27 de septiembre de 2015 15:26

Una nube de polvo y música en el Cornetto Live & Music Fest

La banda argentina Babasónicos cerró el Cornetto Love & Music Fest. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La banda argentina Babasónicos cerró el Cornetto Love & Music Fest. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Flavio Paredes

La nube de polvo era enorme. Los saltos y zapateos del ‘pogo’ sobre El Potrero de la Hacienda San Luis, en Lumbisí, siguieron –el sábado, 26 de septiembre- los ritmos y los cantos de las bandas que pasaron por el escenario del Cornetto Love & Music Fest.

Desde el mediodía, hasta pasada la medianoche, sonidos alternativos de bandas locales y de los argentinos Babasónicos movieron a la euforia y a la diversión. Mala vibra no quiere ganar, Los Valverde, Les Rat, Da Pawn, Guanaco y Sunshine and The Makensi Sound pusieron las notas durante la primera mitad del festival, hasta eso de las 18:00, cuando tocó el turno a Bueyes de madera y más gente se hacía presente en ese espacio del valle de Tumbaco.

Los controles en el ingreso fueron estrictos; algunos, excesivos, como lo demostraron las señas y voces de protesta de quienes sentían vulneradas su privacidad y ciertas partes de sus cuerpos.

Uno de los 'pogo' durante la presentación de Rocola Bacalao, en la Hacienda San Luis, en Lumbisí. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

El  'pogo' durante la presentación de Rocola Bacalao, en la Hacienda San Luis, en Lumbisí. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La onda de Bueyes de Madera, bajo los últimos rayos de sol, se extendió hasta el público durante el lapso que les correspondía sobre el escenario. Entre lo folk, la propuesta de la banda se conjugaba con el arte visual, en dibujos proyectados sobre el fondo del escenario.

En seguida -tomando en cuenta los cambios de banda y la preparación del escenario - llegó la voz de Mariela Espinosa que, en un juego limpio con la interpretación instrumental, definió la propuesta de Munn. La audiencia se volcó a ese sonido y se convirtió en vítores y aplausos después de una de las actuaciones mejor presentadas de la jornada, a cargo de –quizá- la propuesta mejor pulida del escenario joven ecuatoriano.

Las filas eran extensas ante los puestos de comida y lo mismo en espera de un Cornetto. "No cualquier helado, un Cornetto", sentenciaban quienes esperaban endulzar y refrescar su gusto entre banda y banda. Avalando, así, la estrategia de posicionamiento de marca que soportaba al festival musical y –de alguna manera- congratulando la apuesta de la empresa privada en la generación de estos espacios.

Con Los Alkaloides, la nube de polvo creció. Película de bajo presupuesto, Degenerar, Ella viene del futuro transportaban a los oyentes a dimensiones paralelas. Los matices vocales y sonoros de la agrupación definen un registro diferente en el compendio del rock nacional de los últimos años. Diversión y experimentación se vinculan a esa propuesta, con un rango amplio de referencias, que cultiva una esencia independiente.

La música de los Swing Original Monks encendió al público que asistió al concierto. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La música de los Swing Original Monks encendió al público que asistió al concierto. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Quizá fue con Swing Original Monks que se sintió el clímax de la música local en el Cornetto Love & Music Fest. La Fiesta popular de su primer tema en escena se prolongó durante toda su actuación, llevando el baile a cada rincón donde hubiese público. Las fusiones de su sonido, la energía de los integrantes de la banda y la propuesta visual de su presencia sobre escena confluyen en quienes son –hoy por hoy- la cumbre de la movida alternativa desde territorio tricolor.

La que fuera conocida como ‘la banda más chimba del Ecuador’, Rocola Bacalao, mostró un show dispuesto por el pasado o el anacronismo. Tocaron las viejitas de su repertorio y compartieron minutos y canción con quien fuera uno de sus iniciadores, Paolo Moncagata. Si el público esperaba Guayaquil City, el más reciente de sus temas populares, esperó en vano. Con 16 años de trayectoria, la banda sobrepasaba la edad de algunos entre los oyentes, siendo Quiero un chaulafán (Lunes papas…) el tema con mayor complicidad. Las versiones sobre Pink Floyd y Molotov, más bien movieron al desconcierto.

El repertorio de Rocola Bacalao incluyó sus viejas canciones. Foto. Diego Pallero / EL COMERCIO

El repertorio de Rocola Bacalao incluyó sus viejas canciones. Foto. Diego Pallero / EL COMERCIO

Babasónicos concentraba la expectativa, en algo coartada por el anuncio ‘sorpresa’ de que La Máquina Camaleön –banda con un gran perfil entre la más reciente música local - tocaría después de ellos, con el riesgo y la incertidumbre de público que aquello encaraba.

Los argentinos recorrieron temas de Infame, Anoche, A propósito, Romantisísmico, entre otras placas. Si bien su actuación incluyó los dejos y posturas de Adrián Dárgelos, su vocalista, en general la presencia de la banda se comparó deslucida de frente a sus actuaciones anteriores en el país, desde el ‘mítico’ Pululahua, Rock desde el Volcán, el Ágora de la CCE y el QuitoFest. Algunos de sus temas en vivo probaron ritmos y ‘mixes’ distintos a los de sus álbumes de estudio. A pesar de ciertas sombras, a Babasónicos siempre será difícil opacarlos y el público conectó con sus temas más difundidos, Putita, Y qué, Risa, Carismático, Fizz, La Lanza… Canciones coreadas por esas gargantas que hasta ahora deben sentir una textura polvorienta…

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