16 de junio de 2014 10:20

Miriam Chuchuca: '¿Qué van a dejar para sus hijos... Una tierra contaminada?'

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Ivonne Guzmán. Editora

Introducción:

A la casa de Miriam ­Chuchuca, en San Pedro de Escaleras (a 40 min. de Cuenca), se llega con instrucciones: primero a la iglesia, luego a una casa verde con techo rojo y de ahí hasta la siguiente entrada, donde hay solo una casa. Cuando finalmente llego, Miriam no está; sigue con sus vacas, esperando mi llamada para subir. Esta pequeña ganadera, que trabaja de domingo a domingo, es conocida en las huelgas que reclaman derechos campesinos y tiene un solo deseo en la vida: que la minería no ensucie el agua de Quimsacocha.

Testimonio:

Ahora que ya tengo 40 años me siento más responsable y me doy cuenta de que la gente me estima más, me respeta más. También tengo más cargos, porque a mis años me toca ser más responsable, llevarme más con la gente de la comunidad. Aunque yo nunca he trabajado por tener un puesto, los compañeros sí me han planteado ser presidenta (de la junta parroquial), pero les he dicho que no. Y todavía no sé si cambiaré de opinión para las próximas elecciones. Veremos.

A mí siempre me ha gustado querer a la naturaleza, protegerla y por eso he estado en pie de lucha en las manifestaciones con mis compañeras. Hace unos 10 años recién me junté con ellas.

Ahorita soy vicepresidenta en la comunidad de San Pedro de Escaleras y también soy secretaria de una organización en Victoria del Portete, que recién se creó, donde están reunidas 101 mujeres que crían aves de corral; me metí porque a mí siempre me ha gustado colaborar en la venta de los huevos y ahí me ­pusieron de secretaria.

Antes nunca salía a reuniones ni nada, porque siempre estuve encargada de mis seis sobrinos, hijos de mis hermanos que estaban en Nueva York. Por eso no me casé; ni un enamorado tuve. Uno de mis sobrinos se quedó de 1 año y 7 meses. Ellos son como mis hijos. Aunque a veces me sé arrepentir de no haber hecho mi propia vida, porque mis sobrinos ya se van cada uno por su lado. Y yo solo me pasaba en la casa trabajando: entre mis sobrinos y el ganado, ah, y también trabajaba en la máquina (cosiendo polleras). Pero como escuché del problema de Quimsacocha (área que es patrimonio natural, cuyo reservorio de agua está ubicado en una zona donde el Estado ha autorizado la explotación minera) me empecé a interesar y fue gustándome.

Dicen que la minería se va a dar porque se va a dar, entonces yo les digo a mis compañeras que tenemos que seguir en pie de lucha porque nosotros vivimos de la ganadería, no tenemos ningún título. Somos campesinas, nos gusta estar en una huerta, sembrando… esa es la vida de nosotras. La madre tierra nos mantiene, vivimos de la leche. Yo digo: si se da la minería, ¿qué va a pasar con todos nosotros?

A las cinco de la mañana tengo que levantarme todos los días, hasta el domingo, porque no hay descanso en la agricultura. Y a las siete o a las ocho de la noche ya me voy a dormir; aunque a veces también a las diez, porque toca ir a las reuniones.

En cinco o en diez años más yo me veo todavía aquí luchando por el agua; hace poco me querían llevar a trabajar en Cuenca de empleada doméstica, pero qué va a pasar si les abandono a mis papás y a la naturaleza. ¡Cómo les voy a dejar abandonando! Yo siempre les digo a las compañeras: ustedes que tienen hijos y nietos deben estar más preocupadas que yo. ¿Qué van a dejar para sus hijos, y para los hijos de sus hijos, una tierra contaminada? ¿Qué?

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