28 de May de 2015 20:40

En Lagos, los microjardines son un pulmón verde en medio del caos

Un jardinero realiza labores de limpieza en césped del parque Ojota, en Lagos. Foto: AFP.

Un jardinero realiza labores de limpieza en césped del parque Ojota, en Lagos. Foto: AFP.

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Agencia AFP

En el caos de Lagos, donde viven 20 millones de personas, las autoridades decidieron explotar el mínimo espacio disponible, desde las rotondas hasta la tierra bajo los puentes, para convertirlos en pulmones verdes.

El parque Ndubuisi Kanu, encajonado entre imponentes edificios administrativos y una gran avenida del centro, es uno de esos microjardines formados por un césped bien cuidado, un área de juego infantil, una cancha de baloncesto, algunos bancos protegidos del sol y dos pequeños bares.

Monica Zunnyi-Abu, que frecuenta el jardín con sus dos hijos de ocho y diez años, decidió festejar el cumpleaños del mayor en el parque.

“Nunca hacemos fiestas al aire libre” y la mayoría de los cumpleaños a los cuales asisten sus hijos se festejan en imponentes salones o detrás de los muros de las residencias privadas, explica Zunnyi-Abu.

“Quería hacer algo diferente para los niños”, por eso la idea, descabellada para la mayoría de los nigerianos de la burguesía, de organizar la fiesta en el espacio público.

Más de 80 microparques en 15 años

Con el crecimiento de la población de Lagos en los últimos años, los proyectos inmobiliarios han ido engullendo poco a poco los parques de la capital económica de Nigeria.

Durante el largo periodo de dictaduras militares, la falta de planificación urbana terminó con los últimos espacios verdes.

Desde el regreso a la democracia en 1999, se han creado más de 80 microparques, afirma con orgullo Tunji Bello, el comisario de Medio Ambiente del estado de Lagos.

Bello recuerda con nostalgia los fines de semana que pasaba durante su juventud en Ikoyi Park, un oasis de verdor en el corazón del barrio residencial burgués de Ikoyi.

Para Michael Dosu Oyelude, un funcionario jubilado, Ikoyi Park era un verdadero regalo dejado por los colonos británicos después de la independencia en 1960.

Era “un gran espacio”, una “especie de remanso de paz” donde la gente se reunía para pasar el día o celebrar bodas, cuenta Oyelude.

En los años 1960 y 1970 era el paseo de los fines de semana, pero luego “el régimen militar lo convirtió en ciudad residencial”, agrega.

En la actualidad, Ikoyi Park se llama Park View Estate y es un gran complejo inmobiliario privado, con guardias de seguridad por todas partes, cuyas casas se alquilan por millares de dólares mensuales.

Bello, cuyo mandato llega a su fin, reconoce que es imposible volver a crear un parque similar al de Ikoyi, debido a los precios de los terrenos y a la especulación inmobiliaria.

Según este responsable, hubo que “pensar más chico” y rebajar las ambiciones.

La rotonda de Falomo forma parte de los 80 “parques” creados en los últimos años. Ese círculo de verdor, situado bajo un puente en medio de uno de los cruces más frecuentados de la ciudad, no inspira el descanso o la evasión.

Pero, durante la Navidad, la gente se aglutina para ver un pesebre iluminado y, con el tiempo, se ha convertido en un punto de concentración de militantes de todo tipo.

En 2012, sirvió de cuartel general al movimiento antigubernamental Occupy Lagosy durante varios meses estuvieron expuestos también los nombres de las 219 estudiantes secuestradas por Boko Haram en Chibok en abril de 2014.

La obesidad, un problema reciente

Indirectamente, esos espacios verdes, por pequeños que sean, podrían permitir luchar contra un problema cada vez más acuciante en Nigeria: la obesidad de los niños y adolescentes.

Según un estudio publicado en 2012 y elaborado por el departamento de pediatría de la Universidad de Lagos y el hospital universitario de la ciudad, cada vez más menores nigerianos se enfrentan a este problema.

Para Bello, una de las maneras de luchar contra este fenómeno nuevo es ayudar a los lagosenses a cambiar su forma de vida.

En esta megalópolis abarrotada día y noche, los habitantes tienen tendencia a acabar exhaustos tras pasar muchísimo tiempo en los transportes públicos.

Gracias al pequeño parque Ndubuisi Kanu, Zunnyi-Abu pasa ahora más tiempo fuera de casa y sus hijos también. Además, el cumpleaños que organizó contribuye a cambiar la visión de algunos lagosenses sobre su ciudad.

“Fue realmente fantástico”, explica. “Los niños no querían marcharse, no paraban de jugar. Y las familias estaban encantadas”.

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