21 de octubre de 2016 10:07

María Amelia Viteri: ‘La nueva agenda urbana está muy lejos de cambiar los imaginarios de quiteños y quiteñas’

Dentros de los eventos de Hábitat III, María Amelia Viteri participó en un taller enfocado en la intersección de la ciudad y las diversidades sexogenéricas. Foto: Archivo/EL COMERCIO.

Dentros de los eventos de Hábitat III, María Amelia Viteri participó en un taller enfocado en la intersección de la ciudad y las diversidades sexogenéricas. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Carla Sandoval
Redactora (I)
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En el marco de la Conferencia Hábitat III que se celebra en Quito desde el 17 de octubre de 2016 se programaron más de 700 eventos. De ellos, solo uno fue un taller enfocado en la intersección de la ciudad y las diversidades sexogenéricas.

En el conversatorio participó María Amelia Viteri, Ph.D en antropología sociocultural de la Universidad San Francisco de Quito quien, entre otras cosas, habló sobre cómo se producen las exclusiones en las ciudades. Estas pueden darse, según explica, por distintos motivos y a diversos grupos sexogenéricos, étnicos y religiosos.

Las exclusiones, dice Viteri, nacen a raíz de la creación de estereotipos alrededor de ideas culturales sobre qué es lo femenino o qué es lo masculino. Esto es algo que va más allá de la orientación sexual y que se traduce al espacio público donde se manifiesta en casos de micro y macro agresiones.

En su conversatorio también se abordaron estrategias que podrían ser adoptadas para confrontar la discriminación. Para la antropóloga, todo está en la educación. “Los niños y niñas no nacen discriminando, aprenden a discriminar”, asegura. Si se tiene menores que crecen bajo esa consigna, cuando lleguen a la adultez participarán “menos o nada en exclusiones de otras personas que consideran diferentes”.

¿Qué ciudad va por buen camino en temas de inclusión?

Barcelona es una de las ciudades que ha trabajado intensamente para crear espacios inclusivos. No solamente para las comunidades Lgbt, sino mostrando cómo una discriminación sexista puede ser al mismo tiempo una discriminación homo, lesbo, transfóbica. Es un buen ejemplo actual.

Bogotá, no actualmente, pero hace al menos unos ocho años también lo era. Su alcalde emprendió un proyecto de visibilización de las diversidades por un lado y después formas de integración entre las comunidades diversas que son parte de la misma sociedad para reducir violencias en el espacio público.

¿Qué sucede en Quito?

Creo que Quito es una ciudad excluyente. Le falta mucho camino, mucho andar. Creo que tiene que pensarse desde la colonialidad. Mientras no arreglemos el rollo colonial que está basado en lo étnico racial poco podemos abrirnos a otras diversidades como las que tenemos como las migrantes o las sexogenéricas.

¿Cómo se volvió La Mariscal una zona tan incluyente hacia las comunidades Glbti?

La Mariscal es interesantísimo. Si miras la historia puedes ver cómo los empresarios pensaron la plaza Foch y su cambio para una clase media adinerada. Los restaurantes iniciales estaban pensados para un tipo de clase social. Nunca fueron pensados para esta diversidad internacional, local, étnica, sexogenérica y de más. Su plan inicial de atraer cierto tipo de población no funcionó porque vinieron al mismo tiempo, que se abrió la plaza Foch, una infinidad de personas para ofrecer servicios para todos los bolsillos.

Al diversificarse económicamente se empieza a diversificar de otras maneras y se crea un espacio que, creo, es el más diverso de todo el país porque congrega a personas de todos los países, de todos los barrios, de todas las diversidades, religiosidades, edades y clases excepto la clase adinerada que ya no entra a La Mariscal. Los empresarios con su idea perdieron la clase élite como consumidora de esa zona. A partir de eso se gana este espacio que si bien parece muy inclusivo vuelve a ser súper comportamentalizado.

¿Por qué?

Tienes un bar, un restaurante o un sitio de diversión para cada diversidad. Asimismo tienes jóvenes migrantes contratados en la puerta que van viendo si tu vas caminando cuál es tu presentación y te llevan a determinados lugares.

De alguna manera esta aparente diversidad vuelve a diversificarse dentro de los locales. Lo mismo sucede con los temas de clase dentro de lo que tú puedas pagar.

¿Ves algún otro sector de Quito en el que esté pasando algo similar?

No con esa intensidad y con esa vibración. Tienes nuevos barrios gentrificados como La Floresta que se extiende desde la Gonzalez Suárez, baja a La Floresta y la Gasca. Esta última con un nicho alternativo con precios más accesibles, pero que no es ni remotamente cercano a lo que pasa en La Mariscal.

¿Se está haciendo algo desde el Municipio para mejorar la inclusión de las comunidades Glbti en la ciudad?

Hay algunas políticas puntuales que podrían eventualmente mejorar desde la política pública la inclusión social. Además de las ordenanzas que ya están en su lugar. La Ley de Suelos podría ser mucho más inclusiva si se la lee, se la politiza por ejemplo para crear territorios de inclusión social. No zonas seguras, aisladas, casi como un gueto, sino espacios donde conviven de la manera más armoniosa posible las diversidades de la sociedad.

Sin embargo, si no hemos podido convivir, aceptar, las diversidades étnico-raciales es muy difícil añadir otra capa más, la de las diversidades sexogenéricas. Somos un país muy diverso que, sin embargo, ahora sobre todo en los últimos 10 años se piensa como solo mestizo.

¿El cambio es, entonces, de la mente a las leyes o viceversa?

Todo lo que nos dicen las ciencias sociales, toda la investigación empírica es que si tú no cambias la forma en la que las personas piensan la diferencia, en la que estereotipan la diferencia, en la que después desvalorizan y por tanto actúan en la diferencia con prácticas discriminadoras no hay ninguna ley que pueda combatir esa forma de pensar la discriminación, porque si está naturalizada, si tú aprendes a discriminar, no hay ninguna ley que impida que discrimines.

Puede hacerte pensar dos veces, puede reducir ciertas formas de discriminación, pero si tú piensas que está en tu derecho el discriminar o desvalorizar porque esa persona es diferente, ninguna ley va a hacer que tú cambies tu forma de pensar.

¿Y en términos de infraestructura?

Hay cosas muy puntuales que sí se pueden hacer. En otras partes del mundo, los baños neutrales han tenido efectos muy positivos de pensar el espacio y compartirlo de otra manera. Así también se quitan los estereotipos de quién hace daño a quién.

También se puede crear espacios no contaminados ni auditiva ni visualmente. Un espacio que está contaminado con basura, que es oscuro, cuyas calles están rotas y sus alcantarillas abiertas es un espacio que puede favorecer las discriminaciones basadas en diversidades sexogenéricas.

¿Qué debe tener una ciudad amigable con la comunidad Glbti?

Si se cree que por haber tenido una ministra lesbiana ya se ha conquistado el éxito se cae en un error. El respeto es fundamental. Si tienes una ciudadanía que respeta la diferencia, eso se va a traducir automáticamente en menos prácticas discriminatorias en tu andar por la calle. Menos epítetos de familiares a jóvenes, niños o adultos que se ven ‘afeminados’, menos epítetos peyorativos a niñas, jóvenes, mujeres que juegan algo como fútbol. Eso está cambiando pero siguen habiendo sesgos.

Si tienes una comunidad que respeta las diferencias vas a tener una comunidad que las valora. Si valoras las diferencias tienes una ciudad más segura para todos y todas y cualquier cruce en la ciudad de las diversidades va a ser de aprendizaje y no de odio o violencia.

¿Crees que la nueva agenda urbana implementa esto?

Mi impresión es que falta muchísimo. Creo que se han hecho esfuerzos puntuales. Sin embargo, ¿cómo conjugas la política pública con un cambio que es personal y colectivo? En ese sentido yo creo que la agenda urbana está muy lejos de lograr cambiar los imaginarios de los y las quiteñas.

Me parece que le falta muchísimo, me parece que la agenda oficial ONU- Hábitat es todavía tradicionalista, pensada en un tipo de urbanismo conservador. Me parece que tiene que ponerse al día de geografía crítica feminista, por ejemplo, para pensar las diversidades sexogenéricas entre otros.

No me extraña, me apena. Pero Hábitat no es un espacio que te va a cambiar políticas públicas ni imaginarios. Es un espacio para debatir entonces creo que también hay que entender los límites de un espacio para el hábitat. No te va a incidir directamente en política pública, ese es un trabajo que tenemos que hacerlo nosotros.

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