26 de March de 2015 20:14

A las mascotas también se honra luego de su muerte

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

“Jack, eres inmortal después de tu muerte, 2001- 2014”, “Sasha, descansa en paz”. Estas son algunas de las frases que están sobre las 30 lápidas del cementerio para animales que está en Puembo. El lugar es simbólico para sus dueños, que quisieron honrar a sus seres queridos tras su partida.

El cementerio abrió hace 10 años y desde entonces ha ampliado la oferta de servicios exequiales para mascotas. Gabriel Carrión, propietario de Lord Guau, dice que hay velatorios, cremaciones y entierros. Cada semana tiene dos o tres solicitudes, a escala nacional.

Hay cementerios en Cuenca y Guayaquil. En esta última también está el camposanto Campo Feliz. Ahí reciben cada mes alrededor de 10 solicitudes para enterrar o cremar a las mascotas. Comenzó a ofrecer el servicio hace dos años por el fallecimiento de la mascota Keiko de la dueña de la empresa. 

Carrión, también recuerda que su servicio comenzó cuando falleció su mascota. En el terreno de su domicilio destinó un lugar para su sepultura, con una lápida. Luego, ante los pedidos de amigos y familiares que se interesaron en la forma en la que enterró a su mascota, decidió dedicar una parte del terreno para que otros dueños hicieran lo mismo.“Así, pueden ir a dejar flores o simplemente visitar las tumbas cada vez que deseen”.

Karina Soto perdió a Martina, su gata de 12 años, en febrero. Ahora guarda sus cenizas en una pequeña urna en su sala que contiene una placa con su nombre.

Para ella, esta es una forma de superar mejor la pérdida del animal, que “se convirtió en parte de la familia”. Por eso algunas veterinarias han ampliado su servicio y ofrecen cremaciones.
La veterinaria Perros y Gatos, por ejemplo, opera desde hace 18 meses.

Antes -hace unos diez años-, explica el veterinario y propietario del lugar, Roberto Rueda, se consideraba esta opción únicamente cuando un animal tenía una enfermedad “contaminante y peligrosa”. Pero la aplicación es mayor.

El deseo de tener a las mascotas más cerca, el crecimiento de las ciudades y el poco espacio verde en los hogares para enterrarlos, ha llevado a que las personas comulguen con esta opción.

El precio de las cremaciones va desde los USD 150 hasta los 250, dependiendo del tamaño de la mascota. El contrato en el cementerio se realiza por cinco años con posibilidad de renovación.

El proceso de cremación empieza cuando el animal es colocado en un horno refractario a una temperatura de entre 800 y 950 grados centígrados. Ahí permanece durante dos horas y media hasta quedar en cenizas (un kilogramo). Esta es entregada a sus dueños entre 24 y 48 horas después.

Los servicios pueden incluir urnas de mimbre o de madera personalizables con dibujos, fotos o frases.

Este es un proceso “completamente ético, ecológico, que solamente acelera la descomposición de la materia” y permite que los dueños puedan tener a su mascota cerca, señala Rueda.

Para Alejandra Jiménez “no había mejor lugar” para que su perro descanse en paz, que en su casa. La joven, de 24 años, se enteró de los servicios exequiales cuando murió Peggy, una french poodle de 15 años.

Su mascota la acompañó más de la mitad de su vida. La pérdida afectó a toda su familia y ella se negó a dejarla enterrada en un espacio ajeno, “y que se llene de gusanos”. Colocó las cenizas en su cuarto, mientras le prepara un pequeño espacio “especial” en otro sitio de la casa.

El fallecimiento de una mascota significa “perder un hijo, hermano o mejor amigo”, explica Carrión. Por eso, a través de estos servicios se mantiene el vínculo afectivo y emocional.

Las empresas también ofrecen charlas motivacionales y acompañamiento psicológico después de la pérdida, sobre todo para que los más pequeños del hogar puedan aceptar la muerte del animal.

Además, en el momento de entrega de la urna, las personas reciben un certificado que avala el procedimiento de cremación y una carta con las condolencias por el fallecimiento.

En otros países se realizan velatorios, ceremonias de entierro o incluso se permite que el dueño sea enterrado junto a su mascota. Es el caso del cementerio de Harstdale, en Nueva York, que fue el primero para mascotas en Estados Unidos. Ahí incluso existen mausoleos para perros y gatos.

En el Ecuador se están realizando los primeros acercamientos con el Municipio para proveer la cremación a perros callejeros. Es una idea que promueve Lord Guau.

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