24 de abril de 2015 22:26

Narrativas para la fotografía de modas

En la imagen Naomi Campbell (izq.), Nadga Auermann y Kate Moss. La colección Musas recoge momentos íntimos, naturales y femeninos. Fotos: Cortesía de.

En la imagen Naomi Campbell (izq.), Nadja Auermann y Kate Moss. La colección de Jean Marc Manson  Musas recoge momentos íntimos, naturales y femeninos. Fotos: Cortesía de Marc Manson.

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Alexander García
Redactor (I)

Carla Bruni en la ducha, Naomi Campbell en su cama, Kate Moss tras bambalinas encendiendo un cigarro previo a desfilar en traje de novia. La lista de las modelos internacionales que Jean Marc Manson ha fotografiado en la intimidad es larga. Y se le suman figuras como Linda Evangelista y Nadja Auermann, la alemana que ostentara el récord de la modelo con las piernas más largas del mundo.

El fotógrafo francés, que estuvo de visita está semana en Ecuador, cree que estas supermodelos le regalan sus poses más inusuales porque se crea un vínculo de cariño en el trabajo, pero sobre todo porque necesitan transmitir algo de lo que llevan dentro.

Esas sesiones en espacios íntimos y femeninos son asumidas por el fotógrafo como un acto de entrega y generosidad por parte de ellas. “Las mujeres muy bellas saben que son hermosas, y si nos ponemos en su piel es difícil ser siempre admirado por tu belleza y no necesariamente por tu interior, que es lo que necesitan expresar”, explica Manson, quien publica sus trabajos en revistas reconocidas como Vogue, Elle, Glamour y Vanity Fair.

Una selección de estas ‘Musas’ de Jean Marc Manson son exhibidas desde ayer en la galería L’Etage & Co, de Quito.
Las claves son las mismas que el trabajo más comercial: exaltar la belleza de una forma narrativa, sostiene. “La belleza es también emocionante, es eso que te hace voltear a ver una mujer en la calle”.

Manson, cultor del blanco y negro, que llena de glamour y feminidad sus tomas, indicó que una de las claves de su trabajo es siempre tratar de contar historias.

“Me baso en una historia, en un libro o una película e inmiscuyó en ellas a las modelos. A ellas no les puedes decir simplemente ponte ahí y ya está, tiene que haber una actitud, que le dé vida a la toma”, indicó. “Tengo en el subconsciente -creo que lo tenemos todo- un ojo que está siempre queriendo contar algo”, resume este especialista.

La fotografía fashionista tiende a regresar siempre al punto de partida, ante lo que propone un ejercicio de constante reinvención. La moda esta en la actitud que desarrolla la mujer, indica.

Con más de tres décadas con cámara en mano, Manson considera que el oficio sigue siendo el mismo, a pesar que ha tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías, con Photoshop como “una gran herramienta” que desde su visión no debería eclipsar la esencia del trabajo.

Manson toma en realidad pocos desnudos, pero dice que curiosamente le piden mucho este tipo de trabajo. “Hay mujeres que les gusta retratarse desnudas, de todas las edades. Allí encuentro, en cambio, un juego de provocación, de sensualidad, de vanidad, de registrar un momento de tu vida, o se toma también la foto como regalo para una tercera persona”.

Jean Marc ofreció en Guayaquil -ciudad que visita por segunda vez- un taller para una veintena de profesionales, entre fotógrafos, publicistas, diseñadores y blogueros de moda. Temas como la fotografía publicitaria y de Street Style fueron abordados en un curso práctico de tres días. “No por preparar y producir más una sesión de ‘estilo callejero’ la foto debe de dejar de ser espontánea”, dijo.

Durante las jornadas, profundizó en el Street Style su evolución, épocas y lo que hoy representa un mercado potencial del Ecuador. El fotógrafo invita a pensar en la fotografía de moda como una industria en sí misma.

El francés, que entre su trabajo más personal cuenta con fotos de viajes y paisajes, dice que su interés por la ropa, por cómo se vistan las mujeres y lo que quieren transmitir a través de las prendas, se remonta a su niñez: su madre trabajaba en la moda y su casa estaba llena de revistas.

“Empecé a hacer fotos de moda seguramente sin darme cuenta, a mis amigas”, dice. Pero fue su trabajo como ayudante en un estudio de fotografía el que le permitió entender cómo funcionaba el sector y le dio el impulso para asumir la profesión. En el taller en Guayaquil intentó acercar a los participantes a los procesos de trabajo de las revistas y estudios europeos.

La diferencia entre una buena imagen y una gran fotografía “es un hilo muy fino”: un instante provocado o accidental, una mirada, una actitud, un gesto, “una cosa especial, mágica casi”, agregó. “Ese es uno de los miedos, que sabes que cuando pasó y a veces no lo captas, ese momento no vuelve… Pero hay que superarlo y continuar”.

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