17 de diciembre de 2016 00:00

Diciembre, un mes intenso para misioneros católicos y mormones

Elder Herrera (derecha), junto con misioneros en la sede de los mormones en Quito.

Elder Herrera (derecha), junto con misioneros en la sede de los mormones en Quito. Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Diego Bravo
Redactor (I)

Solamente pueden comunicarse telefónicamente dos veces al año con sus familiares. Una durante la segunda semana de mayo, por el Día de la Madre, y otra el 24 de diciembre. Los evangelizadores de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no pueden recibir visitas durante el tiempo que dura su misión religiosa: dos años para los varones, y 18 meses para las mujeres.

Ante eso, la Navidad es la oportunidad para hablar con sus parientes porque apenas pueden comunicarse con ellos una vez por semana a través de correo electrónico. “Si vienen, distraerían nuestros pensamientos. Son tiempos de consagración total y después podremos retomar nuestras vidas”, comenta el colombiano Elder Herrera, de 20 años, quien predica el evangelio en el norte de Quito. Aclara que no se llama Elder. Así los nombran a todos, para que desarrollen su tarea de misioneros. El término significa ‘anciano’ en inglés. No pueden revelar su nombre, solo el apellido, ya que así se los identifica.

En ocho días se celebra el nacimiento de Cristo. Según el último estudio sobre filiación religiosa del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC), el 80,4% de los ecuatorianos creyentes pertenece a la Iglesia Cristiana Católica, mientras que el 11,3% acude a la Cristiana Evangélica. El 1,2% son testigos de Jehová; 0,37%, mormones; 0,29%, budistas; 0,26% judaístas; 0,12%, espiritistas y un 5,92% de otros grupos.

En el mundo, los porcentajes son similares, indica la encuesta que la organización Pew Research Center de EE.UU. levantó en 18 países, uno de ellos Ecuador. Hasta el 2014, el porcentaje de católicos fue del 79%, mientras que pentecostales, bautistas, adventistas, metodistas y otras denominaciones protestantes sumaban el 13%. Otros grupos sin creencia religiosa llegaron al 5%.

En la Iglesia Católica, los 60 000 catequistas de Ecuador se alistan para celebrar el nacimiento de Jesús. Lo confirma el padre Juan Carlos Garzón, secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Magisterio de la Iglesia.

En estas fechas, ellos preparan a los chicos para la Primera Comunión y la Confirmación. Les cuentan cómo se presentó el ángel Gabriel a María y recuerdan el nacimiento del Niño Dios con la visita de los pastores al portal de Belén.

En la parroquia de Yaruquí, al oriente de la capital, los catequistas del centro de formación cristiana Padre Aldo Canzi ensayaron villancicos con los alumnos. También organizaron para este sábado 17 de diciembre de 2016 el pase del Niño, en el que los pequeños se disfrazarán de ángeles, reyes magos, María y José.

Jennifer, de 13 años, es la predicadora más joven en Yaruquí. Asegura que, al principio, sentía nervios porque instruía a chicos que tienen casi su edad y temía que no le iban a hacer caso, pero con el tiempo se acostumbraron.

Ahora, ella cursa el noveno año de Educación Básica y alterna sus estudios con esta enseñanza. Todos los viernes prepara los temas que trabajará con los niños.

Para su formación como catequista, ella recibió cursos de instrucción en la iglesia parroquial, junto con otros jóvenes. Dice que con esa actividad sirve mejor a Dios.

Carmen Loor, de 38 años, es coordinadora de la catequesis. Comenzó su labor de forma voluntaria, no tiene salario. Dirige a más de 50 personas, de 13 años en adelante, que dictan clases para más de cien chicos.

Garzón precisa que esa actividad puede ser desarrollada a cualquier edad, desde adolescentes hasta adultos mayores. Añade que los instructores deben tener liderazgo, buen trato, profunda oración y pedagogía para instruir a los niños.

No en todas las doctrinas se celebra la Navidad. El quiteño Juan Suquillo, de 57 años, es director del Centro Islámico del Ecuador, con 1 200 fieles.

En 1981, él era teniente del Ejército y perdió su mano luego de que le estallara una mina terrestre en la guerra de Paquisha, con Perú. Tras eso sintió el llamado del Señor, pero le era difícil entender la trinidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo de los católicos. En el Islam, encontró a un solo Dios: Alá.

Respeta las costumbres de otros credos y cada año acude a las cenas de familiares católicos. En su religión, Jesucristo es el vigésimo cuarto profeta de los 25 del Corán, libro sagrado del Islam. Otro musulmán es el egipcio Amer Nabil, de 34 años. En su creencia, a los misioneros se les llama ‘guías religiosos’ y para serlo deben estudiar con los sabios del Islam, conocer de Mohamed.

También deben seguir carreras relacionadas. En su caso, él se preparó en Ciencias Islámicas en la Universidad de El Cairo y es guía religioso en la mezquita de Cali, Colombia.

“En mi país hay musulmanes que dan regalos y festejan estas fechas. También pasa en Emiratos Árabes, Qatar, Argelia u otros, pero más como una ­imitación social”, cuenta.

Eso no ocurre entre los 74 079 misioneros mormones que hay en el mundo. De hecho, ellos se prepararon para la Navidad desde inicios de este mes, explica el obispo Byron Meza. El pasado 4 de diciembre, ellos tuvieron la ceremonia Devocional desde la Manzana del Templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Salt Lake City (Estados Unidos).

Esta fue seguida por los 234 606 miembros de esta Iglesia que hay en Ecuador, a través de videoconferencia. Los anuncios proféticos del nacimiento de Cristo, la plenitud del relato de la Navidad, los dones del Espíritu Santo y de paz fueron los temas que se abordaron en la sesión. Meza y Herrera los siguieron con devoción, así como otros misioneros que están en el país.

En el país y el mundo, los misioneros mormones acceden a un fondo perpetuo para la educación para continuar con sus estudios universitarios.

Meza anota que se orienta básicamente a carreras técnicas que cuenten con mercado laboral y de acuerdo a los requerimientos del país. Al finalizar la profesión, los alumnos deben devolver el dinero, para ayudar a otro joven misionero.

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