17 de julio del 2016 00:00

El retrato de un país de ficción

En el 2015 Patria o Muerte fue ganadora del XI Premio Tusquets de Novela, editorial española. Image forum

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Arturo Torres
Editor G. (O)

Aunque es un relato de ficción, Patria o Muerte estremece por su parecido con la frenética realidad venezolana.

Es el retrato de un país trizado. Expectante del avance de la enfermedad del coronel Hugo Chávez. Su drama se entrecruza con las historias cotidianas, dramas existenciales de seres anónimos, de aquellos que normalmente están alejados del ojo público.

Entonces aparecen los relatos del oncólogo Miguel Sanabria que trata de convivir y mediar entre su esposa Beatriz, que odia a Chávez, y su hermano Antonio, un militante consumado del chavismo. Este es el abreboca de la novela Patria o Muerte del periodista y escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka (TusQuets editores).

De un zarpazo el lector se zambulle en la vida de una venezolana, Andreína Mijares, recién llegada de Miami, donde ha vivido los últimos años, que debe lidiar con unos inquilinos que no quieren abandonar su apartamento. Entonces empieza un periplo entre los vericuetos de la densa burocracia bolivariana, que la conducen a tres mujeres de las barriadas pobres. Solo así logra adentrarse en ese mundo. “Jamás en su vida había pisado ese lugar. La pobreza, para ella, era un paisaje lejano, el sonido distante de las estadísticas”.

O el dilema de Fredy Lecuna, un periodista desempleado que viaja a La Habana para conseguir información confidencial sobre la enfermedad de Hugo Chávez.

El jubilado Sanabria ejemplifica un sujeto en vías de extinción, el profesional ecuánime, que intenta encontrar el centro en una nación imposible, devorada por la política, fracturada por los extremos, o estás con la revolución o eres su enemigo. La trama cobra intensidad y misterio cuando su sobrino, Vladimir, recién llegado de La Habana, le pide que esconda un celular que tiene una grabación secreta con el testimonio inédito de Hugo Chávez, durante los momentos más críticos de su enfermedad. Sanabria experimenta temor ante la presencia repentina de un individuo alto, con acento cubano, que se presenta en su domicilio. Ante la posibilidad de que se trate de un funcionario de inteligencia, guarda el celular en el bolso de Rodrigo, el hijo del periodista Lecuna, quien temporalmente está alojado en su apartamento.

El relato, que no tiene una estructura convencional de inicio, clímax y desenlace, es una sucesión rota de historias abiertas, pocas tienen un cierre. El hilo conductor es el desarrollo pormenorizado de la noticia a medias sobre la enfermedad de Chávez. Al comandante, Barrera lo muestra desde su lado más vulnerable: el del ser humano aterrorizado por la cercanía de la muerte. Impotente ante el progreso del cáncer que no perdona ni tiene concesiones con nadie, ni siquiera con él. El autor conoce bien al coronel. Antes (2005) escribió con Cristina Marcano su biografía, Hugo Chávez sin Uniforme.

Precisamente uno de los tramos más logrados del relato dibuja la forma en que el oficialismo transmite la condición del Mandatario, siempre tratando de ocultar algo, de no contarlo todo. De tener el control de la información a como dé lugar. Así sea para deformarla. Y de como Chávez había aprovechado la enfermedad para terminar de convertir la política en una religión. “Esta vez no solo quería ganar una elección, sino ganar un lugar en el cielo, convertirse de una vez por todas en un mito”.

Como en las buenas novelas, Barrera fusiona la realidad con la ficción sin sobresaltos. Las noticias, como aquella que el 13 de enero del 2012 reprodujo el discurso que durante nueve horas dio el Comandante en la Asamblea, desembocan en reflexiones contundentes sobre la sociedad venezolana y sus paradojas. “El país fue nuevamente el reino de la oralidad (…). La historia nace del relato. La fantasía es nuestra estadística. La fábula tiene más
poder que los hechos”.

En el libro los ambientes están comprimidos, estrechos. Se imponen los espacios cerrados: los apartamentos y los cuartos, en donde prácticamente se han recluido la mayoría de personajes, todos subyugados por la televisión, que es el vínculo obligado con los acontecimientos, con la retórica gubernamental. Así, la ciudad aparece como un escenario hostil y violento, donde todo puede suceder. El miedo a todo lo que ocurre afuera se plasma con intensidad en la historia de María (Mariposa) y su madre que viven solas en un apartamento en el centro de la urbe. “Un muerto más y te saco de la escuela”, es la amenaza constante de la madre a su hija. Con los días, la mujer cumple su palabra y condena María a un enclaustramiento hogareño. Así, la pequeña, de nueve años, encuentra en la Internet su única ventana de escape y comunicación con Vampiro, Rodrigo, quien es el hijo de Fredy Lecuna. María expresa una nueva generación infantil, hija de las redes y el condominio, ajena al juego en los parques y espacios públicos, tomados por la delincuencia y el crimen organizado.

El relato de Barrera es intenso hasta el fin. Combina un lenguaje rico en descripciones, metáforas y sentencias inteligentes. Quien recorra sus líneas seguro aprehenderá más de la sicodélica Venezuela.

Alberto Barrera Tyszca

Tiene publicadas varias novelas, libros de cuentos y de poesía; junto con la periodista Cristina Marcano es coautor de una biografía sobre Hugo Chávez, que ha tenido gran impacto internacional. Articulista habitual desde 1996 en el periódico El Nacional, y colaborador en la revista Letras Libres. Fue guionista de telenovelas.

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