3 de octubre de 2015 00:00

La tradición montuvia es eje de una ruta turística

El paseo en canoa por el río Babahoyo hace especial el recorrido turístico que ofrece Samborondón. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

El paseo en canoa por el río Babahoyo hace especial el recorrido turístico que ofrece Samborondón. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

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Juan Carlos Mestanza
Coordinador
(F - Contenido Intercultural)

El primer punto del recorrido recrea el trayecto que, en antaño y ante la falta de caminos, realizaban los campesinos en canoa para trasladarse a la cabecera cantonal, a otros poblados e incluso a Guayaquil, sea por paseo o por el traslado de sus productos.

El muelle de la parroquia Tarifa recibe a los turistas interesados en conocer más de la cultura e historia de Samborondón, cantón guayasense caracterizado por su producción de arroz.

El río Babahoyo traslada a los visitantes por esta experiencia. En un recorrido de 25 minutos en canoa –en carro es apenas 5 minutos- se puede apreciar aves, la actividad del agro e incluso varias casas de hacienda. Al llegar, junto al muelle, está el monumento de uno de los íconos montuvios: la pelea de gallos.

Una primera parada que incluye el infaltable ‘selfie’. Es uno de los atractivos del programa turístico dominical ‘Vive la Experiencia Samborondón’, promovido por su Municipio.

Según su alcalde José Yúnez con este programa se busca, además de atraer turismo, mantener vigentes tradiciones y costumbres propias del folclor de la zona y que luchan por mantenerse frente a la modernidad y la tecnología.

Un sitio infaltable en la visita es el coliseo de gallos Espuela Brava, en las calles 24 de Mayo y El Oro, una de las tres galleras de la localidad. En los exteriores, al menos 50 gallos están en jaulas individuales. El cacareo de los mismos matiza la cotidianidad de la barriada.

A sus 82 años, David Mayorga es el gallero más antiguo del cantón. Cuenta que su afición nació cuando -niño- acompañaba a su padre a las lidias de gallos en otros recintos, navegando por el río.

La presentación de grupos folclóricos matiza la degustación de la gastronomía en la Plaza Cívica. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

La presentación de grupos folclóricos matiza la degustación de la gastronomía en la Plaza Cívica. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO

El octogenario pide a su hijo Vidal Mayorga que le ponga “guantes” a dos gallos para lanzarlos en el ruedo. Ese implemento evita que se hagan daño, pues sustituyen a las mortales espuelas.

Luego la visita lleva a La Paz y 24 de Mayo, en el taller de canoas de Ricardo Rodríguez, conocido como ‘el Ñato’. Tiene 55 de sus 70 años en el negocio de los astilleros. “Confeccionar una canoa toma unos ocho días. Ya terminada cuesta unos USD 1 800”, dice.

A continuación, el Taller de Alfarería Vargas muestra un sello propio de Samborondón, el trabajo de ollas y utensilios en barro. En las calles 31 de Octubre y Rocafuerte, Walter Vargas muestra cómo elabora vasijas e incluso invita al visitante a palpar este trabajo antiguo. La explicación incluye todo el proceso que termina con el utensilio listo para su venta.

El recorrido incluye una visita al antiguo Palacio Municipal, de cerca de 100 años, que, tras ser remodelado, hoy es el Museo de Samborondón.

Para cerrar el paseo familiar y recuperar fuerzas, lo mejor es la gastronomía popular. Fritada, seco de pato, salchicha, dulces, son opciones en la Plaza Cívica, junto al Muelle Municipal.

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