23 de diciembre de 2015 00:00

Los villancicos tienen toques andinos

Margarita Laso en el jardín de su casa, en el sector de Tanda

Margarita Laso en el jardín de su casa, en el sector de Tanda. Foto: Vicente Costales/El Comercio

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

Desde su infancia, las canciones de Navidad se convirtieron en parte de la banda sonora de su vida. Hace 20 años, las incorporó a su repertorio musical a través de una serie de conciertos que brinda en época navideña.

En compañía de su familia, Margarita Laso, ha recorrido decenas de iglesias cantando los villancicos de su niñez, pero también nuevas piezas a las que ha incorporado sonidos y motivos andinos.

¿En qué momento los ­villancicos empezaron a ser parte de su vida?

Mis primeras canciones de Navidad están asociadas al entorno familiar, sobre todo a mi madre. Cada año, ella tenía ese afán por armar el nacimiento. Era un momento especial porque se la veía llena de esperanza.

¿Tenía una canción de Navidad favorita?

No sé si era mi favorita, pero creo que Dulce Jesús mío es un villancico entrañable dentro de mi corazón. Para muchas personas es un tema superalegre, pero para mí tiene un aire de tristeza y nostalgia. Este tema fue uno de las primeros villancicos que grabé.

En el 2015, sus conciertos navideños cumplieron 20 años, ¿cómo se iniciaron?

Siempre he pensado que una de las funciones de los músicos, en una comunidad, es acompañar a la gente. La música ilumina las cosas que te pasan y otras veces las ahonda. Por eso armamos un repertorio para estar junto a las personas en estas épocas.

¿Recuerda cómo fue su primer concierto de villancicos?

Sí. El primer concierto fue en la galería Artes, que tenía una suerte de capilla. Era un espacio pequeño e íntimo. Recuerdo que en esa presentación estuvimos cuatro músicos, incluida mi hija Martina. Desde ese momento esto se convirtió en un proceso de sacar la casa y repartirla.

¿Qué canciones formaron parte de ese concierto?

Recuerdo que estaba Dulce Jesús mío y Ya viene el Niñito, pero también canciones que no estaban relacionadas con lo devocional o lo religioso, sino al entorno social, a la ­comunidad y a la fiesta.

En estos 20 años hay villancicos que se han convertido en icónicos. Uno de ellos es Gallito verde. ¿Cuál es la historia de esta canción?

Dentro del repertorio habíamos incluido canciones de niños peruanos y venezolanos y en un momento pensé que nos faltaba un niño de Quito. La letra y la música las puso Hernando González. Creo que gallito es una canción que permitió que nos viéramos entre nosotros y que ampliáramos nuestro cancionero nacional.

Otro de los villancicos imperdibles en sus conciertos es Manito de cera

Para mí, Manito de cera -un villancico que nos mandó Diego Luzuriaga-, es un tesoro. La canción hace referencia a los Niños que se elaboraban en la Colonia con cera de abejas. Lo que hemos querido -con nuestro repertorio- es incluir villancicos con motivos más andinos relacionados con la Navidad; por eso, nuestras canciones están llenas de pajaritos, burritos y borreguitos.

Durante años, los conciertos se concentraron en las iglesias de la ciudad, ¿por qué este año se in­corporaron espacios como el Yaku?

Creo que ahora las dinámicas en las iglesias en el Centro son diferentes de hace 20 años. No solo hemos tocado en las iglesias del Centro Histórico sino en espacios más populares, como La Magdalena, Guamaní, Nayón, Zámbiza... Creo que el Yaku es un extraordinario balcón de Quito que debería estar lleno de música todos los días.

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