19 de junio de 2014 16:23

Magia, poesía y otras historias con Daniel Vallejo

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Diego Ortiz. Redactor

En las fotografías en las que se promociona sus espectáculos de magia y poesía, Daniel Vallejo luce como un hombre de carácter fuerte, serio, y con la misma mirada imponente de quien se aproxima a un edificio solamente para reducirlo a pedazos.

Observaciones del pasado de Daniel Vallejo

Pero fuera del mundo del espectáculo, el poeta, próximo a convertirse en un treintañero, es completamente opuesto a lo que se proyecta en los afiches que promocionan sus actos. Es un hombre amable, de paso lento, algo retraído, y con mucho de qué hablar.

Desde muy joven, casi cuando era aún niño, Daniel se encontró con la literatura gracias a la ayuda de su hermano. Textos de Benedetti y Neruda fueron los primeros de los que se iba alimentando el novel lector. Ahora, años más tarde, recuerda que su mundo no sería el mismo sin aquellas lecturas juveniles.

En el teatro de Daniel Vallejo

Pero la poesía no fue algo que llegó inmediatamente. Fue en la universidad, cerca de sus veinte, cuando esta empezó a demandar a Daniel una escritura propia. De ahí en adelante ha pasado aproximadamente un decenio para que él se anime a publicar un poemario, al que ha titulado ‘Convivencias’. El libro aún no está listo, pero espera que hacia mediados del próximo año ya pueda mirar sus textos en un solo cuerpo.

Mientras tanto, Daniel y su novia, la Maga Melyna, siguen trabajando en el proyecto ‘Juguetes Bohemia’, en el que entremezclan magia y poesía en un mismo acto. Para él, la fuerza que posee la poesía es única, incapaz de quedarse enclaustrada entre las páginas de un libro. La palabra poética es libre, y es en esa libertad en la que encuentra nuevas formas de posicionarse entre las personas.

Me alejo de los sonetos de Daniel Vallejo

Sin embargo, la actuación no es su mejor destreza. El movimiento, la comunicación con el público o el desarrollo de una escena son cosas que lo intranquilizan. Con el paso del tiempo, espera adquirir la pericia para no sentirse un extraño sobre las tablas.

Antes de que él vuelva a ensayos y trabajo, una pregunta de rigor: ¿quién es el poeta? Daniel lo piensa por unos segundos. Luego, con un tono pausado, responde que este es el constructor de la palabra. Su labor se asemeja a la del vigía: atento a todo aquello que se dice o se escribe.

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