de ser parte de una agrupación musical, algo que veía complicado en años anteriores, debido a su falta de audición, pero este proyecto derrumbó todo pesimismo y los chicos ahora cantan con sus manos.

“Quisiera poder tocar el piano algún día en un conjunto musical. He dado los primeros pasos como traductor”. Pero los maestros traductores también tienen un rol clave en el desarrollo de la canción.

Ellos debieron primero aprenderse la letra y acoplar la velocidad de sus movimientos a medida de la reproducción. La traductora asegura que fue algo complicado porque no es lo mismo adaptar al lenguaje de señas un diálogo que una canción. Para lo segundo se debe guardar una sincronización más precisa y comprensible a la visión del ojo de las personas que no escuchan. El reto, sin embargo, se cumplió.

Los estudiantes de la Unidad Educativa Fe y Alegría están entusiasmados con la canción. El video de la presentación fue entregado a los alumnos para que lo utilicen como material de ensayo. El director del Ministerio de Cultura en Santo Domingo, Erick Morán, comenta que la idea es que el proyecto vaya más allá de la presentación y que sea una herramienta para fomentar nuevos conceptos que alimenten al lenguaje de señas.

Fe y Alegría en Santo Domingo mantiene otros proyectos de inclusión con personas con discapacidades auditivas.Uno de estos comprende cursos de computación dirigidos con apoyo de traductores.

Hasta el momento, se han capacitado a 2 500 personas para que aprendan a trabajar en documentos, grabar discos y guardar información en memorias. Para estas personas es ver concretados algunos de sus sueños. Fátima Pullaguari incluso está considerada para ser tomada en cuenta en una próxima canción que Elyssa Vaca está preparando.

Gracias a su buen performance, la necesita como bailarina de su nuevo proyecto, que espera concretar hasta fin de año.

Inclusión

Esta canción fue traducida por jóvenes con discapacidad auditiva en Sto. Domingo

Ensayos 
Para la propuesta se ensayó una semana

Presupuesto
El Ministerio de Cultura financió el proyecto

Incentivo
Los participantes son alumnos destacados

Inclusión
Otros alumnos se preparan para participar

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