27 de mayo de 2018 00:00

Mayasquer, la ruta del oro en el norte del Ecuador

Volcán Cerro Negro de Mayasquer, ubicado en la parroquia  Maldonado, cantón Tulcán. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Volcán Cerro Negro de Mayasquer, ubicado en la parroquia Maldonado, cantón Tulcán. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Amílcar Tapia Tamayo* (O)

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La historia de la zona norte del Ecuador, sobre todo la fronteriza, no ha sido estudiada a profundidad. Una prueba de ello es la falta de informes documentales sobre los antecedentes que tuvieron los geógrafos para realizar el trazado de la línea fronteriza Muñoz Vernaza-Suárez, en 1916, que fijó los límites definitivos entre Ecuador y Colombia.

En la actualidad, el sector noroccidental de la provincia del Carchi se halla ocupado por las parroquias de Tufiño, Maldonado, El Chical y Tobar Donoso, del cantón Tulcán, sitios que se han vuelto conflictivos debido a problemas de seguridad nacional.

Los pueblos fronterizos, sobre todo de Carchi y Nariño, tienen un pasado social común, pues ambos provienen del pueblo Pasto, el cual tuvo dos regiones bien diferenciadas. La primera perteneció al señorío de los Iles (Ipiales, Pupiales, Chiles y otros; por el norte llegaba hasta el río San Juan en tierra de los Quillacingas, y por el sur, hasta el río Carchi, el cual dividía las posesiones con los caciques Tulcanaza, cuyo asiento principal era Tulcán: tul=el que cuida o guarda y ca o can=posesión, territorio. (Gente que cuida una heredad. ‘Toponimia y Antroponimia’, Carlos Emilio Grijalva, 1947, pp. 35-50).

La segunda, desde el Carchi hasta el río Chota, o llamado antiguamente Coangue. (Juan de Burgos, ‘Informe al Rvdo. P. Miguel de Ecinch, Prvcial de la Cñía. de Js. sobre las haciendas de Coangue Chota, 1723, BAEP)’ y que más tarde fue conocida como ‘Provincia de los Pastos’, ya dentro de la Real Audiencia de Quito, cuyo centro principal fue el pueblo de Tulcán.

Cuando Benalcázar y Tapia llegaron en 1535 a la región de los Pastos, consideraron que el pueblo más numeroso de la región era el ubicado en el valle de Atrís, razón por la que en 1537 se fundó la ciudad de Villa de la Villaviciosa de San Juan de Pasto.

En el lugar se asentaron los principales encomenderos de la comarca, quienes de inmediato empezaron a tratar de explotar las minas de oro y plata que existían en la región de Mayasquer, poblada por grupos pertenecientes a los Quillasingas, ubicados al noroccidente del antiguo pueblo de Tulcán, pero que no podían hacerlo por la presencia de varias tribus belicosas.

Las primeras noticias que tenemos sobre la zona, se las debemos al padre Benjamín Arteaga, en su rarísima obra ‘Apuntamientos sobre Mayasquer y Cumbal’ (Pasto, Imprenta del Dep., 1910, p. 10).

Los Quillasingas, tribu poderosa, dominaban estas regiones antes de la conquista, extendiéndose por el Norte desde Yacuanquer hasta Coayquer (toda terminación quer en idioma pasto significa pueblo); por el Sur, desde el Nudo de los Pastos o Boliche, hasta las planadas del Golondrinas (cerro) de Mayasquer; por el Oriente, desde Guamués hasta Funes (en lengua Quillacinga, la terminación es corresponde a selva o monte espeso); y por el Occidente, desde las planadas del Golondrinas, Cuelchío, los Chicales y Quinrul hasta Coaiquer (actual parroquia de Tobar Donoso), comprendiendo especialmente las montañas que quedan a un lado y al otro del alto y bajo Mayasquer (actual parroquia de Maldonado y parte del pueblo colombiano del mismo nombre).

Las minas de oro y plata se ubicaban a lo largo de la cuenca del río Plata, sobre todo en la zona de El Chical. El historiador colombiano Miguel Obando, en un pequeño folleto titulado ‘La fabulosa riqueza de las minas de Chical’, publicado en 1903, pp. 28-30 (Biblioteca Municipal de Pasto-Colombia), señala que “los principales encomenderos de la ciudad (Pasto) habían invertido fuertes sumas de dinero en la explotación de las minas de Quinchul y Mayasquer a pesar de los peligros corridos por la belicosidad de las gentes de la zona, que fueron dominadas en el siglo XVI por el famoso cacique García Tulcanaza, quien abrió -con apoyo de los religiosos mercedarios- el primer camino hacia la zona noroccidental de Tulcán, con el afán de llegar a la tierra de los Coaiqueres y Cariapas (Pailón) cuya tierra era muy rica en minerales preciosos.

Hubo por ello la tentativa de abrir un camino hacia el mar y exportar esos tesoros a Panamá y España. Este empeño es el primero en su género en estas tierras (…) Para el siglo XVIII, el cerro llamado del Plata, cuyo nombre se aplicó al río que pasa por sus contornos, poseía tal cantidad de mineral que era extraído por miles de indios mitayos, que los mineros no dudaban en dar como dote matrimonial de sus hijas toda la plata que podía equivaler al peso de su hija más el novio. A ellos se sumaban alhajas, manillas y varias prendas de oro que era extraído de las riberas del citado río (…) el terremoto de 1797, que asoló a pueblos de la Audiencia de Quito, también afectó a la zona de Mayasquer, con la circunstancia de que las dichas minas se perdieron totalmente en la convulsión de la tierra y fue casi imposible
volver a recuperarlas hasta nuestros días”.

El capitán Lorenzo de Aldana -nombrado por Francisco Pizarro, el 13 de enero de 1538, Gobernador de Quito y Quillacinga- dispuso que el mercedario padre Gaspar de Torres se internara en tierras de los Cayapas, Lambas y Lachas, para que los doctrine. “Estos poblanos mantenían tenaces luchas entre sí por la ambición del mando y el pago de tributos en oro y plata, todos ellos dirigidos por un cacique de nombre Pialungo, que vivía en el pueblo que llamaban Pailón y era antropófago.

Desde allí mandaba a su gente a masacrar y quemar las chozas de quienes no entregaban sus contribuciones, que consistían en prisioneros, oro y plumas de aves (…) todos vivían aterrados, por lo que estaban siempre en pie de guerra (…) a ello se sumaba la contienda que tenían con la gente de Tumaco y Barbacoas por el mercado de conchas marinas de hermoso color y tamaño que servían como moneda, por lo que arremetían contra la gente de Coaiquer para obligarlos a sus menesteres...” (Juan de Benítez, al comendador del convento de San Miguel de Ibarra, 1545, en ‘Informes Archivo del Convento de Santa Catalina’, folio 60).

Ante las alarmantes noticias llevadas a Tulcán por un emisario del cacique de Chical (Ibid.) en donde pedía protección para su gente, y para dar cumplimiento a la Cédula expedida por el rey Felipe II en 1563, por medio de la cual mandaba se exploren los territorios de la Costa que servían como límite con la Gobernación de Popayán, el corregidor de Otavalo dispone que el cacique García Tulcanaza acompañe al padre Torres y busque la alternativa de abrir un camino hacia el mar, luego de lograr la pacificación de las tribus de “Chical, Huntal, Quinchul, Singobuche, Cunaba, Yaguatene, Yambas, Curacha, Nempes y Pasao, todas ellas localizadas en la cuenca del río Plata y otros que van hasta el mar”. (A. Tapia, ‘Expediciones al noroccidente de la Real Audiencia de Quito’, Tulcán, Ediciones La Prensa, 1996, p.43).

Tulcanaza y el padre Torres cumplieron su misión en un lapso de 11 años, abriendo de este modo el primer camino hacia la Costa. Luego, en el ­siglo XVIII seguirían los caminos Ibarra-Lita-San Lorenzo del Pailón, y más tarde la ruta Quito-Nanegal-Mindo-Quinindé y Niguas.

Sobre el camino entre Ibarra y Esmeraldas, a finales del siglo XIX hay noticias de que el general Eloy Alfaro, por decreto del 6 de febrero de 1896, ordenó su construcción bajo la dirección de una junta presidida por monseñor Federico González Suárez, entonces obispo de Ibarra. Hasta el 14 de mayo de 1898, González Suárez informó al Congreso que se había avanzado 48 kilómetros y construido un puente, a un costo de 17 976 sucres. (Federico González Suárez, apuntes para su biografía, Leonidas Batallas, 1995, pp. 80-81).

En 1975, mientras gobernaba el país Guillermo Rodríguez Lara, se inauguró la vía Tufiño-Maldonado, iniciada por Velasco Ibarra en 1960; y la Maldonado-Chical, en 1982, en el gobierno de Osvaldo Hurtado.
 *Doctor en Historia. Autor de libros sobre el pasado nacional.

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