1 de enero del 2016 00:00

Josué sigue su instinto a la hora de viajar

Desde septiembre, Josué Yépez estudia en Barcelona. Ese es un nuevo punto de partida para sus aventuras por el mundo. Foto: Álvaro Torrelli  para El Comercio

Desde septiembre, Josué Yépez estudia en Barcelona. Ese es un nuevo punto de partida para sus aventuras por el mundo. Foto: Álvaro Torrelli para El Comercio

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Ana María Carvajal
Redactora(I)
amcarvajal@elcomercio.com

Para ir adonde quiere, Josué Yépez no encuentra impedimentos.
Ni el bajo presupuesto ni la distancia ni las largas horas de viaje lo frenan cuando se propone conocer nuevos sitios.

Hace tres años, un revés laboral le empujó a su primera aventura. Como no consiguió un trabajo en una cadena farmacéutica, decidió que la mejor manera de invertir sus ahorros, antes de buscar otro empleo, era viajar hacia el sur.

Entonces, les propuso a dos amigos que lo acompañaran. Su madre Jeaneth Jarrín y su hermano Jean Carel se extrañaron por esa decisión repentina, pero lo apoyaron. Le compraron atún en conserva y ‘snacks’ para la mochila. Su madre le llenó de bendiciones.

Josué logró que USD 400 le bastaran para subsistir por 20 días en un recorrido por tierra entre Máncora, Trujillo, Lima, Nazca, Ica y Cusco (Perú); así como Titicaca, Copacabana y Uyuni (Bolivia). En el camino le recomendaron ir a Oruro, pues la fecha coincidía con el Carnaval. Nada en el viaje estaba planeado y menos esa diablada que “fue una locura”.

La madre notó que desde los 12 años, Josué tenía esa pasión por viajar. Él disfrutaba de cada vacación con la familia dentro del Ecuador; juntos hicieron un paseo por tierra hasta Cali, Colombia.

A medida que el muchacho crecía, también se desarrollaba esa curiosidad por hallar nuevos caminos, construir historias, descubrir culturas o, simplemente, sentarse un par de horas en un sitio cómodo, para admirar un nuevo paisaje.

En los últimos nueve años, la cantidad de ecuatorianos de entre 20 y 29 años que viajó al extranjero, por diversos motivos, creció en un 70%.

Josué pertenece a esa generación en la que lo prioritario es viajar. Sus vacaciones, los empleos que ha conseguido y su carrera profesional, en gran medida, están marcados por ese ímpetu de cruzar fronteras.

Hoy tiene 26 años y solo en los últimos tres ha visitado 10 países. Uno de ellos es España, en donde cursa una maestría en Marketing y Planeación Estratégica de Ventas. Barcelona es su actual punto de partida para emprender nuevas rutas.

Jean Carel está convencido de que su hermano mayor es un adicto a los viajes. Lo dice porque él es más hogareño, pero le gusta ver a su ‘brow’ feliz yendo de un lado al otro. También cree que ha podido lograr ese sueño, porque hasta hace tres meses vivía con su madre, y así es más fácil juntar dinero.

Desde los 18 años, Josué ha tenido distintos empleos, pero del que más disfrutó fue en una firma automotriz. Organizaba, una vez al mes, un evento 4x4 en distintas ciudades del país. Cuando lo hizo en Guayaquil, hace año y medio, conoció a Isabel Vera a quien logró conquistar. Se enamoró tanto que a Josué no le importaba viajar en bus o en su auto cada fin de semana entre Quito y Guayaquil para verla.

Isabel no se aventura mucho a ‘mochilear’, pero disfruta viajar con su novio. Hace un año fueron a Panamá: alquilaron un auto, porque Josué detesta los rígidos itinerarios de los tours. Esta vez también dejó de lado su mochila y cambió el hospedaje ‘low cost’ por un hotel más caro.

La segunda ‘mochileada’ de Josué fue de las más memorables. No solo porque recorrió Chile, Argentina, Brasil y Paraguay con USD 1 600, sino porque constató que las aventuras pueden derivar en momentos de tensión.

Exploraba las Torres del Paine, un parque nacional chileno, cuando fue detenido por haber encendido una cocina en un sitio no permitido. Estuvo preso dos días, arraigado por una semana y debió pagar una multa de USD 1 000 que juntó con ayuda de amigos y de su padre, Josué, quien vive en Barcelona.

Ese percance y la maestría significaron el reencuentro con su papá, a quien no había visto en 13 años. Hace poco, Josué llevó a su padre a un “viaje soñado” por Noruega. “Las montañas Trolltunga y Pulpit Rock estaban bien locas, pero mi papá aguantó bien el viaje”. Aunque la experiencia fue extraña, el circuito los unió.

En Europa, Josué ha encontrado una forma más organizada de ‘mochilear’. Hace reservas por Internet y se hospeda en sitios Airbnb.

Si el tiempo es corto toma un bus o tren por la noche y despierta en otro lugar. Para este fin de año el plan era Mónaco, Holanda y Bélgica. En unos meses irá a Rumania, Austria, República Checa y Turquía.

La faceta de viajero frecuente de Josué no lo aleja de sus afectos.Volverá a Quito por su familia y amigos; le encanta su país “a pesar de todo”. “Desde ahí puedo trabajar, sacar mi billete y volver las veces que sea a Europa o a cualquier lugar”.

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