24 de agosto de 2016 00:00

El largometraje ‘Agujero negro’ se filma a ritmo de ‘crossfit’

Diego Araujo (der.) prepara una nueva toma durante el décimo día de rodaje, en Cumbayá. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

Diego Araujo (der.) prepara una nueva toma durante el décimo día de rodaje, en Cumbayá. Foto: Julio Estrella/EL COMERCIO

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Fernando Criollo
Redactor (I)
fcriollo@elcomercio.com

Víctor y Marcela se miran fijamente parados junto a la cuna del hijo que está por venir. De pronto, él siente una extraña sensación y al bajar la mirada descubre que un líquido viscoso emana de su pecho.

Otras nueve personas de la producción observan atentos a la pareja, que se devuelve una extraña mirada, mientras el director Diego Araujo corta la escena.

Es el décimo día de rodaje de ‘Agujero negro’, el nuevo largometraje del director ecuatoriano que se filma en Quito; su ópera prima fue ‘Feriado’.

Se trata de una comedia romántica que sigue la historia de Víctor (Víctor Arauz), un escritor de 30 años que entra en crisis cuando al gran proyecto literario de su vida se suma el ines­perado embarazo de su novia Marcela (Daniela Roepke).

En la esquina de una habitación, en un edificio de departamentos en Cumbayá, Araujo revisa la imagen en el monitor. Hay algo que aún no le convence y pide repetir la toma.

El ambiente de silencio y calma del set se transforma en un correteo, en el que la vestuarista Paula Carrasco le ayuda al actor a sacarse la camiseta mojada y manchada para cambiarla por otra idéntica, que ella misma se ha encargado de lavar y secar con una plancha.

A los pies de Arauz, que mantiene su posición en el set, Lucy Da Silva (maquillaje) pide papel para limpiar las jeringas que impulsan el oscuro líquido a través de unos catéteres adheridos al cuerpo del actor.

Dos jóvenes pasantes de la Universidad San Francisco, que hacen de asistentes, se mueven de un lado a otro buscando el papel que pidió Da Silva, cinta adhesiva para fijar los catéteres o un trapo para secar el piso mojado, mientras el director de fotografía, Simón Brauer, vuelve a poner la cámara en posición con la guía de su asistente, Juan Rivero.

Todos los miembros del equipo saben que el tiempo es vital en una producción de bajo presupuesto, que se ha fijado como reto grabar una película en 18 días.

La ayuda no solo llega desde la gente que ha colaborado con aportes económicos a través de una campaña de ‘crowdfunding’ en el portal indiegogo.com -se espera recaudar USD 25 000- sino también de otras personas que a través de las redes sociales se ofrecen a prestar algunos elementos para la utilería.

A la orden del director, Julián Cordero pone la claqueta frente a la cámara y Sofía Coloma (asistente de dirección) da instrucciones para reiniciar la acción. Es el cuarto intento que se hace por obtener el efecto deseado en la escena 132.

Un rodaje tipo “crossfit” dice Arauz, refiriéndose al intenso ritmo de trabajo, con jornadas que en ocasiones han durado más de 12 horas. Pese al trajín, el actor asegura que existe un ambiente “bacán”.

El actor guayaquileño ha aplazado sus trabajos en televisión y teatro para permanecer en Quito hasta que termine el rodaje como muestra de su compromiso con la producción.

Luego de un receso para el almuerzo, todos vuelven al set, donde Da Silva ha conseguido aumentar la viscosidad del
líquido que sale del pecho de Arauz, mientras el director da la orden para volver a rodar.

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