15 de abril de 2017 00:00

La macana mueve el turismo en tres comunidades

FOTOS: LINEIDA CASTILLO / EL COMERCIO El taller de José Jiménez es uno de los más visitados.

 El taller de José Jiménez es uno de los más visitados. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO 

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Lineida Castillo
(F-Contenido Intercultural)

Las macanas, bufandas, ponchos y otras prendas originarias que manufacturan 14 artesanos de San Pedro de Los Olivos, Bullcay y Bulzhún, pertenecientes al cantón azuayo de Gualaceo, promueven el turismo comunitario. En estas prendas se representa la identidad y la cultura de la zona.

No hay una ruta definida. Cuando el turista llega a estos pintorescos pueblos encuentra a los artesanos elaborando las más finas y delicadas macanas, con la ancestral técnica del Ikat y el uso de telares de cintura. Ellos están en los corredores de algunas viviendas.

Se trata de un paño elegante, que lleva plasmado llamativos diseños de aves, flores, figuras geométricas... que utilizan las mujeres sobre la blusa para protegerse del frío o combinar su ropa habitual.

José Jiménez tiene 57 años y su taller-museo está en San Pedro de los Olivos. A diario recibe la visita de turistas locales y extranjeros que llegan para conocer la técnica de amarrar, teñir, desamarrar y tejer la lana con rústicos telares.

Él trabaja con su esposa, Ana Ulloa, y sus dos hijos. Cuando los visitantes ingresan, cualquiera de ellos deja pendiente lo que está haciendo y hacen la demostración gratuita de este arte, paso por paso hasta obtener la fina macana.

La mañana del pasado jueves, Jiménez dio la bienvenida a un grupo de franceses y les contó que -según sus abuelos- la palabra ikat viene de la lengua malaya y significa atar porque “la técnica consiste en amarrar secciones de hebras de lana –con fibras de cabuya- para proceder a su teñido”.

Con una muestra en sus manos les explicó que las partes de la lana cubiertas con la fibra conservarán el color original, mientras que en las secciones desprotegidas se impregnará la nueva identidad cromática. “Al desatar los nudos queda la policromía y se revelarán los diseños cuando los hilos pasen por el telar”, explica.

El artesano César Rodas, de 57 años, reconoce que con la declaratoria de la técnica de la macana como Patrimonio Inmaterial del Ecuador en el 2015, los tres pueblos se dieron a conocer en el mundo.

Ahora las operadoras de varias ciudades del país llegan con turistas. En ningún taller cobran el ingreso aunque en algunos les dejan propinas. Pero le sacan provecho porque hay visitantes que tras la demostración compran el producto, dice Rodas, de Tejidos Ikat de Macanas de Bullcay.

Para dimensionar la riqueza cultural de este arte, Blanca Rodas les cuenta a los turistas que con ella es la quinta generación de su familia que se dedica a este oficio. Mis vitrinas atesoran paños de más de 80 años, legado de mis abuelos, les dijo Rodas a los estadounidenses Nicolás Powers y Sophia Menabid, quienes se mostraron sorprendidos.

Los artesanos venden la macana económica en USD 35 y la más elaborada cuesta sobre los USD 150. Con la presencia de turistas y como complemento, en esta zona despuntó la venta de comida típica.

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